Observaciones e ideas

El proceso histórico que corresponde al PLD

Al Partido de la Liberación Dominicana (PLD) le corresponde—además de todas las reformas y avances que ha conseguido para el país—el legarnos un sistema político normal, equilibrado y con alternativa democrática sensata.

Alternativa democrática. Una alternativa es un enunciado compuesto por dos o más opciones. Para que haya alternancia democrática en un sistema político debe existir alternativa. En nuestro país hoy en día no existe alternativa; está sólo el PLD y más allá está, básicamente la locura y el desorden del conjunto de grupos que encarnan lo que nosotros llamamos oposición; grupos que no son opción idónea ni sana para asumir el poder.

Junto al galopante progreso económico que nos está legando el PLD, cosa buena sería que también nos legara otra opción sensata que nos sirviera de alternativa al mismo PLD: un partido de oposición dotado de los mismos atributos organizativos del PLD, pero enfrentado al PLD por el poder. De ningún otro lugar puede salir esa opción “alternativa” al PLD que del mismo PLD, casi sacado desde sus costillas.

El único escenario en que esto pudiese ser posible es luego de una escisión o división del PLD en dos partidos distintos y contrarios. Eso nos daría el equilibrio que tan desesperadamente necesita la política dominicana

Pues mirando ampliamente el panorama, todo lo demás en política dominicana son equipos caducados que no tienen la capacidad para responder ni a la política, ni a los desafíos actuales, por no decir que su intervención en el Estado suele ser catastrófica.

El conflicto Leonel-Danilo parece hacer ver que se asoma la posibilidad de una escisión definitiva en el PLD. Lejos de considerar aquello como una tragedia esto, sin embargo, visto desde un punto de vista amplio es justo lo que necesita República Dominicana.

La realidad histórica de la República Dominicana vista en perspectiva nos hace desear un orden político en el que existan dos partidos u opciones sensatas y más que nada aptas para administrar la cosa pública con un margen razonable de eficacia, amén de la corrupción y los peajes que son casi inherentes a nuestra cultura política. El único escenario en que esto pudiese ser posible es luego de una escisión o división del PLD en dos partidos distintos y contrarios. Eso nos daría el equilibrio que tan desesperadamente necesita la política dominicana.

Todos los grandes partidos—incluida parte de las entidades caducadas de la oposición—que hay en la República Dominicana cuentan o han contado con un presidente del país. Tanto Leonel Fernández como Danilo Medina son completamente aptos para liderar tanto el PLD en solitario como para fundar una nueva fuerza política que compita en capacidad o aptitud con el PLD, y más que nada el país necesita que eso suceda. Y no solamente que puede suceder, sino que debe suceder.

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