Cuando el cadáver cuenta

Juan Tomás Tavares - 3 de diciembre de 2018 - 12:10 am - Deja un comentario

En respuesta a la impunidad  propiciada por Donald Trump ante el crimen de Estado contra el periodista saudí en Estambul, el Senado estadounidense reaccionó de manera desafiante, respaldando una resolución para iniciar el debate sobre la suspensión del apoyo militar a Arabia Saudita  en el conflicto bélico en Yemen. Es una de las pocas veces que los senadores republicanos no se han doblegado al unísono ante la voluntad de Trump durante los primeros dos años de su presidencia, a pesar de que el Presidente delegó en su artillería gruesa, el canciller Mike Pompeo y el general Jim Mattis (con la notoria ausencia de la directora de la CIA), la defensa del continuado respaldo a su aliado en Oriente Medio. La votación en marzo pasado fue de solo 44  senadores a favor, pues ni siquiera todos los demócratas votaron en

Putin y MBS en reunión G20, Buenos Aires

bloque  a favor de abrir el debate. Después del fiasco del escandaloso encubrimiento del crimen de Estado saudí por Trump y su séquito, la votación fue de 63 -37  sobre una iniciativa aún más fuerte. El burdo encubrimiento del crimen de Estado saudí, evidenciado por la ausencia de la directora de la CIA en la sesión, ha añadido sal a la herida, provocando el comentario de Lindsey Graham, el prominente senador republicano, en el sentido de que cambió su voto por la indisponibilidad de Gina Haspel al no poder interrogarla en torno al asesinato de Khashoggi.  Como consecuencia, varios senadores republicanos también exigen un informe presencial directo de la directora de la CIA, como es costumbre en estos casos, para cuestionarla sobre las conclusiones de la agencia de inteligencia en torno a la participación del príncipe heredero y de facto gobernante saudí en el brutal asesinato de Jamal Khashoggi el pasado 2 de octubre. No creen la interpretación de Trump de que el reporte no es conclusivo y sospechan que se encubre la verdad. Amenazan con impedir cualquier iniciativa legislativa del ejecutivo hasta que se cumpla con este urgente requisito. Dijo al salir de la sesión el senador Chris Murphy a la AFP: “Obviamente cometieron un error estratégico gigante secuestrando y asesinando a Jamal Khashoggi, por lo que mucho ha cambiado en los últimos meses para que lleguemos a este punto”. Además, a partir de enero Trump tendrá que enfrentar el control demócrata de los órganos de investigación en la Cámara Baja, con la consecuente complicación de sus manejos de la política exterior en torno a Arabia Saudí, entre otros asuntos críticos.

A dos meses del horrendo crimen de Estado perpetrado en Turquía, Arabia Saudita insiste en que los “renegados” ejecutores de la operación criminal entregaron el cadáver a un ciudadano  turco para disponer del cuerpo del delito, sin identificar al supuesto colaborador local ni dar más detalles sobre el hecho.   Riad sigue ocultando el verdadero destino del cadáver de Khashoggi, como antes negaba su despiadado asesinato, contribuyendo a mantener vigente los titulares en los medios sobre el crimen de Estado en su consulado en Estambul ejecutado por un escuadrón especial de esbirros leales al príncipe heredero y la continuada especulación sobre el cuerpo del delito.  A pesar de supuestamente tener detenidos y sometidos a la justicia a todos los asesinos y sus cómplices inmediatos, Mohammed bin Salman, conocido como “MBS”, no ha informado sobre el destino final del cadáver de Khashoggi y rehúsa permitir la interrogación de los asesinos por las autoridades turcas o por una autoridad independiente. Mantener el cadáver en el armario es un nuevo crimen de Estado que implica al gobernante.

Mientras tanto, el contrincante de MBS, gran conocedor de estas malas artes y dictador de Turquía, Recep Erdogan, atiza la intriga con la filtración por goteo de informaciones y pruebas sobre el horripilante crimen contra el colaborador del Washington Post, haciendo quedar muy mal a MBS ante la opinión pública internacional.  Sin embargo, solo los gobernantes de Europa Occidental y Canadá dan señales de exigir transparencia y consecuencias por el triple crimen contra un ciudadano, los derechos humanos y la libertad de prensa, limitando su contacto con el príncipe heredero saudí. Putin y Trump, siguen campantes en su apoyo a MBS para no afectar sus intereses personales, que no de sus respectivos pueblos, como se hizo evidente en la reunión del G20 en Buenos Aires cuando Putin y MBS se dieron un saludo fraternal, captado por las cámaras de todo el mundo. Al estar en la mirilla, Trump fue menos efusivo en esta ocasión, porque ya había exonerado de culpa a MBS el pasado martes, cuando rechazó el informe de la CIA aceptando la declaración de inocencia del joven déspota. Trump también ha aceptado la declaración de inocencia de Putin de la intervención rusa en las elecciones presidenciales de 2016, porque es de su conveniencia personal.

“Mohammed bin Salman está actuando como Putin”, Khashoggi había sentenciado poco antes de su silenciamiento en palabras premonitorias de su brutal asesinato. Por versiones filtradas principalmente en los medios turcos,  el periodista  fue torturado durante unos siete minutos y medio, y se supone que le cortaron los dedos (por ser simbólicos  instrumentos de su oficio como escritor), lo asfixiaron, lo drogaron o le inyectaron químicos para coagular la sangre, descuartizaron su cadáver y lo trasladaron a la residencia del cónsul saudí, lo disolvieron en ácido y echaron por un pozo, o lo transportaron en maletas de retorno a Riad, o cualquier combinación de estas aterradoras aberraciones. Que si el carnicero escuchaba música mientras ejecutaba su misión con una serrucho quirúrgico que llevaba convenientemente en su equipaje. Que si se comunicaban con los jefes en Riad, incluyendo a MBS,  mientras se escuchaban los gritos de Khashoggi. Las especulaciones continuarán no se sabe por cuánto tiempo más, mientras no se rinda un informe oficial creíble y se determine el paradero final de los restos mortales de quien definió a MBS como “un líder tribal pasado de moda” en una entrevista publicada por Newsweek después de confirmada la muerte del periodista

Este es un caso en que el cadáver (o su ausencia) cuenta y capta poderosamente la atención del periodismo mundial por su significado.

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