Apertura

‘Cáncamos para mi voz’, de Gladys Almonte

La palabra suele ser el signo y el símbolo, no sólo del saber y del sentir del sujeto, sino la magia o el «cancamum» que le permite al sujeto crear y atar sonidos, música, sentidos y tonalidades, para descifrar el mundo y descifrarnos, desde su armazón vocálico y consonántico de ritmicidad. De ahí parte el universo poético que se entreteje en la obra «Cáncamos para mi voz»(Talleres de Soto Impresora, y Ediciones Poetas de la Era. R.D., 2018.), de Gladys Almonte.

Esta obra, entre otras dedicatorias íntimas y familiares, está dedicada «A la palabra y su magia». Hay una arcada intencionalidad de decir y de significar, más allá de comunicar, porque al reiterar aquel concepto de «cáncamos», la autora procura, no sólo manifestar al viento la eufonía o el sonido de aquella palabra esdrújula, sino prefijar en el sentimiento de los lectores y de las lectoras, su apuesta con la lengua, para construir sueños y/o utopías, desde la plataforma fónico-conceptual del signo. Veamos:

«¡Canamos!//
¡Cáncamos!//
¡Cáncamos!//
¡Cáncamos para mi voz/
hilos para sostenerla/
necesito levantarla/
para ue nada se pierda/
de aquellos verdes caminos/
y de esta noche de estrellas//.
Cácamos/
cáncamos/
y cáncamos por docenas»//.
(p.19).

En esta obra, hay una aureola de ternura que suele proyectar ingenuidad, sencillez y cierta expresión de simpleza y apego algunas normas tradicionales, como la rima, en algunos de sus poemas, como ocurre en el texto «Mi canto»:

«Mi canto/
Es fruto salvaje/
colgado/
En rudo sartal//.
Mi verso/
es el agua pura/
que brota/
del manatial//.
Es agua/
que sale limpia/
ya lista/
para tomar/
la bebe/
el que tiene sed/
no/
el que quiere disertar//.
Esta/
Es agua ligera/
dulce/
fresca/
y natural»//.
(p.22).

Cuando la autora deja soltar su vuelo, aunque no sea lejos de la retranca del cañon tradicional, podemos advertir sobre el espacio en blanco, su mirada romántica, su voz de intimidades, su resuello de enamorada terrenal, carnal y natural. De manera particular, la prefiero indomable arrebatada, así…sin mordazas:

«No quiero ya más versos/
ni luz/ni madrugada/
no quiero más poesía/
ni sol en la mañana/
no cinco de la tarde/
ni luz/
ni carcajadas//.
Sólo quiero vivir/
y sin ti/
La vida es nada»//.
(p.34).

La gran esperanza está en la autenticidad de su decir: Reconoce que anda buscando su voz, su canto, su poesía. Eso indica que en esa búsqueda, puede perfilar con firmeza su estilo, hasta madurar un canto que supere esta presente propuesta poética, alejada del cerco de la rima, para adentrarse en la búsqueda del ritmo, desde un sostenido y echizante cancameo de palabras.

Hay pasión, naturalidad y un narrar poético desde sus versos. Eso nos augura nuevos cancameos sintácticos, desde una voz familiar, intimista, sencilla y, a su vez, profunda, como esta que nos llega, desde la presentación de versos breves…y sencillos…tan femeninos…pero cimarrones y motineros. Veamos:

«Yo soy la niña violada/
la mujer asesinada/
la otra que voló a España
la que se abarzó a Jesús//.
Soy la chica que se entrega/
la profesional capaz/
soy la esposa engañada/
la cuernera y nada más//.
Soy inmigrante haitiana/
la sirvienta maltratada/
la maestra mal pagada/
La política audaz//.
Yo soy la.mujer casada/
la que atiende a su marido/
hacendosa es en su casa/
y madre es de siete hijos//.
Soy todas ellas…/
y muchas más»//.
(p.35).

En otra vertiente, la autora recurre a la memoria, al recuerdo de la niñez, para endosar en su discurso el imaginario del entorno propio de su barrio natal, familiar y amoroso, para organizar o cancamear su canto, desde un tono lírico, personal e intimista. Hay aquí una poética de lo filial y muy propia de un Yo poético que se autoreconoce desde la existencia del otro. Asumiendo la otredad como el puente de familiaridad entre quien dice y quien lee, toca, siente, ve o escucha.

Hay también aquí cierta recurrencia a la filosofía de la vida y del vivir. Aquí la autora se sobrepone a sus cotidianidades, para hacer de su discurso poético, la expresión de sus vivencias, de sus recuerdos, de sus frustraciones, de sus anhelos y de sus sueños.

Hay una multiplicidad temática en esta poética. Hay un recurrir al circuito familiar y a las vivencias del ayer, para asumir la apuesta de un canto del presente.

«Editora Poetas de la Era», como espacio creativo y cultural, junto con Gladys Almonte, tienen el compromiso de seguir presentándole al país y al mundo, nuevas publicaciones que superen este «cancameo», pero que mantengan aquella simplicidad que hace del quehacer poético, la magia irrenunciable del amar y del vivir, tal y como fluye en este «cancamear» de la bibliotecóloga y gestora cultural dominicana, Gladys Almonte.

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