Al amanecer

Razones para el optimismo

¿Tiene la sensación de que el mundo se está acabando a juzgar por los titulares de los diarios? ¿Considera obsoleta la idea del progreso, a la luz de la desigualdad económica y social? ¿Teme que se acabó la capacidad humana de empatía y que el crimen, la maldad, la delincuencia y el terrorismo se imponen poco a poco? ¿Cumplió la democracia su cometido, y ahora cede a la indiferencia ciudadana, a la autocracia y a la dictadura? ¿Hay razones válidas para el pesimismo sobre el futuro de la humanidad?

Esas inquietudes puntuales siguen siendo temas de intensos debates dentro y fuera de las academias de Estados Unidos y de Europa. Y muchos sociólogos no están de acuerdo en que el espíritu del pesimismo al parecer siga contagiando las ideas de muchos a la luz de hechos innegables que bordean la incertidumbre sobre lo que el futuro depara a la humanidad, pese al mensaje apocalíptico de algunos y la propuesta de la tecnología como panacea para muchos de los problemas que nos aquejan.

Desde Erich Fromm hasta Sai Baba, pasando por Emmanuel Kant, Deepak Chopra y Eckhart Tolle, hasta el filósofo Steven Pinker, en su obra Enlightenment Now: The case for reason, science, humanism, and progress, coinciden en que hay vastas razones para asumir que tras un milenio y un tercio de la historia de la humanidad, hoy, aquí y ahora, estamos mejor que en la Edad Media y el período inicial del Renacimiento.

Para algunos la afirmación podría resultar controvertida en virtud de los episodios que se registran a diario en cualquier latitud del planeta. En términos estadísticos, la vida, la salud, la prosperidad, la seguridad, la paz, el conocimiento y la felicidad están en auge, no sólo en el mundo Occidental sino en todo el planeta. Algunos pensadores afirman que dicho avance no es fruto de fuerzas cósmicas o de un flujo místico. Lo atribuyen a un don fruto de la convicción de que el conocimiento puede ampliar el florecimiento humano.

Para ellos el nuevo Renacimiento ha funcionado, pero necesita una vigorosa defensa, ya que navega contra corrientes de la naturaleza humana: el tribalismo, el pensamiento mágico, el autoritarismo y la demagogia que muchos están en disposición de explotar. Y lejos de ganar consenso entre los intelectuales, los nuevos ideales son rechazados de manera furiosa por religiosos, políticos, pesimistas intelectuales y otros que insisten en que la Civilización Occidental está en declive terminal.

A su entender, el resultado de ese pensamiento ha sido un fatalismo corrosivo y una disposición humana a destruir las instituciones de la democracia liberal y la cooperación global, en algunos casos, con opciones peores que la democracia como el populismo, la autocracia, el caos, el paternalismo, el vacío de poder y la elección de gobiernos autoritarios, en detrimento de los derechos ciudadanos obtenidos a sangre y fuego en el devenir de la historia de la humanidad.

Pinker la emprende contra las fuentes del cinismo y la hecatombe. Y cuestiona: ¿son los humanos inherentemente irracionales? ¿Necesitamos la religión para afincar las virtudes de la moral? ¿La modernidad nos deja en soledad y con tendencias suicidas? ¿Vivimos en la era de la post-verdad? ¿Y la era del terror?. Y subraya si llegaremos a un final apocalíptico de guerra nuclear, recursos limitados, cambio climático, realidad virtual y la inteligencia artificial fuera de control?

Con profundidad intelectual y brillo literario, Steven Pinker, asegura que con el uso de los ideales combinados de la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso, se podrá confrontar los enormes problemas actuales y continuar el avance de la humanidad, teniendo como punta de lanza el optimismo. Para él, la única manera de enfrentar los desafíos es hallando soluciones. Algunos son difíciles. Pero advierte que no se debe confundir la dificultad con retos que no pueden ser superados.

Para el académico, el optimismo es la teoría de que todos los fracasos y todos los males, tienen sus raíces en parte por el conocimiento insuficiente. Estima que los problemas son inevitables, debido a que los conocimientos en general son incompletos. Y cita al físico David Deutsch, en su obra The Beginning of Infinity, donde subraya que “si nos atrevemos a comprender, el progreso es posible en todos los campos: científico, político y moral.”

Concluye que una civilización optimista debe estar abierta y no temer a la innovación, cimentada en tradiciones de críticas. Sus instituciones deben mejorar. Y más relevante todavía, que el conocimiento adquirido sea uno que permita detectar y eliminar los errores. Cabe preguntar: ¿por qué el pesimismo dominicano persiste en permanecer ausente de toda solución a los problemas y a los desafíos de la hora actual, y se apuesta de manera empecinada en la falsa ilusión del callejón sin salida y a que todo está perdido?

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