Al amanecer

¿Seguro médico universal Orwelliano?

Se estima que unos 20 millones de estadounidenses tienen cobertura dentro del Acta de Acceso Asequible al Cuidado Médico, aprobado en 2010 durante la administración Obama, pero sólo el nueve por ciento de la población –unos 30 millones—carece de servicios de cuidados médicos en la nación norteamericana.

Los candidatos demócratas a la presidencia aseguran que quieren proveer a los ciudadanos un seguro médico universal para el cuidado de la salud. El problema es que entre ellos no se ponen de acuerdo para hacer realidad ese objetivo. El socialista Bernie Sanders, (Indep-Vermont), sugiere un plan mixto de Medicare para todos a otro pagado sólo para quienes tengan más de 50 años de edad.

En tanto, su colega, Pramila Jayapal (D-Washington) introdujo otro anteproyecto similar en la Cámara de Representantes, mientras los debates continúan en ese cuerpo y en el Senado norteamericano para reestructurar el actual sistema de servicios de salud pública en los Estados Unidos con otras propuestas entre las que se incluyen el Medicare for America, Medicare-X Choice Act y Medicare at 50 Act.

Incluso, el diario liberal The New York Times ha indicado que los planes demócratas para abolir el seguro médico y privado actual, conocido como Medicare, “podría ser profundamente perturbador” por lo inadecuado e inefectivo, incluso peor que todo lo que pretende sustituir del programa vigente pese a ser un sistema complejo, confuso, desordenado y propicio al fraude.

Todos los políticos coinciden en que es necesario mejorar el sistema. Lo que nadie sabe es cómo desarrollar uno integral que permita opciones más flexibles y tome en cuenta al paciente y a su bolsillo

La propuesta de Sanders, calificada por algunos como Orweliana, intentaría eliminar el Medicare conocido y lo sustituiría por otro único igual para todos. Es decir universal, administrado por el Gobierno federal. Además aboliría el seguro médico de los empleadores que al presente reciben 180 millones de estadounidenses. Dicha idea sería una sin precedentes en la historia moderna de los Estados Unidos además de eliminar el seguro médico privado.

A estas alturas lo que muchos se preguntan cuánto sería el costo de semejante reingeniería de los carísimos servicios y cuidados médicos en la nación. Según el liberal Instituto Urbano se estima que llegaría a siete mil billones de dólares, casi el doble del presupuesto federal actual. Con justa razón algunos observadores lo califican de seguro médico universal demócrata engañoso.

De eliminarse el Medicare actual en el Congreso, pretensión que dudamos se haga realidad en el escritorio del presidente Donald J. Trump en la Casa Blanca, se llevaría de paso a toda una industria de seguros privados de la que dependen unos 250 millones de estadounidenses con cobertura y la que genera miles de billones de dólares en ingresos de los fondos de pensiones, fondos mutuos y ahorros de jubilados.

Dicho cambio podría sacudir los cimientos del sistema de cuidado médico de los Estados Unidos, el cual constituye una quinta parte de la economía nacional traducida en hospitales, médicos, centros de cuidados de ancianos y empresas farmacéuticas, todos los cuales tendrían que adaptarse a un nuevo juego de reglas administrada por una mega burocracia. Los estadounidenses tendrían un nuevo asegurador: el gobierno federal y muchos de ellos podrían hallar sus acciones de seguro de salud en el sobresalto diario de la bolsa de valores en Wall Street.

El actual sistema de Medicare no es perfecto y tiene muchas deficiencias que podrían ser corregidas con genuina voluntad política. Incluso, algunos aseguran que la versión canadiense es mucho mejor, pero pasan por alto que en Canadá el Estado decide cuándo el ciudadano puede consultar a un médico, los medicamentos son más baratos, una larga lista de espera para un procedimiento invasivo, y si existe una condición grave, su vida está en juego ya que depende del criterio de burócratas estatales.

El problema medular en los Estados Unidos consiste en que los servicios de salud están secuestrados por las farmacéuticas y los intermediarios –clínicas, hospitales, médicos y seguros—quienes reciben una enorme tajada de esa industria multi millonaria y cuyos precios controlan a su antojo, pese a que el Estado tiene el deber moral de auxiliar a los más necesitados.

Todos los políticos coinciden en que es necesario mejorar el sistema. Lo que nadie sabe es cómo desarrollar uno integral que permita opciones más flexibles y tome en cuenta al paciente y a su bolsillo. Al menos, otra propuesta similar Republicana en el Congreso está más cerca de esta última realidad. Pero cuidado con los demócratas, les encanta disponer del dinero ajeno, sobre todo en la reforma de salud para el 2020.

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