Urgente

Radio Unión y Eco FM, emisoras de tránsito

Charlie Mariotti, el muy robusto y locuaz senador peledeista actual por Monte Plata, a inicios de los ochenta del siglo XX era un locutor súper flaco e inquieto que iba de emisora en emisora, preñado de sueños, tratando de subir por la escalera del éxito. Lo mismo hacía Julio Brador, fallecido recientemente. En aquellos tiempos, un mozalbete esquelético y poco empático, pero talentoso, que luego agotaría años en Disco 106 y Galaxia del Circuito Corporán.   

Radio Unión y Eco FM (hoy Estrella 90) representaron uno de los peldaños necesarios para muchos locutores que luego fueron exitosos en la capital, como Teo Veras (1969). Operaban en el cuarto piso del edificio Jaar, calle El Conde con Espaillat. En el tercero funcionaba RPQ Cadena Azul.  

El ingeniero César Morales era el propietario. Y yo, muchachón seco, estudiante de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (22 años), aun con las hojas provincianas sobre la cabeza, el director de la FM. 

César, como el dueño de RPQ, Víctor Manuel Fourment Uribe, me parecía un viejo pintoresco. Siempre llegaba con la “lengua afuera”, tras subir, a canilla limpia, los cuatro pisos de la vieja edificación. 

Con sus típicas lentes “fondo de botella”, pinzas y alicates en los bolsillos traseros de sus pantalones anchos de dacrón, cada mañana comenzaba su tarea de construcción del transmisor de lo que sería Eco FM (90.5 Megahertz). No paraba. Cortaba y pegaba alambres. Testeaba. Insistía, y el personal  absorto, incrédulo.  

Por muchos días, la misma rutina. Siempre solo. Nunca otro técnico. De repente, desaparecía. Cuando regresaba, solo decía: “Estaba en Miami”. Insistía en que él lograría la construcción del transmisor. Desesperante. Iba lento. Pese a las lentes, tenía que acercarse a centímetros para ver los objetos. Estaba literalmente ciego. Sudoroso, seguía. Incertidumbre.

Un día, el ingeniero Morales informó orgulloso: “¡Ya!”. Y prendió su equipo. Eco FM estaba en el aire. El transmisor hecho a retazos no garantizaba el mejor sonido; tampoco la mejor potencia. Comoquiera, el anuncio hecho por el radiodifusor resultó una gran noticia para quienes le veían en sus afanes cotidianos mientras hacían pinitos en la división de Amplitud Modulada, la vieja Radio Unión, que alternaba música con programas rentados.

Eco FM, con programación musical, nacía con una falla de origen: sufría de intermitencia. El transmisor era vulnerable y carecía de emergente. Como si fuera poco, la emisora, el financiero, recursos humanos, todo, era el ingeniero Morales. Enamorado de su proyecto, pero sin un soporte económico que garantizara permanencia al aire, impotente, él comenzó a desencantarse. Sus ausencias en el cuarto piso del edificio Jaar resultaban cada vez más largas. Sus visitas, cada vez más breves…

Ante un probable quiebre de Radio Unión AM y Eco FM  –pensaba– me quedaría solo en RPQ, un piso más abajo, en mi otro trabajo. Otros locutores también cifraban sus esperanzas en la estación de Fourment Uribe, una empresa que sobrevivía por los arrendamientos de programas.

Y eso hice cuando ya no pude más. Imposibilitado por las precariedades, renuncié de la dirección de Eco FM y me quedé solo como locutor de RPQ. Mis expectativas sobre el éxito de tal empresa radiofónica se habían derrumbado. Un año después, la realidad real me concedió la razón. La frecuencia había sido traspasada a otro empresario, y volvería al aire como Estrella 90, con una programación romántica de considerable impacto. 

Con aquel paso efímero, sentaba yo las bases para el salto vital hacia Radio Radio, la importante estación de Rafael Martínez Gallardo (pionero de la “radio hablada”), bajo la dirección del reputado y culto locutor Jesús Rivera.      

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