Urgente

Me voy de la UASD

En 1991, cuando ingresé como profesor PP de la Escuela de Comunicación de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), ya fungía como director y locutor del principal noticiario del país, el exitoso Radio Mil Informando; reportajista del prestigioso diario Hoy, profesor en la Universidad Católica de Santo Domingo y consultor en Comunicación Institucional, sujeto de reconocimientos nacionales e internacionales. Rondaba los 31 años.

Había participado en un concurso público sólo ataviado con los méritos acumulados en el sector privado y con el título de egresado uasdiano en ristre. Sin recomendación de nadie.

Desde entonces ha pasado un cuarto de siglo. El camino ha sido a ratos pedregoso y lleno de abrojos, pero también de rosas con perfumes que sepultan la abundante maldad.

Algunos hijos de la mediocridad han asumido como primer oficio el tratar de humillar y destruir. Muchos, en cambio, han preferido insuflar vida con su alta calidad profesional y sus valores. Son de los míos. ¿Cómo gritar, entonces, que todo ha sido color de rosa si la UASD es como la sociedad, con virtudes y vicios?

Una de las lecciones aprendidas es cómo, allí, para muchos, el disenso se acaba en el discurso, aunque cantaleteen que la universidad representa un faro de luz y democracia. Y quien les enrostre su doblez, paga con exclusión y tramas perversas. Son los mismos que arrullan la entropía institucional porque representa el hábitat ideal para sus travesuras. Y fustigan a librepensadores sin vocación para la blandenguería, el adocenamiento, el grupismo y las componendas. Excelente si te adocenas; perverso y objeto de tramas, si contradices.

Durante 25 años he tratado de dar lo mejor de mí. He puesto a disposición de los estudiantes mi pequeña biblioteca de Literatura y Comunicación, por mi convicción de que los libros son para socializarlos, no para morirse con ellos, ni para simular intelectualidad.

Durante 25 años he viajado sin parar, primero a la UASD Santiago, Mao y Santiago Rodríguez, y, luego, a San Francisco de Macorís. Jamás nadie me ha preguntado sobre los riesgos en las carreteras, las llantas estalladas, los intentos de atraco en mi condición de “viajero” y  los viáticos a precios de los setenta del siglo pasado.

Durante este cuarto de siglo, sin los sabáticos correspondientes, tampoco me han preguntado por mi salud, ni por mi opinión acera del “famoso” seguro médico. Mucho menos por mis deudas, porque son mías, solo mías. Nadie me preguntó por mis enfermos, ni por mis muertos, ni por mis dolores…

HECHOS COMO DISCURSO

Los profesores y las profesoras de la Escuela de Comunicación me hicieron su director por dos períodos consecutivos (seis años, desde 2001).

Me enorgullece que mis maestros originales, los nunca valorados en su justa dimensión, Rafael Núñez Grassals, Quiterio Cedeño y el padre José Luís Sáez, entre otros, nunca antepusieran condiciones de negocio para respaldarme.

Diferente hicieron dos recaderos que, ante la inminencia de tales triunfos, se acercaron sigilosos y susurraron: “Te mandaron a decir que ganarás, pero que tienes que negociar, si no, te harán la vida imposible”. Materializaron su amenaza.

Pero los hechos se impusieron: gestión de Radio UASD (1,560 AM y por Internet), primera emisora universitaria de la isla, y  TV-UASD, con el respaldo del gobierno de Leonel Fernández, la embajada de Estados Unidos y un par de dueños de medios de comunicación. Una inversión millonaria en dos proyectos vitales que, sin embargo, nunca ha recibido la atención requerida. http://radiouasd.blogspot.com/.

Acuerdos con organizaciones académicas nacionales y extranjeras para actualizar sin costo a docentes y discentes. Un laboratorio con 35 computadores con los programas para fotoperiodismo, diseño gráfico y redacción. Rediseño del plan de estudios con la inclusión de idiomas y ciberperiodismo, entre otras asignaturas, y la exclusión de otras consideradas innecesarias.

Rescate de la presidencia de la Asociación de Escuelas de Comunicación y la ocupación de un puesto en la directiva de la Federación Latinoamericana de Facultades  Comunicación Social (Felafacs), en representación de la subregión caribeña.

Apertura de la carrera en Nagua, y crecimiento exponencial hasta cerca de 8 mil estudiantes (unos dos mil tiene en la actualidad) en la sede y todos los centros regionales. Realización de un concurso para reclutar docentes con maestrías en el área. En la selección, la vinculación política no se tomó en cuenta, contrario a los presagios. El 98 por ciento de los ganadores pertenece a un partido mayoritario de oposición. 

Durante los últimos cuatro años y medio, antes de ser designado por la actual gestión como subdirector general de Comunicación, ejercí como el director general de la UASD Santo Domingo Este. ¿Resultados? He aquí algunos: Remodelación, modernización, equipamiento y logro de espacios compartidos con la Escuela de Idiomas en otro edificio; vinculación con las autoridades municipales y avances en la gestión de la ciudad universitaria, presidencia del Consejo Económico y Social del municipio.

En cada una de las instancias en que he sido ejecutivo, la ausencia de dinero ha sido protagonista. No manejé cuentas, ni toqué un centavo de caja una chica de diez mil pesos, la única vez que la hubo. Ni tuve jeepetas. Ni tarjetas ni gastos de representación. No hice negocios turbios con nadie.

Confieso, sin embargo, que “pequé” en alguna ocasión, pero por refunfuñar cuando percibía asomos de sobrevaluaciones y otras mañas.

“Pequé” cuando exigí desempeño en un mundo de protecciones extremas donde lo menos que te advierten es “no jodas tanto porque la universidad queda y tú te vas; ella tiene casi cinco siglos”. O cuando me quejé amargamente por la creciente tendencia a la autodestrucción.

Y “pequé en grande” cuando, en la campaña, opté por un proyecto distinto al que luego ganaría las elecciones.

Me voy de la UASD con muchos sueños aun, pero consciente de que cumplí con mi deber en cada caso. No robé. No saldré millonario, plagado de bienes. Ni nada parecido. No hice componenda de ningún tipo con los rectores ni otras autoridades. Algún chusco se burlará hoy de mí: “Has cometido un vulgar acto de pendejismo.  Vale quien tiene dinero”.

Están vivos para contarlo, salvo Mateo Aquino Febrillet, los exrectores: Roberto Reyna, Franklin García Fermín e Iván Grullón, y la rectora Emma Polanco. Carmen Evarista Matías, Guillermo Díaz, Rafael Morla (exdecanos de Humanidades). Carmen Santiago, exdirectora UASD San Francisco.

Me voy de la UASD a sabiendas de que fui objeto de francotiradores que dispararon sin piedad todas sus armas. Pistoleros de reputación pertenecientes a grupos de protegidos que tienen a la academia estatal como trinchera de chantaje, extorsión y ataques a quien vean como estorbo de sus propósitos económicos y políticos. Pero me voy, también, sabiendo que hay demasiada gente valiosa allí, a menudo poco valorada.

Me voy consciente de mi papel, quizás muy importante y costoso, en la victoria e instalación de las actuales autoridades.

Y me voy con la esperanza de ver, aun sea antes de morir, una universidad estatal como un torre gigante donde la transparencia institucional, la calidad de los servicios y la fidelidad al Gobierno  sean la norma, y el laborantismo politiquero “desde que Dios amanece”, la excepción.

Me voy sin remordimiento al no sentir estruendosos aplausos. Total, en mi periplo por los caminos de la vida he asumido que quien te prodiga fuertes aplausos hoy, mañana, tal vez, sea el mismo que, por conveniencia, patrocine y participe en el “buuuú”. Después de todo, las promociones y reconocimientos han de llegar por méritos, no por compasión y amarres. Y si méritos no tuve, reconocimientos no merezco ni después de muerto.

Me voy con la satisfacción de ver jóvenes egresados de Comunicación que sí escucharon día tras día mis orientaciones, y hoy, en el mercado o en organizaciones comunitarias, son bien ponderados por ser buenos profesionales; sobre todo, seres humanos socialmente responsables y honestos. Y con la tristeza de ver otros que, mal asesorados por sus mentores, optaron por la vía de la frustración.

Me voy de la UASD. Y me voy con dignidad, sin renegar de ella, eternamente agradecido y dispuesto a servirle hasta mi último aliento, donde me necesite. Me han jubilado como profesor. Pido perdón a quienes, alguna vez, ofendí sin querer, y agradecimiento eterno a quienes se atrevieron a confiar en mí. Por unos y otros he trabajado.

A seguir viviendo, pues.      

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