El Sol Naciente

Dos personajes y una revolución socialista

Desconocen las nuevas generaciones las imágenes grandilocuentes que se posaban en los rincones de la UASD durante las elecciones universitarias de los grupos estudiantiles, con fines de atraer los votantes hacia su fila o conseguir su voto. Joseph Stalin, Mao Tse Tung, Lenin, el Che Guevara, Fidel, León Trotski, nos miraban desde los altos de la valla conquistando nuestros sentimientos revolucionarios , acompañados de la insistencia ideológica de los líderes estudiantiles, desatando agrias polémicas en torno al devenir de la historia de la Revolución Soviética y la Gran Marcha de Mao en China o la Revolucion Cubana. Al calor revuelto de aquellas ideas políticas se desarrollaba el escenario de la vida universitaria y repercutía en clubes culturales, sindicatos y partidos políticos, en los años 60s, 70s y 80s.

Cada grupo estudiantil movido por los hilos discretos o no de los respectivos partidos políticos ejercía su programa estratégico de trabajo, promovía su doctrina ideológica y elevaba a los cielos del ambiente universitario las vallas con vistosos colores( sin faltar el rojo encendido, simbología del comunismo) para sensibilizar a los estudiantes y pueblo en general acerca de la bonanza de una nueva sociedad y un nuevo hombre;  recreando la utopía de transformación social y un futuro sin clases sociales como los pregonaron Karl Marx, Federico Engels y Vladimir Illianov, Lenin  en sus obras doctrinarias y científicas en los siglos X1X y XX. Escritos que iban de las manos en las discusiones tan frecuentes en los corrillos de la universidad; todos nos involucramos en esas » tertulias» ideológicas políticas con inusitados entusiasmos, en ocasiones los encuentros se tornaban en agrios debates que solían a veces terminar en balaceras o puñetazos, como aconteciera con miembros del MPD y el PACOREDO, en terreno de la Universidad y el sector Don Bosco.
Esa generación prendió la llama por la lucha revolucionaria impulsada por el ejemplo que ofrecieron los más carismáticos líderes a nivel mundial, algunos extraordinarios teóricos y académicos que dejaron su impronta en textos como El Capital, La Ideología Alemana, La Comuna de París, La Dialéctica de la Naturaleza, ¿ Que Hacer?, El Imperialismo, Fase Superior del Capitalismo; asi como los Escritos Militares de Mao y los encendidos Discursos de Fidel Castro, recogidos en textos. Constituían los estudios a saber para una supuesta excelente defensa de su doctrina política, una especie de geopolítica doctrinaría cuando todavía no disfrutábamos de la irrupción de la tecnología y el móvil. Sólo nos traían las buenas nuevas del exterior Peña Gomez con su pertenencia a la Internacional Socialista, Juan Bosch, pedagogo de la política democrática y cuentista, y la Izquierda Socialista con sus viajes de  intercambios a Unión Soviética, China Popular, Cuba, y otras naciones socialistas europeas. Algunos de esos líderes dominicanos plasmaron su testimonio de los encuentros en fotografías con Mao, Fidel, Enver Hoxa, Chou En Lai, Ho Chi Minh, Norodom Sihanouk, Lín Piao; no se conocen hasta ahora imágenes de dominicanos con el dictador Joseph Stalin de Unión Soviética.
En mi calidad de estudioso fervoroso de estos temas que gravitan sobre toda una generación, que va yéndose de estos confines, me he puesto a revivir en la memoria de los interesados los sucesos descomunales que han cambiado la historia, situando la Revolución Soviética en mi repaso para observar en la tormenta de los hechos los intríngulis, traiciones y contradicciones que se produjeron en dicha Revolución Socialista. A Lenin cabe la gloria de haber provocado la caída de los Zares y junto al teórico y organizador del Ejército Rojo, León Trotski, llevar la Revolución de Octubre de 1917 hasta sus últimas consecuencias, acusando al ala conservadora Mencheviques, considerada burguesa, de querer transigir con elementos asociados al viejo régimen bajo la presidencia provisional de Alexander Kerenski e imponiendo los Bolcheviques su imperio doctrinario comunista, con la forja del Ejército Rojo fundado por Trotski.
Desde la construcción del discurso y los ideales supuestamente inmaculados del brillante teórico Troktski, abanderado después de Lenin de la simpatía de las masas rusas revueltas, había la perspectiva del ser el sucesor de Lenin ya postrado en los años 1922-23 a causa de una enfermedad; mientras Stalin se movía en discreción urdiendo sus planes en ese » Duelo a Muerte»( como lo testimonian los documentos de los sovietologos) por apoderarse del Poder Soviético una vez desaparecido el líder de la Revolución: Lenin. El zarpazo con rigurosa malas artes lo cristaliza Stalin a raíz de la muerte de Lenin en el 1924 cuando Trotski se encuentra enfermo en el Cáucaso, remitiéndole una información equivocada de fecha a Trotski  para asegurarse su ausencia en los funerales, tal como sucedió. Toda la cúpula del Politburo allí estuvo, pero el gran ausente fue Trotski, ahí comienza su declive como un personaje con dominio del espacio político que se manifestaba en la Rusia Revolucionaria terminando en el destierro a Turquía, pasando por Francia y residiendo en México, donde llego el brazo criminal de Stalin ejecutado por un sicario ideológico.
La política es la ciencia de lo incierto, de lo impredecible; de los conflictos donde no hay amigos ni definitivamente enemigos, sino aliados o contrarios ocasionales, porque la apetencia y la situación de espacio de poder por los actores en un escenario minimizan los códigos éticos y justifican cualquier cambio de juicio o discurso como de piel la iguana. Así observamos dos líderes de un partido dominicano con rango de poder, desatar una cruenta lucha por asegurarse la candidatura, uno pragmático y con suficiente capacidad estratégica habitual en su larga data de organizador partidario; que nos hace recordar a Joseph Stalin y su tejemaneje en el control de los hilos de poder. El otro, buen orador, de fina aparente decencia cuando trata a los relacionados, un personaje apasionado de los intelectuales y revertido en un gran teórico, no tanto y profundo como Trotski, dado la notable evidente diferencia que los distancian. El proceso está en marcha entre ambos liderazgos y sólo el avance de los acontecimientos en el devenir del tiempo tiene la última palabra:¿ quién se impondrá, el pragmático o el teórico?. Como podemos apreciar, guardando coyunturas, cultura y tiempo, encontramos un paralelismo de brega por el poder con las artes más crueles que imaginamos.

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