Las mujeres no vamos a dar las gracias

"Todas nos dábamos cuenta de que representábamos algo más. Éramos mujeres y las mujeres habíamos sido hasta entonces tan discriminadas que estábamos obligadas a manifestarnos de la mejor manera, para que la gente viera que valíamos, que éramos iguales"
Servicios de Acento.com.do - 16 de noviembre de 2018 - 10:00 pm - Deja un comentario
Foto: Acento.com.do/Archivo/EFE, MADRID, España.-Las once ministras elegidas por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, siendo el Gobierno con mayor presencia femenina de la historia: Carmen Calvo, Vicepresidenta. Ministra de Presidencia, Relaciones con las Cortes e Igualdad; Isabel Celaá, Potavoz del Gobierno y Ministra de Educación y Formación Profesional; Margarita Robles, Ministra de Defensa; Nadia Calviño, Ministra de Economía y Empresa; Mª Jesús Montero, Ministra de Hacienda; Reyes Maroto, Ministra de Industria, Comercio y Turismo; Dolores Delgado, Ministra de Justicia; Meritxell Batet, Ministra de Política territorial y Función Pública; Carmen Montón, Ministra de Sanidad, Consumo y Bienestar Social; Magdalena Valerio, Ministra de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social; y Teresa Ribera, Ministra deTransición Ecológica. EFE/

Las mujeres no vamos a dar las gracias

Madrid, España (EFE).- El 18 de mayo de 1978 la Comisión Constitucional del Congreso aprobó por unanimidad el artículo de la Carta Magna que consagra la igualdad de todos los españoles, sin importar raza o sexo, y María Teresa Revilla pidió la palabra ante sus compañeros: “Las mujeres no vamos a dar las gracias”.

Diputada de UCD por Valladolid, fue la única mujer en aquella Comisión y hoy, con 82 años, una memoria prodigiosa y “descreída” de la política, recuerda en una entrevista con Efe lo que describe como la etapa “más interesante” de su vida.

Según su relato, llegó al Congreso por casualidad y a la Comisión Constitucional por su propia voluntad. Había estudiado Derecho en Madrid y, ya casada, se trasladó a Valladolid, donde comenzó a acercarse a la UCD. No descarta que fuera candidata en aquellas elecciones constituyentes porque “quizá haría falta una mujer para adornar la lista”, algo normal en la época, apunta.

“Me colocaron pensando siempre que yo no iba a salir y la sorpresa fue mía y de todos porque sí salí”, bromea recordando su entusiasmo en aquel momento. No habían pasado ni dos años desde que se había derogado la “licencia marital”, que obligaba a la mujer casada a contar con permiso del marido para algo tan sencillo como abrir una cuenta bancaria, y María Teresa Revilla tenía en sus manos un acta de diputada (de “diputado”, dirá a lo largo de toda la entrevista).

“Había tantas cosas que hacer, había tanto que cambiar y pensar que yo iba a poder participar en todo activamente era formidable”, apunta, convencida que aquella ilusión era compartida por todos los 350 miembros de un hemiciclo en el que se sentaron solo 21 mujeres.

“Todas nos dábamos cuenta de que representábamos algo más. Éramos mujeres y las mujeres habíamos sido hasta entonces tan discriminadas que estábamos obligadas a manifestarnos de la mejor manera, para que la gente viera que valíamos, que éramos iguales”. Y demostrar que eran iguales, a su juicio, implicaba no limitarse a las comisiones que parecían reservadas para ellas, como la de Educación o Cultura, y aspirar a los órganos clave, como Economía o Defensa.

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