El Sol Naciente

Un discurso temeroso de la palabra corrupción

No me sorprende el discurso danilista plasmado en el día de la Patria, atravesado de mentís en medio de tanta solemnidad, porque sus palabras fueron un sueño maravilloso, semejante a aquel Nueva York Chiquito que se levantaba en los pininos del primer Gobierno del PLD que dirigió Leonel; escuche en una persona del pueblo en la TV cuando una reportera le pregunto su parecer del Discurso del Presidente Medina, y este humilde personaje respondió con tanta sabiduría: es el Pinocho del Caribe. Observen que su símil es una figura de su invención que intenta contrastar los sueños con la dura realidad de sus vivencias.
Pero no es para menos, ese discurso del 27 de febrero fue una pieza que se desdoblo en mascarada , cual disfraz carnavalesco que exhiben los guardias caras pintadas en el desfile militar con gran despliegue de carrocería militar y marcha triunfal; por suerte con mayor disciplina, fortaleza y atracción popular por la coherencia que en el orden militar orgullosos exhiben las brigadas para deleitar a su pueblo, al amparo de su correría, su marcha rítmica, su colorido estandarte de insignias patrias al frente y su vestuario impecable. Remembrando en los espectadores situados a ambos lados del Malecón la historia diplomática, protocolar e institucional de los mandos militares desde los tiempos antiguos, tan semejante a la diplomacia eglesial y sus rituales envolventes a causa de su invocación sagrada por encima de lo humano. Son las dos instituciones donde el protocolo, la disciplina, el buen orden y las normas se respetan con gran solemnidad.l
Entonces, yo que vi y escuche el manido Discurso del Presidente Medina con las mismas promesas y llamadas a perspectivas de esperanzas como muchos de los anteriores en el gran Salón del Congreso, amén de que no fue la rendición de cuentas de un año (2017), sino de un cuatrienio o más; llegue a la conclusión precipitada de que era espectador de un carnaval hecho a la inversa, ahora en el Congreso en primera partida, y los diablos cojuelos sentados como espectadores en la barra del Senado, a título de diputados, senadores e invitados.
Ahí estaba el verdadero y auténtico Carnaval, disfrazado de demagogia, mentiras e hipocresía vendiendo la Patria en sus 174 años de fundada; dejando como olvido demencial los temas fundamentales que llamaban la expectación de los ciudadanos: los escándalos de las mil y una noches, la corrupción y la invasión extranjera, sólo para citar dos temas y no la seguridad y la violencia criminal. Perdió el Presidente una oportunidad de oro en ese escenario que debió aprovechar para afrontar con valentía y responsabilidad los graves problemas nacionales que todo ciudadano dominicano y residente sazona en los más diversos espacios sociales: «quedaron como pericos en la estaca», saboreando la llegada del buen juicio del mandatario.
Ya en artículos anteriores he referido el temor del Presidente y sus funcionarios de referirse al tema y prefieren guardar absoluto silencio cuando de corrupción se trata, no gana nada y lo pierde todo; esa palabra envuelve un concepto que anduvo muy de cerca de su despacho en la materialización de los hechos bochornosos y así lo sugirió su estratega brasileño Joao Santana: guarde usted distancia y no se implique en esa polémica.
Al parecer, su estrategia le permite ganar tiempo, puesto que el aparato de justicia esta secuestrado por el Partido de Gobierno, razón poderosa que hace emerger la impunidad y en consecuencia la ausencia de sanciones judiciales; mientras tanto en otras naciones de Sudamérica y Centroamérica caen prisioneros ExPresidentes, tal como comenté en artículo anterior, enumerando una docena de estadistas que saquearon el patrimonio de sus pueblos.
En fin, la palabra corrupción no existe en el lenguaje oficial, porque su denotación o significado persigue implacablemente la conciencia corroída de esclavitud al enfrentarse al pensamiento moral que ha de poseer todo ser humano.
No hubo en su disertación presencia ni mucho menos propuestas de soluciones a los más acuciantes problemas del País. Estoy firme en creer que sólo el tiempo podrá darnos las respuestas por vías de acciones de consecuencias a modo de los casos del mundo exterior.

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