Fervores

Pitcheos salvajes

Como sabe el promotor del disparado, Dong King, Thomas Hearns, tampoco fue entendido en su estilo de boxeo. Como dicen nuestros récords, Jean Claude Van Damme tampoco fue lo que Steven Seagal en el cine. Nadie está en capacidad de decir que el aire que tiene Steven Seagal para hacer sus películas es pertinente olvidarlo. Recordamos esa escena –con la gran capacidad discursiva de su movimiento en pantalla–, enfrentando a más de cuatro hombres y derrotándolos a todos.

Steven Seagal no tiene que ser entendido de manera sobria en la alfombra roja de la posteridad. Elegimos esta capacidad de invertir nuestro tiempo en alguna de sus películas (si, esto es una Fanta y un snack). No sé todavía si están en el servicio de streaming de esta época, Netflix (que fundamentalmente espera la entrada del proyecto de Disney). Por cierto, Sutherland ha estado soberbio, una capacidad que lo emparenta con un block de personalidad carismática en su papel en la serie Designated Suvirvor en el papel de Tom Kirkman. Al menos, quiero decirlo, Sutherland me cae bien como me cae bien un Ziffandel en medio de las más dura de las alergias. Vamos en una clase de zumba al ritmo de otro Ziffandel. Aquí, en Novocentro, chinas y japonesas se disponen a decir que en ella, la tipa con estilo de modelo –en verdad es una promotora con su cuerpo de cajón, mitad Penélope Cruz, mitad Venus de Milo–, hay una especie de talento que debería ser visto con los anteojos de un fanático de los Mets: con ternura y displicencia. Todo Ziffandel es una parte de una biblioteca, en alguna manera. Creemos en los hits (incluyendo Pour Some Sugar on Me). 

Kiefer Sutherland

La verdad es que cuando hitea los Cardenales de San Luis, muchos esperan que digan que han hecho bien, aunque el carreraje –como vemos en el compendio–, no sea demostrativo de un incremento del antislump del jugador, lo que significa que si a los Atléticos de Oakland le da con parar su ritmo –lo que implica concentración del jugador en su potencia–, entonces las apuestas de muchos aficionados caerían en la nada. Lo concebimos como cuando juegas el lotto y terminas rompiendo el paquete de jugadas, es decir, los tickets. Pero jugar la lotto no es algo extraño en nuestros países. Queremos saber cuándo intentaremos llegar a ser millonarios, quizás para comprar unos apartamentos o dedicarnos a la vida boyante en cualquier lugar del Caribe o del Mediterráneo. En todo caso, no es lo mismo irle a los Boston Red Sox que irle a Anhaeim, por cierto un equipo que en nada tiene de tonto la disposición de entrarle como a la conga a los pitcheos salvajes de los pitchers contrarios. Para un jugador que entiende como se producen los millones no es fácil que le encuentren una sustancia que permita que el bate no le dé bien a la bola –esto es, algo que suavize de tal forma el choque de la bola con el bate que no se pueda hacer buen contacto–, como cuando  encuentran corcho. Que vergüenza!

Nos pareció muy bueno el partido del Saint Germain o el partido de Boca contra River donde todo el mundo salió a la calle en lo que demostró el país argentino era una pelea sin cuartel. Las declaraciones de un líder –que tiene que fundarse en la diplomacia del deporte, ahora que hablamos de diplomacia–, tienen que ser producto de una meditación. Este es el aserto de no intentar caer en un problema sin asidero cuando se toman decisiones en las federaciones de cada país.

Es como cuando uno se queda en presencia de las manifestaciones más plausibles de los equipos de Grandes Ligas. Por un lado, no es cierto que el deporte del béisbol sea aburrido o que haya que acelerarlo. Tampoco es cierto que si uno acelera el bateador entonces tendremos mejor espectáculo. Sin embargo, no menos cierto es que el bateador no tiene que ver con imponerle un ritmo al pitcher en cada lanzamiento o con cantarle base por bola por un quítame esta paja (un movimiento causado por ver a la chica de la gorra que está en las graderías).

Como sabe Peter Gammons –y otros–, el arte de lanzar una bola lo adivinó con certeza Dennis Eckersley (y cien más). Podemos decir que el relevista tenía claro que el medio más propicio para disparar al plato era por debajo del hombro, lástima que se tuviera que retirar hace años. Hoy sabemos que el fútbol no es su vida sino el béisbol de las mayores. Lo mismo sucedió con Pedro Martínez, que no se puede desligar de su gran capacidad de entender la dinámica del pitcheo, algo que lo convierte en un sabio de la lomita. Recordamos su legado a las generaciones porvenir: un hombre decente y mejor pitcher de la curva y el slider, por ejemplo como Randy Johnson y John Smoltz también lo fueron. Martínez, como recordamos, tenía un devastador cambio en círculo y lanzaba a 95-97 millas por hora y un buen lanzamiento rápido, tan rápido que algunas veces el bateador no sabía dónde estaba. Todo con control. Qué Pedro! Sus lanzamientos eran de una validez objetiva y condujo, como hizo Sandy Koufax, el picheo a una ciencia y a un arte.

En el escenario actual, la política dominicana nos parece sacada de una victoria de Godzilla contra los enemigos. La participación es necesaria toda vez que el mundo de la política determinara todo: portafolios, ensayos y errores, inversiones y el mejoramiento de la economía. Como dicen los datos publicados por algunos organismos, estamos en espera de sostener todo el comercio de nuestra nación pero es necesario de disponer de una función que otros escatiman innecesaria pero que va más allá de los datos publicados por las calificadoras Moody’s y Fitch en los últimos años. Preferimos saber que las inversiones en campana no serán inútiles porque como dice alguien no se puede ser ingenuo en el sentido que tienen algunos de ver la política como un servicio de doble vía. Ya se sienten los aires de campaña y sabemos que algunos candidatos se maquillan para que les quiten unos cuantos añitos de las fotos.

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