Crítica de Cine: Aquaman

Título original: Aquaman. Año: 2018. Género: Fantástico. País: USA. Dirección: James Wan. Guión: David Leslie Johnson-McGoldrick, Will Beall (Historia: Geoff Johns, James Wan, Will Beall. Personaje: Paul Norris, Mort Weisinger). Elenco: Jason Momoa, Amber Heard, Patrick Wilson, Willem Dafoe, Nicole Kidman. Duración: 2 horas 19 minutos

Aquaman podría definirse como el tono que la DC Comics deseaba impregnar a sus productos para reorganizarlo dentro de una nueva tendencia de adaptaciones y alejarse de aquellos fracasos que lo etiquetaron como una empresa fracasada que, teniendo a los mejores superhéroes, -léase Superman y Batman-, no encontraba la sintonía narrativa necesaria para acomodarse a los intereses de las jóvenes audiencias.

Tras el satanizado trabajo de Zack Snyder quien trae a la memoria “Man of Steel” (2013) y “Batman vs Superman” (2016), la DC necesitaba zafarse de la imprecación que pesaba sobre la compañía y demostrar que podía sumarse a las nuevas corrientes contemporáneas del relato fantástico.

La prueba de ello es cuando se contrata a la directora Paty Jenkins quien, con un estilo y elegancia, recorrió los encajes de la superheroina Wonder Woman en 2017 quien empujó la franquicia hacia niveles aceptables de competencia con los demás productos que pueblan este universo de adaptaciones.

Dado este impulso se puso en marcha en mostrar al único superhéroe que puede estar en el mundo acuático y resolver sus hazañas de la mejor manera posible: Aquaman. Personaje que hizo algunas piruetas en “Justice League” (Snyder, 2017), pero que ahora posee todo el ancho océano solo para él.

Con el ojo del director, productor y guionista malayo nacionalizado australiano, James Wan ampliamente conocido por dirigir la película de terror Saw” (2004), “Dead Silence” (2007), “Insidious” (2010), entre otras, se pretende llevar las aventuras del híbrido personaje hacia una película con personalidad propia que esté alejada de las antiguas intenciones estilísticas y argumentales de sus antecesoras.

Pero independiente de esto, “Aquaman” transita entre dos aguas asumiendo ser un filme con pretensiones de llevar una historia ecléctica en términos de sus inspiraciones, pero ahogada por una parafernalia estilística de opera visual que disminuye cualquier viso de profundidad argumental.

Wan no oculta sus iluminaciones al momento de engarzar distintos tópicos de cuentos, leyendas e historias medievales para consumar un texto narrativo que lo obliga a transitar por el camino que ha marcado.

En esta historia Arthur descubre que es mitad humano y mitad atlante, así emprende el viaje de su vida que no sólo le obligará a enfrentarse a quién es en realidad, sino también a descubrir si es digno de cumplir con su destino: ser rey, y convertirse en Aquaman.

Con una aparente separación entre el mar y la tierra, ambos mundos tratan de convivir equilibradamente, pero la humanidad ha sido parte responsable de la destrucción de los mares cuestión que desata los planes de los habitantes subacuáticos contra los terrestres.

Frente a este conflicto planetario está el asunto personal de Arthur quien se resiste a asumir su rol como el heredero de Atlantis puesto que es hijo mestizo de la reina y de un cuidador de faro y es el que posiblemente pueda unir ambos mundos.

Sin tener una pretensión de presentar una historia compleja, “Aquaman crea un relato simple y directo que sea entendible por el público y que no lleve su peso por los ribetes morales y complejidades psicológicas de sus personajes principales.

Joseph Jason Namakaeha Momoa, actor y modelo estadounidense (Juego de Tronos, 2011-), “Baywacth” (1989-2001) se convierte en engranaje que mueve las demás piezas y convierte a Aquaman en un personaje que colma la atención de la audiencia.

No obstante, gran parte de la preocupación de este filme, es el cuadro representativo de esos mundos subacuáticos que copan toda la panorámica del cuadro revistiendo la historia de una imaginativa concepción poca vista en el cine fantástico, pero que aporta más que la propia historia.

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