Liderazgo político, poder y posverdad

Julio Cuevas - 12 de octubre de 2018 - 12:08 am - Deja un comentario
En la sociedad dominicana de hoy hace falta un liderazgo confiable. La mayoría de la gente, salvo las que estan ciegas de fanatismo, desconfía de nuestros “lideres”, con razón o no, porque su actitud no conlleva certeza, sino incertidumbres. Hay un ambiente de sospecha que incita a dudar de todo y de todos. Ese panorama de inseguridad y de dudas, es el que contextualiza el modus operandi de una ciudadanía carente de guías válidos que puedan orientarla de manera racional y equilibrada, panorama éste que la ha situado en un trágico panorama social desprovisto de modelos a emular, cercado por la pandilla, el cacicazgo territorial, el chivateo, el providencialismo, la usura, la “cossa nostra” y el paternalismo estatal.

Hoy tenemos un liderazgo narcisista (se desgasta mirándose y estrujándose la cara en su propio espejo). Somos víctimas de un liderazgo egoísta (Nada más Acciona para su propio bien o para beneficio de sus aduladores). No actúan para bien de aquellas masas empobrecidas, a quienes venden sus alcanforados sueños y su demagogia. Hoy tenemos un liderazgo subyúdise de una justicia que actúa tuerta y e hipotecada en un mercado persa.

Nuestro actual liderazgo político está acéfalo. Carece de rumbo fijo. Va de tumbo en tumbo…desprovisto de razonamiento y de pertinencia. Hoy nos imponen un liderazgo paralítico, suicida…y corrupto. Ese no es el liderazgo que merecemos. Demasiados símbolos tenemos tenemos para emular: Duarte, Luperón   Bosch, Camaaño, Fernández Domínguez, entre otros. Entonces, qué nos ocurre? Me respondo diciendo que lo que nos ocurre es resultado del vacío  que hoy circunda al Estado dominicano y a la familia, de manera particular,  en la sociedad dominicana.

Cuando hablamos del Estado y de la familia, es inevitable hablar del poder, como factor de decisión y de dirección política. Cuando un liderazgo irracional tiene que asumir decisiones, sus resultados serán erráticos y timoratos, porque carece de reflexión crítica, la cual orienta desde los espacios áulicos. Esto implica asumir la educación como un compromiso de Estado e integrarla a las políticas de desarrollo del país.

Estado, educación y familia, son tres paradigmas socio-políticos que ningún líder que piense de manera transformadora, debe omitir en sus estrategias de planificación de dirección, al momento de poner en práctica el poder.

A menos que se esté pensando para beneficios personales o de un grupo, dentro del conglomerado poblacional, el líder y su liderazgo, han de estar al servicio del bienestar de la mayoría necesitada e indefensa de nuestra sociedad, no en beneficios de sus acólitos, como sucede en la actualidad en las demandas y “negociaciones”de los “líderes” de los gremios choferiles, los cuales andan negociando para su bienestar particular, aunque las causas de sus reclamos sean justificadas, dejando fuera a la población que es,  la que en verdad,  sufre sus desmanes.

Entre la simbología del liderazgo y el poder, media una fuerza fáctica envuelta en la posverdad. Vista la posverdad como un recurso ínformativo, donde “lo falso”, desde la repetición y la construccion de la simulación de hechos, pretenden convertirla en “verdad”. La posverdad, a través de los siglos, siempre ha estado presente en las instancias de poder, en los espacios de “dirigentes”, ante los “dirigidos”. No es una escaramuza discursiva, es una realidad que procura que en la psiquis de los sujetos, “lo falso” sea asumido como una “verdad incuestionable”.

Es de la posverdad que los liderazgos vacíos, huecos, se han mantenido asumiendo el poder, no como ficción, sino como un hecho tangible. Todo liderazgo y todo poder, sustentado en la posverdad como soporte político, tiende a desmoronarse, se detruye así mismo o es destruido por sectores de la sociedad que, con la influencia de otros liderazgos, pero eficaces, orientan, denuncian, informan, reclaman y ponen de manifiesto su esquelética estructura de mando.

La posverdad permea el liderazgo y el poder desde la existencia de la humanidad. No es una transgresión informativa “nueva”, surgida en este tiempo del mundo global y de la tecnología, no. Esa telaraña de la información está presente en todas las instancias socio-económicas, educativas y culturales de la vida.

La posverdad está presente en la publicidad, en la propaganda, en el matrimonio y hasta en la paternidad. No es verdad que es ahora que estamos haciendo conciencia de  la manipulación a que estamos siendo  sometidos, desde el liderazgo y desde el poder, hoy.  Desde que el sujeto hizo suya la lengua en su cotidianidad, la posverdad ha dejado aflorar su existencia.

El liderazgo, el poder y la posverdad, son factores políticos que conviven con nosotros, como sujetos pensantes en movimiento, desde el inicio de la humanidad. Lo importante es habilitar al sujeto a saber advertir, a tiempo, el veneno ideológico que se vierte desde el discurso de algunos liderazgos, desde el poder y desde la posverdad. Ese habilitar del sujeto debe estar manifiesto desde el Sistema Educativo Nacional; pero con la ausencia de la filosofía en nuestras aulas, el falso liderazgo, el poder y la posverdad, no justifican la proclamada “revolución educativa” (una posverdad).

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