Democracia paralela a corrupción

Un tal Rodríguez, que en su calidad de Tesorero de la Colonia, recibía las Partidas de España y se las tomaba para sí arrastrándolas en una especie de carretón para enterrarlas a su favor. Fue juzgado por corrupción por el tribunal de la Real Audiencia. Esto viene de lejos
Nolberto Luis Soto - 6 de enero de 2019 - 12:08 am - Deja un comentario

En la calidad de la noche fresca de estas Navidades en ocaso, con brisas nocturnas que llaman a reciclarse la vida y el pensamiento con mayor vigor y fluidez; se me presenta al instante de evaluar nuestra democracia torcida en su correr social por reiterados escándalos periódicos, concluyo que su accionar histórico corre paralelo y consubstancial a la Corrupción.

Esa es la pura realidad que nadie puede invalidar, sino que al contrario validan, con todo el peso la experiencia amarga, los hechos crueles y vivencia de los pueblos. Muy pocas sociedades están exentas de corrupción y no sólo en las democracias de estilo occidental, también lo sufren los países llamados comunistas del pasado y presente. Se salvan los que presentan un cuadro transparente, institucional, de alto nivel educativo y con una justicia a toda prueba independiente y carrera profesional estructurada.

Las anomalías vienen acompañando a la humanidad y sociedades desde tiempos muy antiguos, previo a Roma, sucumbiendo esta por la ambición desmedida de poder y las orgías a que se sometió la clase cortesana; leyendo los papeles del archivo de Sevilla, recopilación Fiallo Cabral durante los Festejos de los 500 años de la Celebración de la Descubrimiento o Encuentro de dos Culturas en Santo Domingo, cuenta de un tal Rodríguez, que en su calidad de Tesorero de la Colonia, recibía las Partidas de España y se las tomaba para sí arrastrándolas en una especie de carretón para enterrarlas a su favor. Fue juzgado por corrupción por el tribunal de la Real Audiencia. Esto viene de lejos.

Conservadores, liberales, neoliberales, socialistas Siglo XXI y comunistas se lanzan con egoísmos incontrolados en apoderarse del botín, que no les pertenece y que están en el deber de administrar con pulcritud.

Pasando a tiempo más modernos, presenciamos corrupción en los más distintos gobiernos del mundo, acentuando el caso en los gobiernos de América Latina y el Caribe, marcada sin distinción de ideologías, exceptuando algunos países, que consolidan sus instituciones, normas y aparato judicial con fines de detener la febril tendencia de gobernantes y funcionarios a enriquecerse con el patrimonio del pueblo.

Conservadores, liberales, neoliberales, socialistas Siglo XXI y comunistas se lanzan con egoísmos incontrolados en apoderarse del botín, que no les pertenece y que están en el deber de administrar con pulcritud. Imagínese que en el propio Vaticano cierran el banco Ambrosiano, donde se supone radica la pureza espiritual y el orden equiparado al celestial, como nos lo atestigua el investigador Eric Frattini ( argentino) en su libro La Corrupción en el Vaticano, toda una obra dedicada a los eventos de corrupción de la Santa Sede.

Cuando menos fuertes son las instituciones, y la justicia se encadena al Poder, las Leyes se convierten en simples papeles( un gobernante dijo que la Constitución era un simple papel), derivando en teóricas y códigos muertos, sin aplicación alguna que sancione y de ahí la lucha constante de sectores en contra de la impunidad, (la palabra mágica que está en el tapete de la crítica a petición salvadora).

La conclusión que cualquier mortal saca de su cerebro es que la democracia, y mucho más en el neoliberalismo, es una farsa que montan en el tablado las elites políticas y empresariales en componendas traviesas o cómplices por omisión, incluyendo a sectores de la Iglesia, que a manera de agradecimiento se pronuncian por la reelección del gobernante. ¡ Que desparpajos, ombe!. Nuestra Democracia es una palabra elegante, teórica, inaplicable e hipócrita que sólo vive en labios de gentes acomodadas a ella por intereses espurios; nuestra Democracia corre paralela a la corrupción, con hedor y clientelismo, sin instituciones que la hagan valer, con su fondo de reelección amparada en el clientelismo de compras y ventas.

No aceptamos comentarios ofensivos ni denigrantes.
Estamos interesados en el debate de las ideas, no auspiciamos ninguna ofensa contra nadie. Los comentarios que contengan mensajes denigrantes, ofensivos, difamatorios, injuriosos, por razones de raza, de política, de religión o de cualquier otra índole serán eliminados y sus autores excluidos de continuar comentando.