Al amanecer

¿Qué pasará en Venezuela?

La pregunta ronda como fantasma entre analistas por los cuatro rincones del planeta. Nadie afirma a ciencia cierta lo que depara el destino a Venezuela. Los hechos se complican en la tragedia política, ideológica, económica y social que abate a ese sufrido pueblo desde que el Chavismo se apropió de él hace casi 20 años, para ahora navegar en caída libre en las manos del exchofer de guagua y ahora dictador, Nicolás Maduro Moros.

En los centros de poder, Washington, Moscú Nueva York, La Habana, Bogotá, Brasilia, Londres, París, Madrid y Bonn, se barajan cartas estratégicas de largo alcance. Algunos presuponen que la salida a la crisis en Venezuela pasa por necesidad por misiles inteligentes y golpes quirúrgicos a puntos de mando y control militar en ese país, ahora con dos presidentes: uno reconocido por la vía constitucional, Juan Guaidó; y otro no reconocido, calificado como usurpador, pero con el control del poder militar, de fuego y sin legitimidad internacional.

Mientras otros apuestan a una salida negociada, por medio del diálogo que nunca termina a medida que se agudiza la realidad interna: hambre, escasez, penurias, división, maldad, ríos de sangre y muerte, intereses de gobiernos extranjeros como China, Rusia, Irán, Cuba y Turquía, intentan salvaguardar sus intereses a toda costa, con Maduro o sin él, millones de venezolanos dentro y fuera buscan evadir la realidad en virtud de la creciente hambruna e incertidumbre.

El chavismo se desintegra con el auge cada vez más de voces disidentes, civiles y militares, que califican al régimen de Maduro como una empresa criminal que saquea las reservas naturales del país y se inclina a destruir toda institución independiente para consolidar su control absoluto

Lo ocurrido el pasado 23 de febrero en la frontera colombo-venezolana, de 2,219 kilómetros de largo, con el intento de entrega de ayuda humanitaria internacional a través de los puentes Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander, ha sido sólo una muestra fehaciente de lo que es capaz de acometer una dictadura militar que se siente acorralada y que apela a turbas paramilitares, renegados de las FARC, narcotraficantes y sicarios impunes apoyados por efectivos de la policía y la guardia nacional para agredir y asesinar a sus propios ciudadanos.

La OEA ha cumplido su papel, por voz de su secretario general, de denunciar y exponer desde hace tiempo la podredumbre de un régimen que no respeta derecho alguno. Y el Consejo de Seguridad de la ONU –a instancia de los Estados Unidos—se propone analizar la situación a la luz de las violaciones cometidas por el régimen de Maduro al protocolo de Ginebra sobre la destrucción de ayuda humanitaria destinada a pueblos en estado de calamidad pública.

Los fanáticos del socialismo del siglo XXI alegan que se trata de un conflicto de élites oscuras globales detrás del petróleo, el oro y los diamantes, más que de democracia, justo cuando la realidad parece desmentir todo intento ideológico para justificar un desastre de grandes proporciones en un país una vez considerado vitrina de la débil y tolerante democracia.

Los síntomas del colapso de Venezuela como estado viable ya son más que palpables: el 90 por ciento de los hospitales carece de agua potable; no hay medicamentos disponibles para pacientes con condiciones críticas; 2-millones-400-mil venezolanos se han marchado; PDVSA –la única fuente de ingreso legal del régimen–, está quebrada; entre cinco a siete millones de personas recibe migajas del gobierno; aumentan las deserciones dentro de las fuerzas armadas y se incrementa un bloqueo interno inhumano a toda asistencia originada en los Estados Unidos.

La popularidad del régimen, ahora sin Chávez, Fidel, no supera el 20 por ciento. La población se divide entre quienes creen que aún se puede salvar algo de los ideales de los difuntos y los leales a la narrativa radical y numantina de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, espoleada desde La Habana por la inteligencia cubana y sus miles de agentes en Venezuela. A ello se suman los planes de los terrorismos de Hezbolá, ISIS, iraníes, libaneses y otros “amigos internacionalistas” enemigos declarados de Washington y la amenaza que ello implica para el hemisferio occidental.

Ese “socialismo” ha fracasado en todos los lugares donde ha sido impuesto por la fuerza, eliminando de paso los medios de producción privados, censurando a la prensa y neutralizando los derechos individuales, además de intimidar a sus críticos con la fábula de la guerra popular que nunca concluye, mientras las élites ideológicas y sus adláteres disfrutan las mieles del capitalismo estatal totalitario con la farsa de la liberación de los pobres y el combate al imperialismo.

El chavismo se desintegra con el auge cada vez más de voces disidentes, civiles y militares, que califican al régimen de Maduro como una empresa criminal que saquea las reservas naturales del país y se inclina a destruir toda institución independiente para consolidar su control absoluto, por lo que aumenta cada vez más entre ellos su respaldo al presidente encargado y un posible gobierno de transición que culmine en elecciones libres. ¿Qué pasará en Venezuela? Las cartas están echadas y todo parece sugerir que los días del dictador, más tarde o más temprano, están contados. Con plomo o sin ello…

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