Atalaya del escrutinio

Contra la estupidez

«Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano.» – Friedrich von Schiller

Una persona estúpida es alguien que causa daños y perjuicios a otros sin ningún beneficio para sí mismo, según la acertada definición de Carlo M. Cipolla en su clásico ensayo de 1976 titulado “Las leyes fundamentales de la estupidez humana” (“The Basic Laws of Human Stupidity” en el original inglés). Fernando Savater aclara que  “La estupidez es una categoría moral no una calificación intelectual: se refiere por tanto a las condiciones de la acción humana.”

El estúpido produce una pérdida neta a la sociedad.  En contraste, el malvado o bandido causa perjuicio a terceros en beneficio propio. El bandido perfecto-y son los menos- cuando roba sin violencia 100 pesos gana exactamente lo que su víctima pierde (100 pesos), en un equilibrio perfecto. Hay malvados muy ineficientes que para ganar algo provocan un daño mucho mayor a sus víctimas, acercándose a la condición del estúpido porque el efecto neto para la sociedad es muy negativo.  En efecto, muchos bandidos rayan en la estupidez.

El acto estúpido es el más peligroso, y es difícil de anticipar y combatir porque no es racional. Contra el malvado podemos tomar precauciones porque sabemos que le mueve siempre el interés propio, y debemos prevenir sus agresiones. El indefenso nos tiene sin cuidado y el inteligente siempre nos beneficia.  El estúpido es errático, y por tanto más destructor que todos los demás humanos. El odio, los celos y la rabia repentina son frecuentes acompañantes de la estupidez. Un caso extremo de la estupidez es el hombre que comete feminicidio; es estupidez agravada cuando además el estúpido quita la vida a los hijos o se suicida también. El estúpido perfecto quita la vida a otro ser humano al tiempo que pierde su propia vida. El estúpido light o necio provoca pérdidas a terceros, sin beneficiarse ni perjudicarse a sí mismo. Muchos empiezan como necios y progresan a la estupidez superior, como el machista de palabra y gesto que termina cometiendo feminicidio y provocando una gran tragedia familiar.

En resumen, las cinco leyes básicas de la estupidez, identificadas y analizadas con fina ironía  por Cipolla,  son:

Ley 1: Siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo. Grave error es subestimar el número de personas estúpidas, pues como veremos en la cuarta ley, es en extremo peligroso exponerse al contacto con una persona estúpida. Hay suficientes estúpidos para constituir un ejército arrasador, y en algunas ocasiones de hecho se concentran espontáneamente en torno a un “estupidísimo” y amenazan con la destrucción total de todo su entorno (por ejemplo, Hitler y sus contemporáneos estúpidos mayores).  Se dice que Albert Einstein fue de las primeras personas en apreciar correctamente  la prevalencia de la estupidez cuando supuestamente afirmó con irónica hipérbole: “Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro”. Pero ya en 1880, Gustave Flaubert había escrito tajantemente que “la estupidez humana es infinita”.

Ley 2: La probabilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona. En otras palabras hay premios Nobel estúpidos, sacerdotes estúpidos, presidentes estúpidos… En cada categoría de personas y en todos los tiempos hay un porcentaje fijo de estúpidos, o sea que es una idiosincrasia democrática que afecta aleatoriamente a todos los grupos humanos y tiempos históricos, sin distinción. Precisamente por eso se hace tan difícil identificar a los estúpidos y segregarlos para minimizar su impacto negativo en la sociedad.

Ley 3: Una persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio. La taxonomía de los humanos, según Cipolla, agrupa a los individuos en cuatro grandes clases: la inteligente, persona cuyas acciones benefician tanto a ella como a los demás; la persona incauta, cuyas acciones enriquecen a otros a su costa; el malvado, que se beneficia a costa de los demás; y el estúpido que inflige daños a terceros sin beneficiarse a sí mismo o hasta perjudicándose en el proceso, al igual que un terrorista suicida. Los estúpidos, sin embargo, solo distinguen dos clases de personas, los ganadores y los perdedores, pues no conciben que en un intercambio humano ambas partes pueden ganar. Sin embargo, los estúpidos provocan pérdidas para ambas partes, creyendo que siempre ganan.

Ley 4: Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas. Los no estúpidos, en especial, olvidan constantemente que en cualquier momento y lugar, y en cualquier circunstancia, tratar y/o asociarse con individuos estúpidos se manifiesta infaliblemente como un costosísimo error. El estúpido es una bomba humana que puede estallar en cualquier momento, y por eso hay que evitar estar cerca, porque nunca sabemos cuándo explotará. Y cuando el estúpido es intelectual o gobernante el potencial nocivo es incalculable. Al subestimar el número de estúpidos en nuestro entorno y su alto potencial para causar destrucción, estamos todos actuando como incautos.

Ley 5: La persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe. El corolario de la ley dice así: El estúpido es más peligroso que el malvado. No hay ser más funesto que el estúpido, ni fuerza más destructora que la estupidez. Hasta los malhechores deben evitar asociarse con estúpidos, pues les podría costar caro subestimar el peligro que representan. Líbrame del estúpido que del bandido me libro yo.

A pesar de que Cipolla parece concordar con Schiller en que poco o nada podemos hacer para eliminar la estupidez en Homo sapiens y señala la dificultad de evitar contacto con los estúpidos,  en las propias palabras del autor, las leyes de la naturaleza humana descubiertas por él son: “…el resultado de un esfuerzo constructivo por investigar, conocer y, por lo tanto, posiblemente neutralizar, una de las más poderosas y oscuras fuerzas que impiden el crecimiento del bienestar y de la felicidad humana.  Es del inteligente no solo leer y estudiar estas leyes fundamentales de la naturaleza humana, sino también compartir su conocimiento sobre todo con los incautos.  

¡Vade retro estúpido!

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