Al amanecer

Venezuela: ¿una bomba de tiempo?

La dinámica de la migración venezolana por razones políticas, económicas y humanitarias, ha convertido a Colombia en su principal destino. El gobierno aprobó con la Resolución 5797/2017 un permiso especial de residencia permanente, PEP, pese a que un alto porcentaje ingresa como puente hacia terceros países, lo que permitió regularizar hasta el pasado año a 68-mil-374 ciudadanos que había ingresado hasta el 28 de julio de 2017, la mayoría asentados en Bogotá, Medellín y Barranquilla.

Cifras oficiales, de la Organización Internacional para las Migraciones y de la ACNUR –citadas en un taller en Miami patrocinado por la Asociación de Periodistas Venezolanos en el Extranjero, (APEVEX)– precisan que la gran parte de los emigrantes proceden de ciudades fronterizas, entre ellas Táchira, Zulia, Barinas y Mérida, recibieron la mayoría de las tarjetas del PEP, en lo que refleja una preocupante oleada de inmigrantes que se traslada a Ecuador, Perú, Chile, Estados Unidos, Panamá, México, España, Argentina, Brasil y Costa Rica.

Datos recopilados por la organización The Libre Initiative (theLIBREinitiative.com) con sede en la ciudad de Arlington, estado de Virginia, precisan que la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, reportó el pasado agosto numerosas violaciones a los derechos humanos “en plena ruptura del Estado de derecho” en Venezuela, tras reconocer que “la responsabilidad de las violaciones de derechos humanos que se registran corresponden a las más altas instancias del gobierno.”

Los venezolanos superaron a los chinos en peticiones de amparo desde la muerte en 2013 del expresidente Hugo Chávez, cuando apenas sólo pidieron asilo 786, igual ha multiplicado por 37.

Subraya que en el plano social, cuatro ciudades venezolanas –Caracas, Maturín, Ciudad Guayana y Valencia—están entre las diez ciudades más peligrosas del mundo, en base a la tasa de homicidios por cada 100-mil habitantes, siendo Caracas, la capital, la más peligrosa del planeta. Otro aspecto que alimenta la emigración venezolana refleja que entre mayo de 2012 a mayo de 2017 la capacidad de compra del salario mínimo osciló de 52-mil-854 calorías diarias, a sólo siete-mil-005, cifra deficiente para alimentar a una familia de cinco miembros.

A ello se suma los resultados de la Encuesta sobre las Condiciones de Vida de 2017. La tasa de pobreza se incrementó de 48 por ciento en 2014 a 87 por ciento para finales del pasado año, con el 61,2 por ciento de los venezolanos en extrema pobreza y el 89,4 porciento con ingresos insuficientes para comprar alimentos. La pérdida de peso en niños y adultos se ha generalizado y el 64 por ciento de los consultados perdió en promedio 25 libras en 2017.

Según el economista Ricardo Hausmann, la catástrofe económica que fustiga a los venezolanos eclipsa cualquier otra en la historia de los Estados Unidos, Europa Occidental, o el resto de América Latina. Cifras oficiales del Fondo Monetario Internacional señalan que el producto bruto interno de Venezuela se encuentra 35 por ciento por debajo de sus niveles de 2013. Se estima que casi tres millones de venezolanos han emigrado, es decir una décima parte de la población en las últimas dos décadas. Incluso el tráfico de drogas se ha reducido a cero a lo interno porque los consumidores ni los narcos disponen de fondos para alimentar el siniestro negocio.

Sólo en 2017, las autoridades de los Estados Unidos han recibido 29-mil-250 solicitudes de asilo político, según cifras de las autoridades de Inmigración, el doble del año previo cuando apenas llegaron a 14-mil-738. Los venezolanos superaron a los chinos en peticiones de amparo desde la muerte en 2013 del expresidente Hugo Chávez, cuando apenas sólo pidieron asilo 786, igual ha multiplicado por 37.

Mientras que en Chile, se otorgaron más de 120 -mil permisos de residencia entre 2015 y 2017, surtidos entre permanencias definitivas y visas temporales, éstas últimas divididas en tres categorías: sujetos a contratos, estudios o temporarias. La OIM tiene registrado que entre igual período de tiempo se emitieron 300-mil permisos de residencias permanentes o temporales en Sudamérica, a través de procedimientos regulares o en aplicación de medidas extraordinarias. Con esas cifras contundentes, cabe preguntar: ¿es Venezuela una bomba de tiempo?

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