Al estudiante sin motivación (1 de 2)

Margarita Heinsen - 12 de febrero de 2019 - 12:05 am - Deja un comentario

Estimado estudiante desmotivado,

Te escucho quejarte de tus profesores, de la escuela, de las tareas y de los exámenes. Sientes que no te comprenden y no le ves sentido ni aplicación a lo que te enseñan, mucho menos a la forma como te enseñan. Consideras que los exámenes y la forma como te evalúan no es justa ni refleja lo que sabes y puedes hacer. Y te preguntas: ¿Para qué me va a servir esto? ¿Por qué copiar y repetir de manera mecánica y repetitiva? ¿Por qué me evalúan con pruebas sin sentido? ¿Cuándo me van a escuchar?

Quedaron atrás los primeros años de tu vida en los que disfrutabas los juegos, los cuentos, las construcciones, los dibujos, en fin, las experiencias reales y significativas. Al llegar a la primaria todo cambió. Van pasando los años, vas avanzando de grado y cada vez se te hace más difícil levantarte con ánimo y con deseos de ir a la escuela a aprender. Es mucho más atractivo y divertido todo lo que encuentras en las redes, en internet, en los videojuegos y lo que haces con tus amigos.

Quizás no le ves mucho sentido a tanta presión académica, sobre todo cuando crees que la misma no necesariamente determina que tan exitoso serás o cuanto dinero podrás tener. Lo ves a diario con ejemplos de jugadores, cantantes, emprendedores, modelos que han logrado fama y dinero de manera aparentemente “rápida”.

Es más fácil culpar a la escuela, a tus padres y a los profesores por tu falta de motivación y por los pobres resultados. Requiere valentía aceptar que la mayor cuota de responsabilidad la tienes tú.

Si, tú.

Y aunque el Estado, tus padres, la escuela y tus profesores tienen el deber de ofrecerte una educación de calidad con estrategias y recursos apropiados, de ti depende lo que hagas y logres en el presente y en el futuro. Conviértelos en tus aliados y no los veas como enemigos.

Si esperas que todo sea perfecto y que los demás te resuelvan, te quedarás esperando y seguirás frustrado. Toma iniciativa, cuestiona con respeto, asume los retos, promueve el cambio con tu actitud y comportamiento. Identifica tus talentos y lo que te apasiona, gestiona tu crecimiento y aprendizaje, integrándote en actividades que te interesen y aprovecha las oportunidades que se te presenten. Hay muchos ejemplos de niños y jóvenes que han logrado mucho teniendo muy pocos recursos y muy pocas oportunidades.

No es fácil y requiere de mucho esfuerzo, perseverancia y dedicación. Te invito a cambiar las quejas por propuestas e iniciativas y los problemas por oportunidades de crecimiento y aprendizaje.

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