Primarias Abiertas vs Primarias Cerradas

Juan Alberto Liranzo - 3 de mayo de 2018 - 12:00 am - Deja un comentario

Julios Cesar Castaños, en conferencia dictada en la Cámara Americana de Comercio, declaró que la Junta Central Electoral está en condiciones de organizar unas elecciones conforme al método que aprueben los legisladores en el congreso. Las declaraciones del magistrado Castaños se esgrimen en un momento de arduos debates respecto a la celebración de elecciones abiertas o cerradas en los diferentes partidos del país; discusión que ha provocado disparidades en el liderazgo político de la nación. Sin embargo, ante los diferendos que ha generado tan espinoso tema debemos preguntarnos: ¿Está preparado el país para unas elecciones de primarias abiertas y simultaneas? ¿Sería legal dichas elecciones en los partidos políticos?   

Según el mismo Julio Cesar Castaños, las elecciones primarias y simultaneas costarían al país un aproximado de RD$ 5,628,000,000, de acuerdo al presupuesto provisional elaborado por la Dirección General de Elecciones del organismo comicial; así como la implicación de celebrar, posiblemente, 4 elecciones entre noviembre del 2019 y junio del 2020. Obviando el método de elecciones abiertas y simultáneas para los partidos políticos, ya los procesos electorales en la Republica Dominicana cuestan bastante dinero al Estado, invirtiéndose un aproximado de 29 dólares por voto, esto es, RD$ 1,421 pesos dominicanos; manteniéndose así uno de los procesos electorales más costosos de la región.

Pero las Primarias Abiertas vs Primarias Cerradas no debe verse como un tema puramente económico, sino también evidentemente jurídico. En ese sentido, algunos afirman que de ser aprobado por las cámaras legislativas el proyecto de unas primarias abiertas y simultáneas se estaría inobservando lo prescrito por la Constitución dominicana en su artículo 216 en detrimento del sustento constitucional que le asiste a los partidos y movimientos políticos. No obstante, otros argumentistas afirman que el proceso de elecciones abiertas y simultáneas fue un tema debatido y superado en el país, y muestra de ello es la ley 286-04 que establece el sistema de elecciones primarias de los partidos. No obstante, dicha ley fue objetada por la Suprema Corte de Justicia al ser declarada inconstitucional y violatoria al derecho que le asiste a los partidos de elegir, conforme a la ley, sus autoridades.

Las primarias abiertas significa que todos los ciudadanos, aptos para votar, pueden participar de los procesos electorales internos de los partidos aun cuando dichos ciudadanos no formen parte del mismo, o sea, que participen electores externos al partido en su proceso de elección interna. De asumir como cierto el hecho de que dicho proceso ya fue, en una ocasión, debatido en el país, debemos concluir con que el mismo terminó por ser inconstitucional y de esa forma concluyó el debate. Por lo pronto, ¿Por qué insistir en un tema dirimido en favor de la inconstitucionalidad del mismo? Suponemos que la respuesta debe buscarse en intereses esencialmente políticos.

El liderazgo activo de los partidos políticos no encuentra acuerdos en tan engorroso tema, y lo que resulta más significativo: han hecho público sus desacuerdos internos. Por ejemplo, la primera diferencia que se ha exteriorizado en el principal partido de oposición del país se sucede en torno de la aprobación o no de unas elecciones abiertas, destacándose las opiniones de sus líderes; Luis Abinader y el Ing. Hipólito Mejía. Igualmente sucede en el seno del PLD, donde sus principales dirigentes parecen diferir en sus opiniones respecto al debate.

Como puede apreciarse, tres son las vertientes que deben tomarse en cuenta al momento de juzgar la conveniencia del establecimiento de elecciones abiertas y simultáneas entre los partidos: primero el aspecto económico, segundo la vertiente jurídica y tercero el aspecto político. Naturalmente, un tema cuyo capitulo haya sido cerrado por la decisión contenida en una jurisprudencia de la SCJ no debe ser debatido nueva vez como si se tratase de algo nuevo, o desconociendo lo inoportuno de una decisión, pero, como siempre, al final el poder político obra sobre toda razón y muchas veces desconoce lo que conviene a las instituciones democráticas.

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