El Sol Naciente

Vivencias de un ritual en Platanal

“Hay amores que matan”, suena muy bien en la canción del Dúo Pimpinela. Si, es cierto, pero hay muertos que de tanto que los amamos en vida nos sacuden de dolor, de angustia y de un profundo vacío que parece no colmarse en la triste desesperación que albergan sus cercanos deudos. Para comprender esta encrucijada de la existencia humana no necesariamente tenemos que graduarnos de psicólogos ni psiquiatras, es algo que nos conmueve y advertimos de reacciones que suelen ser diversas y muy propias de cada circunstancia.
En la muerte los sujetos son despedidos, pero ellos no nos dicen el último adiós, paralizados yacen sin hálito alguno de vida; sólo los vivientes que les despiden entran en comprensión de su ida y se agolpan en su mente memorial aquellas vivencias y sucesos que se correlacionan, destacando la impronta de cuestiones insólitas, fuera de lo común, y ciertas formas atípicas de su bregar en vida. Anécdotas se cuentan de las travesuras en compañía que con nobleza o no, convivieron en el trayecto de relaciones familiares o compañerismo. Generalmente somos indulgentes para con los desaparecidos. ¡ Que bueno era!., ! Desprendido de todo lo material! ¡tenía un corazón tan amable!. Y otras consideraciones que los exculpan de toda maldad. Su carta de presentación ante Dios, un inocente con debilidades humanas.
El pasado domingo día del padre me interne con todo y familia a cumplir en los funerales del fallecimiento de la madre abnegada de Sonia, a quien queremos como una hija, trasladándonos al Distrito Municipal de Platanal de Cotui, una ciudadela con bastante perfil rural, donde residen gente pobre y de ambiente campesino. Allí la pequeña Iglesia a medio terminar, un párroco humilde que se se funde con los humildes devotos, tal como se adapta la estrategia y el protocolo de la Iglesia Católica desde siglos. El Cementerio con bóvedas rústicas y sin pintar, vecinito de la Iglesia; un mundo tan distinto al que acostumbramos ver en la Capital o el que nos venden en los medios con riquezas, torres, plazas y avenidas lujosas. En Santo Domingo los muertos se despiden más que con sentimientos, con pretensiones sociales en las elegantes funerarias.
Allí, en Platanal, observé la humildad engrandecida de sentimientos, dolor y congojas de personas, familiares, hijos y nietos que no pudieron soportar en su alma decir el último adiós a Divina, y despavoridos corrían en un ritual de locuras para evitar el triste espectáculo de dejar el ataúd en la cueva de cemento. No soportaban estas niñas contemplar los despojos de su abuela en abandono, otras de intensos dolor caían y eran llevadas en brazos para tranquilizarlas con verrón y otras sustancias. Estos rituales de sentimientos profundos y auténticas expresiones de amor, van extinguiéndose a son de la nueva modalidad social y de la aparición de un mundo hipócrita y vanidoso. Quedaron mis hijos estupefactos porque no conocían personalmente de ese comportamiento tan sincero, tan humano… Demasiado humano…..de nuestra gente en el otro rincón de nuestra vida social.

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