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Los partidos y las iglesias: barriles sin fondo

En la República Dominicana muchos quieren vivir del Estado, pero hay dos instituciones que han logrado el mayor subsidio público: los partidos políticos y las iglesias (los empresarios se benefician fundamentalmente de las exenciones).

Los partidos políticos tienen su partida específica establecida en el Presupuesto Nacional, con más dinero en años electorales. Ahora con las primarias, buscan que el Gobierno las financie con 1,249 millones de pesos este año.

¿Para qué? Para armar un circo a nivel nacional donde muchos políticos, la inmensa mayoría sin posibilidad de ser electos, se diviertan en base a proyectar poder, cortesía de los impuestos que paga el pueblo.

Es decir, encima de que reciben financiamiento público para sus actividades regulares y campañas electorales, los partidos también quieren financiamiento especial para las primarias, aunque cuando se aprobó la Ley de Partidos se especificó que las organizaciones políticas asumirían los costos con el dinero que reciben del Presupuesto Nacional.

El Estado, con dinero del pueblo, financia ese sectarismo, en vez de destinar esos recursos para ofrecer servicios universales de calidad a la población

A esto hay que agregar que los partidos en el poder (grandes y pequeños) se benefician también porque sus dirigentes, militantes y simpatizantes ocupan muchos cargos en el Estado y reciben contratos en el sector público. Es lo que en el argot popular se llama “estar en la papa”.

Mientras todo eso sucede del lado de los partidos, el Ministerio de Educación acaba de firmar un acuerdo con la Confederación Dominicana de Unidad Evangélica (CODUE) para que las escuelas evangélicas pasen al sector público.

¿Qué quiere decir esto? Que esas escuelas mantendrán su misión religiosa intacta, pero los costos, entre ellos el pago de maestros, serán asumidos por el Gobierno. Ya antes se había firmado el mismo acuerdo con la iglesia católica (esto se aplica a las escuelas religiosas que sirven a sectores menos pudientes).

Además, en la República Dominicana la inmensa mayoría de las iglesias las construye el Gobierno, son parte de las obras del Estado, cuando se supone que las iglesias son autónomas y deberían ser financiadas por sus feligreses.

¡Aquí no! Todas las iglesias entran en la tómbola de beneficiarias del Estado. Esto incluye no solo la construcción de iglesias y ahora las escuelas de denominación religiosa que sirven a los sectores de menores ingresos, sino también subsidios a los colegios privados religiosos que se constituyen como organizaciones sin fines de lucro, subsidios a las instituciones sociales que dirigen religiosos, reparaciones de edificaciones, construcción de obispados, donaciones de terrenos y edificios públicos, etc.

Antes el monopolio del financiamiento religioso lo tenía la iglesia católica. Ahora se benefician también las iglesias evangélicas que tienen un ritmo de crecimiento, cuando la católica disminuye.

Mientras la educación del país es deficitaria, los servicios de salud por igual, el acceso a la vivienda digna precario, la disponibilidad de agua potable limitada, y el transporte público ineficaz, los partidos políticos y las iglesias se llevan una tajada importante de los recursos públicos.

Ojo: tanto los partidos políticos como las iglesias operan de manera sectaria: cada uno se cree y se proyecta como portador del bien. Con ese argumento, los partidos luchan entre ellos por conquistar adeptos, e igual hacen las iglesias.

Esto significa que el Estado, con dinero del pueblo, financia ese sectarismo, en vez de destinar esos recursos para ofrecer servicios universales de calidad a la población.

El clientelismo es el elemento articulador de la relación Estado-sociedad en la República Dominicana. Los partidos políticos y las iglesias son importantes beneficiarios de ese sistema. ¡Todo en nombre del bien y el miedo al mal!

Artículo publicado en el periódico HOY

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