La columna maldita

Las puntadas de Punta Catalina

Antes que nada tengo que aclarar que soy un ciudadano común que no sabe mucho de lo que ha ocurrido, ocurre y ocurrirá con ese proyecto a punto de finalizar llamado Punta Catalina, sobre la que se ha dicho tanto de un lado, y cuanto del otro, que tengo la cabeza hecha un lío, y cuyas varias de sus puntas, las más punzantes, me están pinchando porque soy un doliente de bolsillo que, como tantos millones más de dominicanos más, ha pagado con sus impuestosbien sudados alguna parte de esa planta generadora, unos ladrillos, una pared de blocks, un tornillo, o una viga de hierro.

La primera punta que se me clava en el esternón y duele mucho por ser un hueso relativamente blando, es algo ya hablado en otras ocasiones pero que nunca se ha dado una explicación clara y convincente, es el por qué una empresa china concursó en la licitación con un presupuesto de 900 millones de dólares quedó descartada por otra declarada después como corrupta en medio mundo y que, al final, esa broma pesada nos está resultando por dos mil millones, o más ¿Es qué los chinos no sabían de esos tipos de construcciones, lo cual no me lo creo, o es que los otros dominaban sobre todo las sobrevaluaciones y de boroneos y cogiocas, lo cual esto último sí me lo creo?  Esos mil y pico de millones dólares de más los considero de manera muy personal una estafa, a nivel nacional, de la que me considero una víctima.

La segunda punzada es en los riñones, y duele muchísimo por ser un órgano blando. Se trata de la energía elegida para sus procesos, el polémico carbón. Uno, sin ser un experto en ambientalismo ni nada por el estilo, se pregunta cómo se ha elegido este tipo de combustible, mientras en todo el mundo y en especial en países más desarrollados en esta materia energética como Alemania, Francia y otros, lo descartan totalmente por su alta contaminación y optan por el gas, menos contaminante, y según afirman más económico. En España, por ejemplo, se ha decretado el cierre definitivo en breve tiempo de todas las minas existentes en Asturias, y León como cuencas carboníferas principales, y en el resto de ese país. Pero esta es una isla al revés, donde lo lógico es una excepción, y la excepción es lo lógico. Ahí tendremos una o varias chimeneas que por muchos filtros o artilugios modernos que les pongan, estarán día y noche y los siete días de la semana ensuciando con sus humos las suaves y espléndidas brisas dominicanas.

La tercera punta se me clava en ese lugar donde a los hombres nos duele tanto, sí, ahí mismo en el que ustedes están pensando. Ahora el gobierno está por licitar Punta Catalina y recuperar así la inversión realizada, los 2.000 millones citados anteriormente, y lavar así su imagen frente a la ciudadanía al querer aparentar que el bizcocho está bien amasado y horneado, y por eso es apetecible para los comensales que puedan pagarlo. Pero aquí viene la pregunta no del millón sino de los 2.000. Si con parte de mi dinero y del resto de los dominicanos se hace una obra que, en teoría, debería producirle al Gobierno unos buenos beneficios que en un tiempo determinado deben amortizar el costo invertido, y ganancias estas que a su vez deberían ser redistribuidas en obras de interés social, carreteras, escuelas, geriátricos… ahora esos beneficios se irán para los bolsillos de quienes los tienen llenos y no llegaran al pueblo, sino que acabarán depositándose en los bancos preferidos de los ricos. O sea, mi dinero ha sido utilizado para que otros lo aprovechen. Eso se llama hacer como el chinero, pelar para que otros chupen, o también atajar para que otros enlacen.

Si estoy errado, ya dije al inicio que de economía y cambalaches grandes no entiendo, que alguien me lo explique, pero por favor que no sea un economista, no vaya a ser que utilizando la teoría número 23.456-12 del libro aún quede más confuso de lo que estoy en estos momentos. ¡Lo que duelen estas puntadas de Punta Catalina, sobre todo la última, la del lugar reproductor, ¡Ayyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy!

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