El sentido de lo cruz

Pablo Rodríguez - 6 de diciembre de 2018 - 12:07 am - Deja un comentario

“Cambian los clavos, otros son los verdugos; la víctima sigue siendo la misma: Cristo que es crucificado y agoniza en los pobres, oprimidos y pequeños” (Leonardo Boff).

La mayoría de nuestra población huye del silencio, porque le teme al llamado interior de la esencia. Por eso, no debemos extrañarnos que invente un escándalo tras otro para confundirse en la atmósfera del ruido, sin caer en la cuenta que cada escándalo que inventamos  para descentralizarnos, anestesiarnos siendo parte de la masa, nos delata y nos desenmascara.

No sabemos hasta qué punto esta cultura postmodernista que idolatra los instantes, nos ha invadido. Quizás por eso han avanzado tanto los anestésicos y analgésicos y las drogas de diversas índoles, que nos hacen sentir bien, sacando del entorno cualquier síntoma de dolor, sufrimiento y sacrificio.
El estilo de vida fácil está ligada a todo esto. Cero sacrificios, mucho placer y confort. Sin embargo, este estilo de ver y vivir entra en contradicción con la esencia de la vida misma, por eso hay que acumular muchos utensilios y accesorios, no lo necesario, de modo que ocupen el lugar de nosotros mismos.

A pocos les interesa ampliar la comprensión de la cruz y muerte de Jesús, dado que choca contra su resistencia al sacrificio. Por esto debemos volver la mirada hacia atrás, para no perder la oportunidad de reivindicar la mirada. Esta comprensión nos lleva a otra comprensión, como sugiere Boff: “Muerte no es solamente el último momento de la vida. Es la vida toda que va muriendo, limitándose, hasta sucumbir en un límite último. Por esto preguntar: ¿Cómo murió Cristo? equivale a preguntar: ¿Cómo vivió? ¿Cómo asumió los conflictos de la vida? ¿Cómo acogió el caminar de la vida que va hasta terminar de morir? Él asumió la muerte en el sentido de haber asumido todo lo que trae la vida: alegrías y tristezas, conflictos y enfrentamientos, por causa de su mensaje y de su vida.
Algo semejante vale para la cruz. Cruz no es solamente el madero. Es la corporificación del odio, de la violencia y del crimen humano. Cruz es aquello que limita la vida (las cruces de la vida), que hace sufrir y dificulta el andar, por causa de la mala voluntad humana (cargar la cruz de cada día)”.

Comprender la cruz de Cristo, nos lleva al sacrificio por los otros y por la comunidad, por nuestro país,  y buscar la eliminación de todas las cruces que surgen contra los desclasados, los pobres de nuestro alrededor, “porque quien ama y sirve no crea cruces para los demás por su egoísmo”, reitera con pedagogía Boff.

Comprender la cruz nos lleva a promover la solidaridad, la paz, la justicia, la equidad, la apertura, la simplicidad, el sentido de pertenencia a un territorio con todas sus luces y sombras, seguir amando a pesar del odio que nos circunda, seguir viviendo acorde a como pensamos, ser símbolo (symballeim, que junta, une) y no diablo (diaballein, que divide, desune). Promover además la ruptura irremediable del sistema cerrado que se autoconsidera justo, fraterno y bueno; pues quienes viven acordes con los valores que defiende el sistema en que sobrevivimos, pertenecen a la estirpe de los que fabrican cruces para los otros, con tal de ellos disfrutar “sus éxitos”. Es preferible ser considerados subversivos, traidores del sistema, malditos, enemigos, que ser considerados “canchanchanes y compinches” de quienes son responsables de la mala suerte de los “pobre jodidos…”, a quienes  Callejas define como “ aquellos perdedores de todas las guerras”.

La vida de quienes asumen el espíritu de la Cruz de Jesús, se convierte en una denuncia. Los demás no entenderán su estilo de vivir según el espíritu y andarán a todas horas colmados de preguntas. Su vida también es un anuncio de que algo nuevo está germinando en medio de los hombres, de que no hay una esperanza perdida; de que la muerte no es la última palabra de la historia, aunque veamos muertes por todos lados, trampas para producir más exclusiones y muertes. Jesús murió y resucitó. Como pasa ahora, igual que entonces, la muerte ríe a carcajadas apoyada en un sistema poderoso, omnipotente. Como antes, el sacrificio y un estilo de vida distinto que trasciende los utensilios, las acumulaciones frágiles y los escándalos prefabricados serán los referentes.

Jamás serán portadores de lo nuevo, las personas o instituciones que no asuman la cruz como punto de partida. Aliándonos a los perversos, no se cambia la realidad, el contexto que nos daña por dentro y por fuera. No podemos destruir las cruces aliándonos a los Pilatos (los mesías venidos de otras latitudes, que representan otros intereses, y sobre quienes dejamos decidir sobre lo justo en nuestros espacios). Jamás dejarnos seducir de los Anás, Caifás y los Herodes (esos tránsfugas del mundo social, empresarial, político y religioso vendidos a intereses oscuros, los lacayos de todas las latitudes); tampoco sentir la necesidad de los Barrabás (los rebeldes sin causas, quienes hacen una revolución en donde no vale la pena tirar una piedra, los cascarrabias que han hecho de la disidencia un negocio, pero aceptan cualquier arreglo en contra del inocente con tal de recibir beneficios). Cuidarnos de los Judas (quienes viven de negociar los proyectos en contra del pueblo y están atentos a sus propios beneficios; no podemos olvidar que estos han hecho profesión de traidores y la profesión se lleva hasta la tumba).

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