Al amanecer

¿Un dragón de mil cabezas?

¡¡¡Ahí vienen los chinos!!!, exclama mi compadre Genaro allá en Bonao, tras el anuncio de la administración del presidente Danilo Medina de cortar los lazos políticos y comerciales de la República Dominicana con Taiwán, un socio democrático de más de siete décadas, para dar inicio a relaciones de alto nivel con el gobierno comunista de China, el país más poblado del planeta con ansias de dominio mundial que apuesta a un sistema binario de capitalismo estatal salvaje con un rígido control político y social.

La euforia que ello ha generado entre ciertos sectores nacionales, con una candidez inaudita similar a la de los indígenas del descubrimiento con la llegada de los conquistadores y de los espejitos, puede ser motivo de inquietud entre quienes ignoran otros factores que conforman la realidad interna de ese dragón de mil cabezas que apuesta a conquistar el mundo a base de tácticas comerciales cuestionables.

Entre ellas, el sistema forzado de devaluación táctica del yuan. Dicha moneda nacional, montada sobre el dólar estadounidense, facilita inundar los mercados con mercancías baratas y de baja calidad, contrario a si fuera flotante y competitivo como estipula la Organización Mundial de Comercio. Ello ha permitido a los herederos de Mao, Deng Ziao-Ping y XI Jinping, la ventaja de acumular una inmensa reserva de monedas fuertes, generando de forma simultanea una claque de millonarios, miles de millones de chinos en la pobreza y el auge galopante de la corrupción.

Con el billete verde en mano y montado en el caballito de la globalización brutal, la dirigencia comunista china se dio a la tarea de promover la percepción de un país desarrollado, al menos en cifras, y de flexibilizar su músculo financiero adquiriendo bonos de los Estados Unidos y de otros países altamente endeudados por el exceso del consumo, bajo ahorro y crédito fácil, mientras inundaba los mercados competitivos con productos de mano de obra esclava y acuerdos comerciales bilaterales leoninos.

Aunque el progreso material relativo se refleja en zonas costeras chinas, en detrimento de las regiones rurales, y su incremento se triplicó desde 1978 en términos de la paridad en el poder de compra con moneda dólar, debido al precio ajustado en la industria agrícola y en su producción industrial, la realidad es que la economía china sigue siendo la segunda del mundo frente a la de los Estados Unidos en el valor de los servicios que produce. Para colmo, su ingreso per cápita se sitúa por debajo del promedio mundial, según The CIA World Factbook, edición 2016.

El gobierno comunista de China enfrenta una serie de desafíos económicos, entre los que se pueden citar los siguientes: reducir su alto nivel de ahorro doméstico e incrementar los niveles de consumo; facilitar empleos con salarios más elevados que permitan afincar a la aspirante clase media formada por la migración rural –250 millones que buscan empleos en zonas urbanas–, y el creciente número de estudiantes graduados desempleados cuyo futuro parece incierto.

Además, reducir la espina sangrante de la corrupción y otros delitos económicos, así como la desigualdad social derivada de la acelerada transformación de la economía; detener el enorme daño a la ecología –es el primer país contaminante del mundo–, con el notable deterioro de la erosión de terrenos agrícolas, el aire contaminado y la creciente escasez de agua potable en regiones en el norte del país, el control de la natalidad, entre otras dificultades a largo plazo.

Varios factores coinciden en frenar el crecimiento de la economía china, tras el decimosegundo plan quinquenal adoptado por el Buró Político en marzo de 2011 y ratificado por el Tercer Pleno del PCC en noviembre de 2013, entre ellos la dependencia de la economía de materias primas extranjeras como el petróleo, carbón y chatarra, los programas de subsidios a proyectos de desarrollo, la burocracia financiera de los bancos estatales, el peso de la deuda y la distribución de los recursos.

El súbito anuncio de la administración Medina de acercar el país al gigante chino tomó a muchos por sorpresa. Algunos imaginan que los presuntos vínculos del canciller Miguel Vargas Maldonado, con empresas chinas durante los trabajos contratados para la ampliación y expansión del Canal de Panamá, han dado resultados. Lo cierto es que ha nadie se le preguntó, consultó o cuestionó tal medida, asumiendo que podría resultar beneficiosa para alguien. Ojalá la inversión sea proporcional a las expectativas y supere los riesgos cuando se negocia con un socio como China, incluida la suspicacia y la desconfianza de los Estados Unidos, y el débil mercado nacional no sea inundado por un tsunami chino.

La pregunta clave es: ¿podrá el gobierno y los empresarios dominicanos, más allá del potencial turismo chino, resistir la presión de una economía altamente competitiva como es la de China, y sus efectos colaterales, a cambio de programas, subsidios y proyectos que sólo sirven para fines estratégicos de un gigante con pies de barros y cuyo objetivo es posicionarse frente a los Estados Unidos –en medio de una coyuntura mundial—para tomar el control y el dominio de las economías y los mercados de enclave en el Caribe imperial? Ya veremos… dijo Genaro en Bonao.

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