Opinión

Trujillo y los demonios que lo rodeaban: inexplorado material para la literatura

Hace algún tiempo escribí que la llamada era de Trujillo todavía no había sido explotada en toda su magnitud en el ámbito literario. 

Hay episodios inexplorados con un gran potencial no sólo para la Historia y sus tradicionales referentes, sino para la ficción histórica y la ficción misma como materia prima de la novela o del arte de novelar que no es más que inventar un relato ficticio o de falsa verdad, con una sustancia verosímil. O como ha dicho en diversas ocasiones Mario Vargas Llosa, una gran mentira que debe parecer verdad.

No es cierto lo que tradicionalmente ha dicho un segmento de la intelectualidad dominicana de que la novela criolla se ha saturado con el tema Trujillo.

La riqueza de temas sensibles de esa esa etapa nefasta de la vida dominicana, tiene mucha tela por donde cortar para tramas, historias y densidades donde los temas del odio, el amor irredento, la violencia de género, sulfuran y buscan un autor que los coloque en el contexto de la reflexión para que, por ejemplo, tantas canalladas no vuelvan a repetirse en el acervo político nacional.

Todavía no se ha exprimido el jugo a esa etapa terrible de la historia dominicana. Hay capítulos negros de esa época que tienen que ver con la etapa final de la dictadura, cuando se recrudecieron los métodos criminales y abusivos del Servicio de Inteligencia Militar (SIM), bajo la dirección del jefe de asesinos del régimen conocido como Johnny Abbes García. Esto, valga referir el último escrito de Tony Raful, quien afirma que Abbes todavía está vivo.

El inefable Johnny Abbes García forja un personaje de múltiples rostros y de quien hay testimonios era la recreación más palpable de lo siniestro. Sólo con lo que fue el SIM, la policía secreta del Trujillato y las anécdotas estremecedoras que se cuentan, los perseguidos, los torturados y las tropelías de todo tipo. De igual modo, el perfil de truhán y gánster que fue cronista deportivo y protagonizó episodios de funesta degradación, como el atentado de Rómulo Betancourt en Venezuela, con un estallido explosivo de su automóvil que por poco le cuesta la vida al presidente demócrata de la nación sudamericana.

También hay que anotar todo lo relativo a su muerte en Haití. Buscar la parte posdictadura de Trujillo, cuando fue contratado por el dictador haitiano Jean Claude Duvalier (Papa Doc), a quien posteriormente traicionó y contra quien, según la tradición histórica, conspiró, muriendo después incinerado por los esbirros del régimen haitiano.

Ese y otros episodios constituyen una parte inédita e inexplorada por literatos que, quizá por no remover arenas movedizas aún hoy sensibles, no se han atrevido a esculcar esa parte de la historia.

Hay, en ese contexto, episodios de los llamados 12 años del régimen de Joaquín Balaguer, ricos en acontecimientos para la creación literaria que van desde las muertes, los atentados contra desafectos y una urdimbre tan larga que hoy puede ser de utilidad para los formadores del quehacer literario.

La Literatura no debe limitarse ni ser pretendidamente limitada por temas que instiguen a revivir el pasado. La era de Trujillo (1930-1961) es una realidad trepidante que todavía se retuerce en el alma de muchas familias que perdieron a seres queridos, hombres y mujeres que como las hermanas Mirabal  fueron asesinadas por una horda de perversos que las inmortalizaron y las hicieron iconos de las libertades más sublimes del hombre y la mujer.

Sólo Julia Álvarez ha hecho una fotografía de este episodio, con una novela inmejorable, titulada En el tiempo de las mariposas. Pero nadie ha escrutado la vida del sicario que materializó la matanza, quien a la sazón, era el jefe del Servicio de Inteligencia Militar de la época. Nadie ha buscado escabullirse en los entresijos de esa parte de la historia, con un valor extraordinario para el novelar.

Hay otras figuras en esa plataforma de personajes inverosímiles que forjaban el entorno de los Trujillo: Joaquín Balaguer, con un papel estelar en La Fiesta del Chivo de Mario Vargas Llosa y la de mi autoría del  2012, ¿Dónde está Johnny Lupano? En ese libro logré una trama en la que confluyeron personajes reales o caracterizaciones de personajes reales y personajes ficticios como el letritas Johnny Lupano y la cantante Isabel Gutiérrez.

La novela ¿Dónde está Johnny Lupano?, recoge la atmósfera mortificante de esa parte final de una de las dictaduras más cruentas y crueles de la América Latina de mediados del siglo XX. Se asume esa fotografía a blanco y negro de lo que fue la sangre, la lágrima colectiva de miles de madres que debieron vivir en un ambiente donde les asesinaban a lo más querido de sus seres; donde las trapisondas de unos hermanos energúmenos y enfermos de poder, desollaba la sensibilidad humana, con islas de poder, prisiones familiares privadas y toda la ordalía infernal que solo cabe expresar en una imaginación calenturienta por lo increíble de lo que acontecía. Contra eso se enfrentó una pareja de artistas que vivieron el terror del asedio y el hostigamiento.

Cabe destacar una amplia plataforma de personajes dignos de novelar sus vidas y encorsetarlas en las aguas tibias de la narrativa, para provocar tramas atractivas y cito: la difusa vida de Ramfis Trujillo, de quien el progenitor desdecía por su falta de carácter y por asesinar en medio de tragos a los matadores del Chivo.

También la arista del play boy Porfirio Rubirosa, que antes de convertirse en un gigoló que tuvo en sus brazos a actrices famosas de la época como Zsa Zsa Gabor, y de convertirse en un espía del tirano en otras naciones, amante del rugby y miembro de la más selecta sociedad, corredor de autos deportivos, dio agua de beber a Trujillo cuando conquistó al tesoro más preciado del campeón del anticomunismo y Padre de la Patria Nueva, Flor de Oro Trujillo.

¿Se habrá dado cuenta alguien de lo fascinante para el novelista que resulta que Porfirio Rubirosa muriera en un accidente automovilístico? O que Ramfis Trujillo dilapidara una fortuna mientras intentaba insertarse en la academia militar de Estados Unidos, en una de las más apremiantes frustraciones del padre.

¿No es fascinante explorar si ciertamente Ramfis era hijo carnal de Trujillo?

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