Atalaya del escrutinio

El odio colectivo y su secuela

“Cuanto más pequeño es el corazón, más odio alberga.” –Victor Hugo

Si odiar a un individuo es un sentimiento reprochable, incitar al odio es aborrecible. El odio colectivo es un fenómeno abominable, y el fanatismo es una monstruosidad.

El odio colectivo no surge espontáneamente y tampoco se disipa por arte de magia. “Estamos obligados a luchar enérgicamente contra todos los eventuales gérmenes de odio colectivo”, nos recuerda Václav Havel.  Pues el odio grupal hay que combatirlo antes de que coja cuerpo, desde que el discurso que propaga esa maldición asoma la cabeza, debemos unirnos para frenarlo antes de que se materialice el delito de odio, que es la secuela del odio grupal desenfrenado.

Prevenir para no lamentar significa contrarrestar la propagación del incipiente odio ideológico en todas sus manifestaciones. Sin contrapeso, el odio se propaga como la peste, o como mejor lo expresara Jean-Paul Sartre,  “basta con que un hombre odie a otro para que el odio vaya corriendo hasta la humanidad entera”. Luchar contra el odio es una misión delicada porque no debemos combatirlo con su propio veneno, pues sería lo mismo que multiplicar el odio. Tampoco hay un antídoto mágico para neutralizar el odio en una democracia liberal; su combate es un mano a mano y todos los días.

Gracias a la periodista y filósofa alemana, Carolin Emcke, ya tenemos a mano un comprensivo manual del ciudadano para luchar contra el odio grupal de manera sistemática. La lectura y consulta continua de Contra el odio* (original en alemán, Gegen den Hass, Frankfurt, 2016) nos provee la estrategia y las armas para enfrentarnos con valor contra el odio, sin socavar la sociedad abierta en el proceso. En el prólogo Emcke nos anticipa:

Es absurdo enfrentarse al rigorismo con rigorismo, a los fanáticos, con fanatismo, a los que odian, con odio. La antidemocracia solo se puede combatir por la vía democrática y con los instrumentos del Estado de derecho. Si una sociedad liberal y abierta quiere defenderse, solo lo logrará mientras siga siendo liberal y abierta.  Si la Europa moderna, laica y plural es atacada, no puede dejar de ser moderna, laica y plural.  Si unos fanáticos religiosos o racistas pretenden dividir la sociedad en categorías basadas en la identidad y la diferencia, se requieren alianzas solidarias que piensen en términos de semejanza entre los seres humanos. Si los ideólogos  fanáticos presentan su concepción del mundo como una simplificación a trazo grueso, no se trata de superarlos en su reduccionismo y superficialidad, sino que es preciso diferenciar.

Emcke analiza en detalle la naturaleza del odio y su fundamento en la certeza absoluta, estableciendo que su talón de Aquiles es la duda.  Cómo pueden estar tan seguros. Porque quienes odian deben sentir eso: seguridad. De lo contrario, no hablarían así, no harían tanto daño, no matarían de esa manera. De lo contrario, no podrían humillar, despreciar ni atacar a otros de ese modo. Tienen que estar seguros. No albergar la más mínima duda. Si se duda del odio, no es posible odiar. Si dudaran, no podrían estar tan furiosos. Odiar requiere de una certeza absoluta. El más mínimo «tal vez» sería molesto. Cualquier «puede que» socavaría el odio y consumiría una energía que lo que pretende es, precisamente, ser canalizada.”

El odio no se puede combatir con odio, pues contraponer odio al odio solo lo afianza. La duda infiltrada, en cambio, va agrietando sus bases e inmovilizando su voluntad. La autora propone tres grandes categorías de armas para provocar la duda: la observación, la ironía y la imaginación. La estrategia es desarticular la red de propagación del odio social:

El odio solo se combate rechazando su invitación al contagio. Quien pretenda hacerle frente con más odio ya se ha dejado manipular, aproximándose a eso en lo que quienes odian quieren que nos convirtamos. El odio solo se puede combatir con lo que a ellos se les escapa: la observación atenta, la matización constante y el cuestionamiento de uno mismo. Esto exige ir descomponiendo el odio en todas sus partes, distinguirlo como sentimiento agudo de sus condicionantes ideológicos y observar cómo surge y opera en un determinado contexto histórico, regional y cultural.

Emcke además nos demuestra que la lucha contra el odio ha de ser una misión en equipo, de todos los ciudadanos comprometidos, no solo de algunos grupos que se sienten más inmediatamente afectados por los primeros embates del odio grupal. Todos somos responsables de no dejar pasar el odio, de no permitir que se normalice ante nuestros ojos sin reaccionar enérgicamente con las armas a nuestra disposición. No se trata de coartar la libertad de expresión, sino de hacer uso del mismo derecho para interrumpir con astucia la cadena que permite su metamorfosis en fanatismo. No podemos ser cómplices pasivos del odio, o seremos su víctima. Con la publicación de Contra el odio ya no tenemos excusas para no actuar responsablemente en el combate al odio y el fanatismo.

*Titulo: Contra el odio

Autor: Emcke, Carolin

Edición: Bogotá, 2017

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