Las 5 "D"

Optimismo ante la política Trump y su embajadora

“La soberanía es el alma del Estado y una vez 

que se separa del cuerpo, los miembros 

ya no reciben movimiento de ella”.

«Leviatán» (1651), Thomas Hobbes

En nuestro artículo del 14 de noviembre del año 2016 titulado: “Frontera e inmigración – prioridad para Trump – lo que debe ser para todo país”; reflexionábamos sobre la anunciada política fronteriza e inmigratoria del recién electo Presidente de los Estados Unidos, en el sentido de que estábamos convencidos de que su asunción a la más alta investidura del gigante del norte, era el resultado del descarnado proceso de globalización impuesto por el sistema imperante a la fecha, en el que “un pequeño grupo de poder de las principales potencias mundiales va llevando prácticas de dominio y medidas económicas y sociales que desemboquen en un gobierno mundial”.

Nos referíamos también a nuestra incredulidad de que gran parte de los ciudadanos norteamericanos y del mundo, encontrara descabellados los pilares de la propuesta del Presidente Trump que eran: rechazo del aborto y los matrimonios homosexuales; el respeto a los valores tradicionales familiares (pidiendo coherencia de la ley con los derechos naturales otorgados por Dios); reclamo de que la religión (La Biblia), sea una guía para que los legisladores hagan su trabajo; y – de gran importancia – control y seguridad fronteriza e inmigratoria; entre muchos otros  de no menor significación.

Entendemos que la llegada a la República Dominicana de la Embajadora norteamericana Robin S. Bernstein viene a atemperar un poco las preocupaciones de los sectores patrióticos interesados en los más sanos propósitos de la nación, en nuestra soberanía, nuestra identidad y nacionalidad. La embajadora acaba de referir a los medios de prensa, en lo relativo al tema de la frontera con Haití, que “Es una cuestión de soberanía, los Estados Unidos respetan las soberanías del pueblo dominicano y haitiano para determinar su propia frontera. Creo que hay un respeto absoluto. Según el Portal Dominican Today la Embajadora Bernstein agregó: “Estados Unidos sí apoya una seguridad fronteriza más estricta para la República Dominicana y Haití”.

Por esa seguridad fronteriza es la que hemos propugnado siempre, es el derecho que tiene todo Estado, de cerrar o abrir sus fronteras, es el derecho y las facultades de los que está investido el Estado para impedir la injerencia de otro Estado, siempre apegado a las normas de la Comunidad y el Derecho Internacional. 

A la soberanía que se refiere la diplomática norteamericana en el caso de la República Dominicana y Haití, es aquella que abarca los dominios de ambas repúblicas. Tales dominios son terrestre, marítimo y aéreo y sus políticas internas. En el caso de la República Dominicana, esta tiene el derecho, y así lo reconoce  Robin Bernstein, de disponer las medidas que considere pertinentes como Estado, para la protección y vigilancia de sus fronteras. Está reconociendo que nuestra seguridad fronteriza es débil, que deja mucho que desear; nuestra frontera con Haití, además de muy extensa (276km), es en su mayor parte abierta, desguarnecida, con poca protección, lo que ha permitido el paso de los cerca de 2 millones de inmigrantes ilegales haitianos que tenemos dentro de nuestro territorio, formando esto, parte del plan de fusión  orquestado internacionalmente por algunas naciones, ONGs y fundaciones que lo subvencionan bajo la promoción de “sociedades abiertas”.

En la actualidad, aquellos que justifican y propugnan por las migraciones internacionales sin control, se amparan en la supuesta necesidad del sistema económico, argumentando sobre la forma en que funciona, que según ellos, es más bien como una relocalización de mano de obra y de recursos desde zonas de baja producción a otras de gran rentabilidad. 

Otras corrientes que apoyan las fronteras abiertas ven las migraciones como la facilitación de la segmentación del mercado laboral para localizar mano de obra barata, mal cualificada, para hacer trabajos que los locales no están dispuestos a hacer; es el caso de los trabajos en plantaciones agrícolas de los Estados Unidos, en las que los mexicanos y trabajadores centroamericanos, como de otras nacionalidades, ejercen las labores que no harán nunca los estadounidenses.

Contra todo esto se ha mostrado el Presidente Trump, llamando a los dirigentes globales asistentes a la 73 Asamblea General de las Naciones Unidas, a escoger un futuro de patriotismo, prosperidad y orgullo por sus propias naciones, rechazando la ideología del globalismo. Saludamos la postura del Presidente de los Estados Unidos quien también criticó la Corte Penal Internacional, negando que tal organismo tenga jurisdicción sobre su país, el cual es soberano ante los jueces de este tribunal. De igual forma apartó a los Estados Unidos del Pacto Global de Migraciones tachando de “horrible y cruel” el tráfico de personas, y ha llamado a “ayudar a la gente a construir futuros más esperanzadores en sus países, haciendo a estos grandes otra vez”.

Alguien dijo que la función de las fronteras, rara vez es aislar del exterior, sino que más bien es filtrar; así lo entendemos nosotros, pues las autoridades deben tener el control de aquello que por allí entra o sale de nuestro territorio, como tráfico de personas, contrabando, narcotráfico, im-exportación de migrantes; y un largo etcétera. Nuestra frontera terrestre debe ser asumida como el máximo baluarte de la patria, de nuestra soberanía y de nuestra independencia; lo que garantizará la existencia de nuestra esencia como república y como nación dominicana. 

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