En Primera Fila

Un país exportador

Convertirnos en tal, dejando de ser un país fundamentalmente importador, es la meta de los industriales dominicanos, cuya máxima representación compareció en el Almuerzo Semanal del Grupo de Comunicación Corripio, que modera el destacado periodista Juan Bolívar Díaz.

Encabezados por el nuevo presidente de la AIRD, Celso J. Marranzini y su vicepresidenta ejecutiva Circe Almánzar, en el encuentro participaron también Julio Brache, vicepresidente de la entidad; Juan Ventura, por la región norte; Bredyg Disla, presidenta de Asociación de Industrias de Haina-Región Sur; Luis Concepción, quien preside la Asociación de Exportadores y Fernando Espinal de INFADOM.

Aumentar las exportaciones es una vieja aspiración del sector industrial dominicano.  Por años, las importaciones han dominado nuestro comercio exterior superando con mucho la colocación de nuestros productos en el mercado internacional.  Mientras aquellas han crecido a ritmo vertiginoso, las exportaciones lo han hecho a paso muy moderado, superando penosamente apenas el pasado 2018 la meta de los diez mil millones de dólares anuales, gracias principalmente a las zonas francas  y la venta de oro y otros minerales que son renglones perecibles.

El resultado es que salvo en el caso de Haití, donde registramos un apreciable superávit y quizás en muy ligera medida en algún otro caso, en prácticamente todos los demás países con los que comerciamos, registramos una balanza desfavorable.  La consecuencia es que de año en año hemos ido acumulando un apreciable déficit de muchos miles de millones de dólares, a todas luces insostenible en el tiempo.  Los dos casos más significativos corresponden a nuestro comercio con los Estados Unidos y China Continental, las dos grandes potencias del mercado internacional.

En el primer caso, a partir de la firma del DR-CAFTA los términos de la balanza que hasta entonces presentaba un moderado saldo a favor del país se invirtieron de forma significativa en contra nuestra, con un déficit que ya acumula posiblemente más de veinte mil millones de dólares, y que tenderá a aumentar en la medida en que continúen desgravándose progresivamente las importaciones procedentes de los Estados Unidos que entrarían al país libres de aranceles. 

Es una situación que preocupa y lesiona de manera especial al sector agropecuario, al plantearle una competencia en términos ruinosos que llevar a su desaparición, y por consiguiente amenazar seriamente la meta de garantizar la Soberanía y Seguridad Alimentaria del pueblo dominicano, que quedaría peligrosamente cautiva de las importaciones.

En cuanto al gigante asiático, hasta ahora los términos de intercambio no han podido resultar más desfavorables, por cuanto se encuentra en relación negativa de trece a uno.  Es decir que por cada dólar que le vendemos estamos comprándole trece.  Si bien con el establecimiento de relaciones diplomáticas con su gobierno, se abre la posible brecha de que podamos aumentar nuestras ventas a China luce muy reducida la cantidad de artículos que podamos ofrecer para tratar de reducir, ¡imposible nivelar¡, la negativa balanza comercial, sin que por otra parte podamos cifrar esa posibilidad en el recibo de turistas chinos en cantidad suficiente.

¿Qué se necesita para aumentar las exportaciones?  Los industriales han sido muy categóricos en reclamar  una y otra vez el marco no de privilegios sino de incentivos y facilidades de que les permitan acceder al mercado internacional en condiciones competitivas.  Estas están basadas en cuatro factores esenciales: precio, calidad, cumplimiento y  suministro confiable.  (Ojo: imposible pensar en crear mercados estables a base de excedentes.  Hay que producir para exportar de manera estable).

Hasta ahora las condiciones han sido adversas y desfavorables para que los industriales dominicanos puedan cumplir a cabalidad con esos requisitos.  Impuestos, obstáculos y retrasos burocráticos, altos fletes terrestres y marítimos, energía cara e irregular, cierre de los puertos por  huelgas de transportistas y  otros factores adversos han obstaculizado el camino para poder convertirnos en un país exportador.

El gobierno ahora está enviando algunas señales de que comprende a cabalidad el problema y está en disposición de contribuir a superar esas trabas.  La creación de Pro-Competitividad, poniendo al frente a un  joven y capacitado profesional que como Rafael Paz conoce a cabalidad las necesidades del empresariado, ya ha comenzado a dar sus frutos. 

Esperemos que a partir de ahora la situación de un vuelco, y que una firme alianza entre el Gobierno y el sector industrial abra nuevas  y favorables perspectivas que permitan, al menos, poder nivelar la balanza de nuestro comercio exterior. 

Ya eso solo de por sí resultaría un gran paso de avance.

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