Estamos muriendo

Dunia De Windt - 14 de junio de 2018 - 12:07 am - Deja un comentario

Solo en lo que va de año 40 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o ex parejas. Es una epidemia global. Una pandemia que lacera la vida de los hijos y los familiares directos de víctima y asesino.  Sucesos que horrorizan a una población sin armas para enfrentar, con un gobierno que no termina de entender que ya esto es un asunto de salud pública y no ejecuta directrices a seguir para, por lo menos, tratar de disminuir su aumento.

No importa todo lo que diga la Procuraduría General del país y aquellas autoridades judiciales que constantemente enarbolan la bandera de la “defensa” de la mujer y niños, y que a la hora de la práctica todo se vuelve nada. Desamparo total a las mujeres, a esos niños maltratados, abusados o huérfanos dejados a la suerte.

En ese mismo orden, tenemos un Ministerio de la Mujer (inservible) que solo se escucha cuando lanza alguna campaña promocional de la “defensa de la mujer” a través de los medios y poco más. Una entelequia que no aporta a la solución de los problemas, a la falta de educación que tenemos de base en este país en todos los órdenes con relación a la mujer, niñas y niños. Una falta de educación en esas familias poco informadas que va de generación en generación.

Una sociedad que adolece de educación y de herramientas de información que no llega a todos los rincones, y solo se concentra en el centro. Esa educación no se expande a campos, zonas rurales y demás municipios y barrios marginados donde se concentra la alta tasa de asesinatos de mujeres y jóvenes, muchas veces “forzadas/os” y otras por voluntad propia a residir bajo el mismo techo con parejas disfuncionales, uniones prematuras y sin perspectivas de mejoramiento que acaban aniquilando sus vidas por el poco raciocinio y discernimiento desarrollado. 

No hay políticas para la protección de la mujer y niños, tampoco justicia.  Es inexistente la verdadera aplicación del Poder Judicial en múltiples casos de asesinatos, abusos y atropellos, ya sea por la lentitud en el tratamiento de los casos o por la poca atención que las mujeres, niños y jóvenes reciben en las distintas fiscalías del Estado.  No hay aplicación judicial para la protección de aquella mujer que denuncia sin ser escuchada y envuelta en ese marasmo de desatención, su verdugo aprovecha para cegarle la vida. Observamos que la mayoría de los casos suceden en estratos sociales bajos, muy bajos…..

En nuestro país hay un sinnúmero de asociaciones y organizaciones que velan por el cuidado, información y defensa de la mujer y niños pero éstas no tiene los suficientes recursos para hacer llegar sus herramientas educativas a todo el país y necesitan del apoyo estatal, de políticas públicas. Un estado que mira hacia otro lado con este tema. 

Urge un cambio en la sociedad, urge enfrentar decididamente y con políticas de Estado esta lacra de manera real.  Obviamente, nada, absolutamente nada hará desviar a un asesino de su propósito de aniquilar una vida pero si tenemos herramientas informativas, oficinas estatales de protección a la mujer y niños,  hacemos que esas mujeres se informen llevando educación a todas aquellas que se sienten desamparadas y poco apoyadas por su propio núcleo familiar, sumado a un Poder Judicial que pueda acelerar y proteger a la mujer en materia judicial y a esas familias destrozadas obtener justicia, pues, pienso que puede disminuir el índice demencial de asesinatos que estamos observando.

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