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“El domingo que viene”, libro de Tony-Lulú- Rodríguez

“El domingo que viene” (2018), es el primer libro de cuentos de Tony-“Lulú”-Rodríguez. Se trata de una obra, donde el autor plasma el ambiente cotidiano que acontece dentro de un contexto provinciano, desde un narrar que se encubre de ironía y humor. Veamos:

“Tannnnnn. Los dos boxeadores tomaron pose de verdaderos profesionales, asintiendo positivamente con la cabeza a las advertencias de Suggy, que fungía como juez. La baranda se viró de inmediato, manifestando su entusiasmo por su boxeador mimado, alentándolo con un coro, que hacía titiritar las estrellas que disfrutaban la pelea a través del cielo sin techo, de la cancha “Jorge Noboa”, transformada en coliseo”.

“¡¡ Chiga Campeón!!”
¡Javielo se judió!
¡Chiga Campeón!
¡Javielo se judio!”
(p.41).

La escena bullanguera y pueblerina es recogida en una narrativa salpicada de tonalidades irónicas , donde lo absurdo contrasta con una lujuriosa y golopante realidad provinciana, dominada por soñadas esperanzas.

Se trata de una prosa fluida…desde la cual, el que narra, va trillando los hechos, dándoles sentido a un decir que brota desde la participación protagónica del personaje narrador en cada relato. El sujeto narrador actúa como un personaje omnisciente, dentro de la escena. Conoce y domina el accionar de sus personajes y se involucra en la movilidad de sus rutinas vitales:

” Entre tanto jolgorio, había una figura que se mantenía impávida, sin inmiscuirse en los relatos que se suscitaban previo al inicio formal de la siembra: Ese era Don Regalao, quien había llevado su propia azada, y seleccionó él mismo al “personal” que lo seguiría como regadores y tapadores”.
Y a ritmo de “porái, María se va”, arrancó el convite:

“Una vieja se cayó
“-porái María se va”
De arribuna materrulo
-porái María se va”
y el viejo que tababajo
-poráis María se va
La agarró fuerte puerrculo”.
(p.59).

La picardía pueblerina circunda el ensueño, el trabajo en convites y en tonadas grupales, en busca de la subsistencia desde la labranza de la tierra. Es el hacer del campo y sus rituales lo que subyace en este narrar. Es el contar del vivir convertido en memoria de la existencia, propia de un Sur, al cual nunca le llega su hora…y se mantiene rodeado de promesas sepultadas por la politiquería y el olvido.

Con esta obra de “Tony Lulú”, el trabajo narrativo de nuestro Ángel Hernández Acosta (Quinito), encuentra una válida herencia que ha de consolidar y ensanchar la sostenida tradición literaria de nuestro Neiba

El narrador es parte de la vivencia narrada. Lo narrado es parte de lo vivido por quien cuenta lo que acontece. Entonces…escenas, contextos y situaciones y dialogías, son tan nuestras que brotan o fluyen en cada esquina de nuestros barrios, convertidas en epopeyas de un “Buquí y Malí” o de algún “Munano” cualquiera. Y es que… aquí…el decir narrativo es un decir de vivencia, donde interactúan sujetos que conviven o convivieron con nosotros…Entonces, aquí…narrar y vivir son fundamentos vitales de un mismo correlato discursivo.

Cada situación relatada aquí es abordada desde la mirada del testigo que vive y que vivió lo dicho o lo escuchado, dentro de lo vivido. Es la experiencia de la infancia que corre en estos relatos, dejando al desnudo la huella de una niñez de corridas del “pegate y el agachao”, cuando los vacases salían por las noches, bajando sin treguas de las Lomas de “Panzo”, “Majagual Cenizo” o “Los Guineos”, convertidos en cómicos fantasmas, residentes en aquel cementerio…cerca…muy cerca de la “Tina de Aná”.

Esta es una obra que recoge estampas que parecen surgir del ambiente surrealista de un Sur, como el nuestro, un Sur indecible, increíble y simbiótica. Cada uno de los veinte (20) cuentos recogidos aquí, dejan brotar acciones de personajes propios de nuestros caminos, lomas, calles y callejones, para situar nuestros rostros en sus espejos y mirarnos en sus ocurrencias y realidades repletas de humor, detrás del estallido de la risa. Son nuestros personajes populares y vernáculos que los que posan aquí, convertidos en sujetos actuantes, vestidos de payasos y bufones provocadores de risas, por encima de su llanto.

Leo está obra y me transporto a cada uno de los barrios provincianos de Neiba y escucho los gestos y las voces de sus personajes, en broma y en serio, salpicando de sátira e ironía nuestro vivir. veamos:

“En menos de dos horas ya los Figueres consiguieron su entretención para el rato, a té y café gratis, y de paso ayudar a la familia con el peso de la mala noche, reuniéndose frente a la casa, como era de costumbre, para cantarle al muertico, una pieza de moda en esos momentos infanto-funerarios”. (p.70).

El folklore y las tonadas populares de velorios y rezos son retomadas en estos cuentos, como un relicario de conservación de nuestras costumbres y tradiciones magico-religiosas, así como coplas que recogen el morbo de nuestro imaginario, como sociedad del trópico caribeño:

“Las muchachitas de ahora.
Pindó mamá pindó
Son como el palo podría
Pindó mamá pindó

Desde que se ven teticas
Pindó mamá pindó
Mamá yo quiero marío
Pindó mamá pindó (Pp.70-71).

Cada personaje que entra en el discurrir narrativo de esta obra, pisotear o ha pisoteado los patios y las aceras de nuestros barrios y, al igual que “Currapo”, nos ha sabido hacer desbordar en risa y llanto con su vivir y con su forma de ser y de existir. Ellos, los protagonistas actuabtes en estos cuentos, sin partes de nosotros, los lectores, y, desde ellos, nos introducimos en esta obra, su obra, para olvidar su posible muerte, y, en la alegría, seguir viviendo.

Son ocurrencias que traspasan la ficción, para convertirse en una estampa del tabardillo tropical sureño, pintando de carcajadas la agonía profunda de su realidad, o mejor dicho, de nuestra realidad. He aquí el folklore y el carnaval provinciano, espantando el sueño de unos lectores que nos miramos a sí mismos en cada imagen humana que aquí se dice o se narra. Desde este discurso narrativo, no se sabe quién se ríe de quién, sí ellos, los personajes, se ríen de nosotros o nosotros de ellos. La verdad es que en este narrar, la risa es el más activo sujeto actuante que estalla en burla o en mofa frente al caos, sin esperar que llegue “el domingo que viene”.

Con esta obra de “Tony Lulú”, el trabajo narrativo de nuestro Ángel Hernández Acosta (Quinito), encuentra una válida herencia que ha de consolidar y ensanchar la sostenida tradición literaria de nuestro Neiba, tal y como lo ha hecho el también autor neibero, Fernando Fernández, dejándonos una discursividad narrativa que nos sitúa, desde los sentidos estéticos de la lengua, frente a nuestras identidades, como nación.

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