República Dominicana y el Consejo de Seguridad de la ONU ¿Era prudente el momento para la candidatura? y (4)

Publicado el 14 de junio de 2018 - 6:00 am

Una política exterior activa y coherente no se define por la simple participación de un país en una suma de instituciones multilaterales o en la apertura de nuevas embajadas.

Para tenerla, se requiere, primero, un conocimiento de los intereses nacionales en función de las capacidades del país; luego se adoptan lineamientos programáticos, decisiones y acciones que integren una doctrina que oriente la política exterior de acuerdo a esos intereses; y, finalmente, se entrena un cuerpo diplomático profesional para concretizar dichos lineamientos de manera efectiva y oportuna. Esto simplemente no existe en el día de hoy en República Dominicana.

Hay diversas maneras para construir una política exterior, una de ellas, por ejemplo, es a través de un diálogo nacional.1 Aquí lo hizo el presidente Fernández en su primer período (1996-2000), con la activa participación de quien fue su destacado Canciller, Eduardo Latorre. En ese gobierno, R.D. inició una búsqueda dinámica y sostenida al utilizar nuestra ubicación geográfica, más nuestra cultura y vínculos, en aras de desarrollar una alianza estratégica entre el Caribe angloparlante (CARICOM) y Centroamérica (SICA). Se realizaron varias cumbres importantes que adelantaron esa visión.

Lamentablemente, el gobierno del presidente Mejía (2000-2004) no la continuó y tampoco el mismo presidente Fernández cuando regresó al poder (2004-2008).      

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Quiero ser bien claro, no estoy en contra de la candidatura per se de República Dominicana al Consejo de Seguridad, sino preocupado por el timing y sus potenciales implicaciones y riesgos para el país. 

Me queda bien claro que esta se presentó hace muchos años atrás, antes de que llegara la administración Trump al poder. Pero Trump asumió el poder el 20 de enero de 2017 y había tiempo de sobra para sopesar detenidamente las implicaciones de nuestra candidatura. Trump hizo bien explícito su programa de gobierno y de que sería agresivo en tratar de imponer sus intereses, los cuales se guiarían por el lema: “América primero”.

Nadie puede argumentar ignorancia del talante con que arrancó dicho gobierno, que pedía encarecidamente de un país de nuestro tamaño, ubicación y vínculos con EE.UU. una política exterior que reflejara una “distancia estratégica” o por lo menos una calculada “indiferencia estratégica”. Simplemente, por el bien del país, en mi criterio, no era el momento para elevar nuestra visibilidad al cargo de mayor prestancia que jamás haya ocupado República Dominicana. Se pudo encontrar una solución dentro del Grulac antes de que la candidatura fuera endosada.    

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El Canciller Miguel Vargas Maldonado ha enumerado a través de los medios de comunicación que la agenda de trabajo que llevará a cabo el pais en el Consejo de Seguridad se concentrará en los siguientes temas: “Ser  nuestra tarea representar y defender los intereses de nuestra región, considerando los cambios en el contexto internacional y sin obviar que el desarrollo es una condición para lograr la paz duradera y efectiva”. Y añadió que: “para cumplir con ese cometido se requiere de una agenda centrada en la paz, la promoción de los derechos humanos, la seguridad alimentaria, el rol de la mujer, la seguridad, la defensa del medio ambiente y el cambio climático, así como el arreglo pacífico de las controversias”.2

Después de ser electo al Consejo de Seguridad, el Canciller agregó lo siguiente: “Trabajaremos arduamente para contribuir en la construcción de un escenario mundial, orientado en la seguridad humana, para nuestra región de Latinoamérica y el Caribe, así como también para el resto del mundo, manteniendo nuestro compromiso irrenunciable con los principios de la Carta de Naciones Unidas”.3

Estos valores genéricos están bien, pero no ayudan a entender cuál será la posición del país o las prioridades en temas de relevancia para el Consejo de Seguridad, como, a título de ejemplos: el conflicto por la anexión de Crimea por Rusia o la intervención rusa en Ucrania oriental; el acuerdo sobre el programa nuclear iraní (Plan de Acción Integral Conjunto – PAIC) del cual EE.UU. se retiró y decidió volver a aplicar sanciones contra Irán; la estabilidad en Haití; el fallo de la Corte Permanente de Arbitraje en La Haya, de julio 2016, que decidió que los derechos históricos que Beijing reclama en relación a la “línea de nueve puntos” sobre el Mar de China Meridional “no tienen base legal”; las sanciones a traficantes de migrantes, terroristas, y otras personas acusadas de graves violaciones de derechos humanos o de actos de corrupción; el conflicto en Venezuela; o el problema nuclear en relación a Corea del Norte.     

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En síntesis, mi preocupación surge por la virtual certeza de que el gobierno dominicano tendrá inevitablemente que tomar decisiones sobre cuestiones muy graves para la humanidad que podrían causar un malestar para una de las potencias permanentes del Consejo de Seguridad, en particular para el gobierno de Trump, pero también para el gobierno chino, si nuestro voto fuera en su contra.

Tenemos la muy reciente experiencia del cambio de posición de R.D. en relación a Venezuela en la OEA. Es ampliamente conocido que el giro ocurrió por la presión de EE.UU., por la certeza de que habría consecuencias para el país si continuábamos absteniéndonos, lo cual favorecía a Venezuela.

Miremos lo que hubiera ocurrido en el Consejo de Seguridad en 2003, si México no hubiera presentado su candidatura y RD hubiera sido electa.

A petición del entonces primer ministro Tony Blair del Reino Unido, el presidente Bush hizo un último intento el 12 de marzo de 2003, por lograr una resolución del Consejo de Seguridad autorizando el uso de la fuerza en Irak; el voto clave era el de México (léase República Dominicana).

El afamado periodista Bob Woodward narró en su libro Plan of Attack que Bush llamó a Fox (léase al presidente dominicano) y le dijo “Vicente, insisto en una votación mañana en la ONU, ¿puedo contar con tu voto? Fox le respondió que lo llamaría más luego, pero esa noche el presidente mexicano entró al hospital para una operación y no le contestó.4 Fue una negativa evidente y Bush tuvo que llamar al presidente Ricardo Lagos de Chile, el otro miembro latinoamericano en el Consejo, sin el respaldo de México. Lagos, conociendo la posición mexicana, le dijo no directamente a Bush.

Si nuestro país hubiera llegado al Consejo de Seguridad en vez de México, es probable que el voto dominicano hubiera sido favorable a la invasión de Irak (recuérdese que el presidente Mejía envió el batallón Quisqueya en la coalición de países) y Chile posiblemente no hubiera podido resistir la presión de Estados Unidos.5

Otro ejemplo para ilustrar nuestra preocupación. En diciembre del año pasado, Egipto introdujo una resolución en el Consejo de Seguridad que buscaba impedir cambios al estatus y carácter de Jerusalén, después de que el presidente Trump anunciara su decisión el 6 de ese mes de reconocer a dicha ciudad como capital de Israel y trasladar allí su embajada.

El proyecto de resolución, que no mencionaba a EE.UU., resaltaba que cualquier decisión o acción para modificar el carácter, estatus o composición demográfica de Jerusalén no tendría efecto legal y pedía a los países “abstenerse de establecer misiones diplomáticas” en la ciudad.

Estados Unidos tuvo que usar su poder de veto para bloquear la resolución, que obtuvo el respaldo unánime de los otros 14 países, incluyendo los votos favorables de los dos latinoamericanos, Bolivia y Perú. 6

¿Cómo hubiera votado Republica Dominicana? Si votábamos con todos los países la embajadora Haley e Israel hubieran tomado nota, si votábamos en contra los países árabes, estos lo hubieran anotado.

Recuérdese que cuando posteriormente se presentó una resolución en el mismo sentido en la Asamblea general, la embajadora Haley tomó la posición extrema de amenazar a los países que apoyaran la moción en contra del reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel, de que EE.UU. les recortaría los fondos de asistencia.7

Un último ejemplo. En relación a la conflictiva relación entre EE.UU. y la República Popular China (RPC), con la cual acabamos de establecer vínculos diplomáticos formales, reconociendo de paso a Taiwán como una provincia de la RPC, las fricciones entre las dos potencias por Taiwán siguen latentes y probablemente aumentarán.

En el día de ayer Estados Unidos inauguró su “embajada” de facto en Taiwán y se esperaba que altos dignatarios estadounidenses viajaran a la isla por primera vez en décadas, dado que el gobierno de EE.UU. aprobó en enero de este año una ley para permitir y alentar visitas de altos funcionarios de ese país a la isla.8 El senador Marco Rubio tuiteó animando al gobierno a hacerse representar en dicha ceremonia al más alto nivel, mientras el gobierno chino advirtió al de EE.UU. no provocar y mantener un bajo perfil.

Ya sea por un tema como este, o por las ventas de armamentos a Taiwán por EE.UU., o por los ejercicios militares de la RPC alrededor de la isla, o por los reclamos chinos en relación a islas e islotes en el mar meridional de China, o por los reclamos territoriales chinos en dichos mares, no sorprendería que uno de estos conflictos llegara al Consejo de Seguridad.

Nos resultaría difícil no respaldar a Estados Unidos en una de estas situaciones, pero con una naciente relación con la RPC, no caería bien dicho voto para el florecimiento de la nueva relación.

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Me temo que nos encontramos ya en una situación muy compleja para la cual deberíamos contar en nuestra Misión ante la ONU con el personal más altamente calificado posible. Asimismo, deberíamos trabajar conjuntamente con los países con los cuales tenemos las más estrechas relaciones y que tienen una vasta experiencia en el Consejo, buscando su orientación y colaboración.

Solo resta desearle al gobierno dominicano todo el éxito posible pues el prestigio y el bienestar del país está en la balanza.


1 En aquellos países donde existe un servicio exterior profesional y estable, estos diálogos se llevan a cabo en sus escuelas diplomáticas (por ejemplo, Chile, España o Brasil). En otros existe un núcleo importante de profesionales de las relaciones internacionales que llevan a cabo importantes debates a través de centros especializados de relaciones internacionales, publicaciones académicas o la prensa, como, por ejemplo, en Argentina, Costa Rica o México.

2 “Canciller: RD defenderá los intereses de la región”, Listín Diario, 25 de mayo del 2018, p.10A. https://www.listindiario.com/la-republica/2018/05/25/516522/canciller-rd-defendera-los-intereses-de-la-region

3 “RD ingresa por primera vez a Consejo de Seguridad”, Listín Diario, 9 de junio de 2018. https://www.listindiario.com/la-republica/2018/06/09/518806/rd-ingresa-por-primera-vez-a-consejo-seguridad

4Bob Woodward, Plan of Attack, Simon & Schuster, 2004, pp.343-345.

5Roberto Alvarez, “RD, ONU e Irak”, El Caribe, 29 de mayo de 2004.

6 “El Consejo de Seguridad no logra aprobar resolución sobre Israel”, Noticias ONU, https://news.un.org/es/story/2017/12/1424012

7Advertencia por el voto en la ONU sobre Jerusalén, La Nación, 21 de diciembre de 2017, https://www.lanacion.com.ar/2094271-advertencia-por-el-voto-en-la-onu-sobre-jerusalen. República Dominicana se abstuvo en la Asamblea General. 

8 Vease: https://www.congress.gov/bill/115th-congress/house-bill/535/text