En la cosa

Cómo nos afecta el discurso de Trump

En su presentación anual ante el Congreso sobre el Estado de la Unión el presidente Trump citó varios proyectos que, de convertirse en ley, perjudicarían a los dominicanos residentes tanto en Estados Unidos como en el país, y muy pocos que serían beneficiosos.

Al plantear, otra vez, una reforma a las leyes migratorias que buscaría reducir la inmigración ilegal, reiteró que los asesinatos son mayormente culpa de inmigrantes ilegales hispanos, cuando las estadísticas muestran que más ciudadanos americanos, portadores de armas fácilmente obtenibles, son responsables de los mismos y también insistió en que la droga la transportan inmigrantes ilegales hispanos cuando ya se sabe que las drogas sintéticas opioides son producidas en fábricas ubicadas en Estados Unidos y también traídas desde China. Alertó sobre la caravana de inmigrantes ilegales centroamericanos que se está organizando, sin citar que el nuevo gobierno mexicano de López Obrador ha decidido otorgarles visas de trabajo para que se queden en México y no continúen hacia Estados Unidos. Politizó aún más el tema alegando que a los ricos no les perjudican esas migraciones pues viven seguros “tras muros”, pero sí a la clase media y a los pobres, llevando al debate el asunto de las clases sociales.

Es en base a esos argumentos demagógicos que quiere reducir la inmigración ilegal. No mencionó, por ejemplo, qué hará para beneficiar a los “milennials” , o “Dacas” que incluyen a unos 8,000 jóvenes dominicanos residentes ya en Estados Unidos con visas vencidas y que quieren trabajar y quedarse. Ese es un tema en la agenda de los demócratas. Tampoco citó, pero sabemos que lo quiere derogar, el mecanismo de unificación familiar (despectivamente llamado migración en cascada) que es el que más usan los dominicanos para lograr obtener una tarjeta verde de residencia. También sabemos que mientras antes solo deportaban a dominicanos que habían cumplido sus sentencias en las cárceles americanas, ahora recogen en calles y apartamentos a dominicanos que no han cometido ninguna violación, excepto estar ilegalmente en Norteamérica al haber vencido sus visas. Insistió en “el muro” (“conseguiremos el muro”), aunque flexibilizó el asunto citando que este podría ser costruido tan solo en ciertos lugares.

A pesar de la reciente discusión en el Consejo de Seguridad en Naciones Unidas que, por cierto, presidió la República Dominicana, y a pesar de evidencias sobre el deterioro ambiental atestiguado por los enormes fríos y calores, Trump no dijo nada en cuanto a los peligros del cambio climático.

Entre las pocas medidas que beneficiarán a los dominicanos citó su proyecto de reforma de las leyes de prisiones que reducirían, o eliminarían, condenas por el simple consumo de drogas, la principal causa por la cual dominicanos están apresados allí. Ese proyecto cuenta con el apoyo de los demócratas. También anunció que auspiciaría reducir los precios de las medicinas, algo que alegraría a dominicanos fuera y dentro del país.

Es usual que el presidente invite a ese discurso a personalidades de la sociedad civil. El primer y único dominicano había sido Sammy Sosa en 1998, por su ayuda a las víctimas del ciclón George. Estuvo sentado al lado de la primera dama Hillary Clinton. Ahora Trump invitó a otro dominicano, el único hispano que mencionó, a Erwin Hernández, un oficial de migración que lucha contra la trata de blancas (¿hasta cuándo llamaremos a eso “blancas”?). Al apoyar al gobierno transitorio de Guaidó en Venezuela, Trump condenó al régimen de Maduro pero aprovechó para atacar a jóvenes demócratas recién electos diputados, como el caso de la puertorriqueña Alexandra Ocasio-Cortez, quienes sustentan ideas socialistas como las del Partido Laboral inglés y las de varios gobiernos europeos del pasado, como el de Mitterrand, Willy Brandt y Felipe González.  Por cierto, recientemente se reunió la Internacional Socialista en Santo Domingo. Trump lo hizo culpando al socialismo por el desastre de Venezuela, planteando que Estados Unidos “nunca será socialista”. Pura demagogia ligada a la política interna.

Está por verse si Trump conseguirá los votos necesarios de los demócratas para convertir en ley sus propuestas. A los dominicanos les conviene que no los consiga para los temas migratorios. Tal vez vuelva el tranque.

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