El país atrapado por el “Vae Victis” de Danilo a Leonel

Breno, guerrero galo invadió  Roma en el Siglo IV a.C. Saqueó y tomó la ciudad, exceptuando el Capitolio. Los romanos firmaron la paz con un pacto humillante, comprometiéndose a pagar un tributo de mil libras de oro. Codicioso, Breno amañó las pesas de medir oro en la balanza. Los romanos rechazaron el fraude, exigiendo pesas justas. Arrogantemente Breno arrojó su espada sobre las pesas diciendo: “¡Vae Victis!”… “¡Ay de los vencidos!”, lo tomas o lo dejas, simbolizando el maltrato de vencedores  a vencidos.

“Vae Victis” y “Paz Cartaginesa” prevalecieron en la avasallante derrota infligida por Danilo a Leonel, imponiendo la “Justicia del Vencedor”, en la sempiterna sesión del Comité Central, donde Leonel se retractó de sus infinitos planteamientos doctrinarios  contra primarias abiertas. Danilo podría confundirse creyendo que su triunfo es definitivo, pero “la Paz Cartaginesa no elimina las causas del conflicto y pretende sólo ser una pausa en su desarrollo, que se considera inevitable”. Habría lucha interna si Danilo proclama su reelección en marzo y Leonel decide no entregarse nuevamente y pelear, imitando al valiente Marco Furio Camilo.

En  “Vidas Paralelas”, Plutarco parangona a Temístocles y Camilo,  que estaba autoexiliado, mientras  Breno saqueaba  Roma. Camilo fue  injustamente acusado de no distribuir bien el botín de una victoriosa batalla. Desde su exilio voluntario rogó a los dioses que si los romanos estuvieron equivocados al acusarlo, su ingrato país pronto lo necesitara. Así ocurrió.

Los romanos, sitiados en el Capitolio, enviaron un mensaje ofreciéndole ser dictador para combatir  los saqueadores galos, pero Camilo exigió  una “lex curiata”, para que el pueblo ratificara su cargo. Aceptaron su petición y Camilo preparó su ejército. Sorprendió a los galos y  enfrentó personalmente a Breno diciéndole que ningún pacto tenía validez sin contar con su aprobación, como dictador de Roma, que los romanos no pagarían el rescate previamente acordado de mil libras de oro. Ordenó a los romanos recoger el oro  de la balanza, que les pertenecía y, desafiante, dijo  a Breno: “Non auro sed ferro recuperanda est Patria”, “Es con el hierro, no con oro, como se libera la patria”. De inmediato derrotó aplastantemente a los galos y entró triunfante a la ciudad siendo ungido “Alter Romulos, Pater Patriacal, Conditor Alter Urbis”, “El Otro Rómulo, Padre de la Patria y Segundo Fundador de la Ciudad”.

Habiéndose  autoungido como único e irrepetible conceptualizador, sus seguidores esperan que Leonel decida reinvindicarse, para prodigarle en la Casa Nacional, victorioso, honores similares a los que Roma  rindió, merecidamente, a Camilo. Para ello  Leonel tendría que pelear defendiendo su anhelada candidatura,  derrotando al Breno dominante del PLD, Danilo Medina, impidiéndole que vuelva a reelegirse, so pena  de ser destruido políticamente, repitiendo la máxima ignominiosa ¡Ay de los Vencidos!

La pasividad  inicial de Leonel pudo basarse en un principio pocas  veces eficaz: paz aunque sea a costa de la candidatura. Similar actitud vacilante provocó la Segunda Guerra Mundial. Los aliados, vergonzantemente arrepentidos de las cláusulas humillantes impuestas a Alemania con el “Pacto de Versalles”, formularon y aplicaron una política diametralmente opuesta a la “Paz Cartaginesa” de la Primera Guerra y, sumisamente, aceptaron que Hitler cometiera, a la vista de todos, sus devoradores y nada disimulados pecados. Mediante el pusilánime  “Pacto de Múnich” concedieron  los sudetes de Checoslovaquia a Hitler, porque allí hablaban Alemán, sin  los checos ser parte de ese oprobioso acuerdo. Procuraron, infructuosamente, la paz. Luego de tomar los sudetes Hitler invadió a Polonia, iniciándose la contienda. Churchill estigmatizó al Primer Ministro Británico Chamberlain, actor clave en Múnich: “Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra… elegisteis el deshonor y ahora tendréis la guerra”. 

¿Actuará  Leonel como Camilo, heroicamente, o miedosamente como Chamberlain, aplazando sus aspiraciones para el 2024, dejándose guiar  por  Kissinger?: “… la posición negociadora de los vencedores siempre disminuye con el tiempo…”  ¿Volverá  Leonel a dar  marcha atrás, siguiendo a  Erasmo de Rotterdam?: “La paz más desventajosa es mejor que la guerra más justa”.

Desasosiego angustioso prevalece mientras vence el plazo para Danilo cumplir su promesa de pronunciarse en marzo sobre su nueva reelección. ¿Danilo y Leonel  le darán vigencia a  “La Silla del  Águila” de Carlos Fuentes?: “Si perdonas al que te hizo mal, tus enemigos se darán cuenta y duplicarán el mal que puedan hacerte”. El continuismo se bate en retirada. Buteflika retiró su candidatura para una nueva reelección.

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