Al amanecer

Ramfis y la venganza de Trujillo

La presencia de Ramfis Domínguez Trujillo en la realidad nacional se acrecienta con el paso de los días. No es un estribillo ni un lema de campaña. Su proselitismo, lento, sin ruidos pero seguro, se bifurca por los rincones de la nación. Su propuesta política va captando la atención en sectores marginados que desconocen la historia política del siglo pasado, y el rechazo de los conservadores aferrados al legado de sus intereses.

Nacido y criado en los Estados Unidos, “modelo 2019”, como suela afirmar, su carácter programático parece cimentarse en varios elementos: combate a la corrupción, encarcelar a los políticos corruptos, repatriar a miles de haitianos indocumentados sin violar sus derechos humanos, construir un muro en la frontera común, adecentar la justicia y la vida pública nacional, fomentar el patriotismo  y afianzar el estado de derecho con el cumplimiento fiel de las leyes en el marco de la democracia.

A grosso modo, ello constituye el anhelo de una gran mayoría de dominicanos agobiados por una serie de fracasos, decepciones y falta de voluntad por parte de los actores políticos –pasados y presentes– para solucionar desafíos de la vida nacional, tras el asesinato del dictador Rafael Leonidas Trujillo Molina hace casi 60 años, y con el estatus quo de las perennes siglas de los principales partidos: PLD, PRD, PRSC, percibidos por muchos como más de lo mismo en distintas modalidades.

Para el finado dictador y su familia, la mejor venganza frente a sus enemigos sería la hipotética victoria política y electoral de su nieto, Ramfis Domínguez Trujillo. Para el pueblo dominicano, ello podría constituir una encrucijada.

Ramfis Dominguez Trujillo puede ser calificado como un “outsider”, es decir, un extraño, recién llegado, desconocido, si se quiere un intruso en la vida política del país en la segunda década del siglo XXI, con el peso ineludible del apellido de su abuelo. Su ventaja ante los demás aspirantes es no estar embarrado, contaminado por el trapicheo del oro corrupto y corruptor en que los políticos de oficio han convertido la política vernácula. Sus virtudes, su historial individual y sus defectos están por verse.

Muchos no han puesto atención al mensaje y a la prédica del nieto de Trujillo. A estas alturas, estiman improbable –por no decir imposible—que llegue en buena lid a la primera magistratura del Estado. En unas elecciones libres de fraude, la voluntad popular de la mayoría puede arrojar sorpresas, si tomamos en cuenta qué o quiénes le respaldan en Nueva York, Miami, Madrid, San Juan, en la diáspora, y en otros rincones del país donde los dominicanos no olvidan quiénes son.

Hace poco, un humilde limpiabotas –de no más de 15 años, que trabaja de día y estudia de noche– realizaba su labor en la calle Independencia, de la ciudad de Mao, Valverde, cuando fue preguntado sobre el panorama político presente y futuro del país. Tras expresar su pesimismo por los políticos actuales, a quienes calificó de ladrones, afirmó convencido que “este país sólo lo arregla Ramfis Trujillo,” tras resaltar la cantidad de público que acude a sus periódicas reuniones políticas en la región.

Las simpatías hacia Ramfis Domínguez Trujillo y su proyecto de nación al parecer tienen el apoyo de un conocido millonario judío de Nueva York, de rabiosos simpatizantes en Miami, San Juan, Madrid y Santo Domingo, simpatías entre las filas en las Fuerzas Armadas –cuyos miembros no votan, pero sus familiares sí–, miles de jóvenes que no estudian ni trabajan; los “millenials” por la novedad radical no relativa, y una gran parte del electorado decepcionado con el sistema político y social imperante que entienden conduce a elegir a los mismos y ha preservar el estado de cosas.

Con esto de los “outsider” hay que ponerle cuidado. Ocurrió con Hugo Chávez en Venezuela y Vladimir Putin, en Rusia. Con el comediante Vladimir Zelensky, en Ucrania; Nayib Bukele, en El Salvador; Donald J. Trump en los Estados Unidos, y Mario Abdo Benítez, en Paraguay. Cuando ellos logran capitalizar el sentir nacional, galvanizar un deseo innato por el cambio, eliminar con el golpe de un voto libre todo lo que un sistema representa en términos de corrupción, podredumbre, inequidad, inmoralidad, desigualdad e injusticia, el resultado es previsible.

¿Están dadas las condiciones políticas y sociales para el surgimiento de un “outsider” en el país? La oposición fragmentada y las mismas caras del pasado, un partido político desgastado con 20 años en el poder y enfrascado en una lucha interna y generacional entre sus principales dirigentes, líderes “grises”, la ausencia de nuevas propuestas, el incremento del populismo, el debate entre dictadura y democracia, el vacío de liderazgo y el fantasma de la reelección acechan a la vuelta del próximo torneo electoral del 2020.

Para el finado dictador y su familia, la mejor venganza frente a sus enemigos sería la hipotética victoria política y electoral de su nieto, Ramfis Domínguez Trujillo. Para el pueblo dominicano, ello podría constituir una encrucijada. Un antes y un después. Un dilema entre el autoritarismo del pasado bicéfalo y el actual estado degenerado de cosas. Para otros, el retorno circular de la historia. Eliminar de paso la generación de usurpadores que han convertido la política dominicana en un lodazal, en una jungla llena de fieras y de “trujillitos.”

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