Zoraida Heredia Vda. Suncar y la Guerra de Abril del 65

Foto: Acento.com.do/Fuente externa/Zoraida Heredia a la derecha en un seminario de Educación en Costa Rica, junio de 1979

«Cuando los pueblos surgen de una crisis, ya fuese política, económica, social o moral, arremeten con fantástico brío en pos de cosas nuevas que les hacen crecer y transformar el mundo circundante con un nuevo rostro. »  ZORAIDA HEREDIA VDA. SUNCAR 

Zoraida Heredia al despedir a John F. King, consejero de Asuntos Políticos de EE.UU., junto a su sucesor John D. Whiting. 1981

Ocurre que no importa el tiempo transcurrido. Las heridas permanecen, y las desventajas del poder de adquisición de bienes, así como el afán de subsistencia, entre los de arriba y los de abajo,  se convierten en grietas que atemorizan al sistema político. Cuando estamos ante un escenario como éste, no hay condiciones para la utópica igualdad, pero sí para la insatisfacción, porque la pasividad aparente se hace estallido y contienda cuando se ignora por largos períodos a la voluntad de las mayorías.

Es cierto: «no hay plazos que no se cumplan», y la “obediencia” a la clase política dirigente  o al conjunto de las élites interesadas solo en el acceso a las posiciones del Estado trae los conflictos. No puede ser posible y es, por tanto irracional que, sólo las minorías sean los potenciales acumuladores de ventajas, que con una rapidez asombrosa se favorezcan entre ellos mismos, y sientan a los demás  en una situación de inferioridad participativa, en una «democracia» donde se recluta a los votantes con promesas inocuas, donde la institucionalidad no se legisla, sino que se corrompe, y donde las reformas constitucionales nos afectan, porque somos objetos de descaradas burlas. La persuasión ideológica se ejerce, y se cohesionan a las masas como si fueran una propiedad corporativa de los partidos, y  la afiliación a los mismos, ya no es la cuestión qué dificulta la práctica de la acción política, sino su adopción como un ente alienado.

Zoraida Heredia al recibir la Orden al Mérito Docente y Cultural “Gabriela Mistral”, en el grado de Dama, otorgada por el gobierno de Chile. 27 de marzo, 1984

Divididos estamos sobre cómo conceder al sufragio legalidad y  legitimidad absoluta. Divididos estamos entre los declarados como “oposición”, y los extremos de los influyentes burócratas.  Estamos ante un momento en que se dificulta trazar hipótesis o suposiciones, pero en el cual se va acrecentando la indignación, el ambiente enrarecido, porque no basta que se quiera disimular que los grupos hegemónicos utilizan de manera consciente los medios de comunicación  para derrotar a la libertad, esa libertad popular que se fortaleció en el país desde 1965, y que se hizo población urbana para protestar contra lo que consideró un retroceso.

Creo que en este momento no hay  prerevolucionarios pasivos. Es evidente, aunque pareciera que no, que hay una soberanía ciudadana que se erige, resurge, renace en cada primavera, que se colectiviza rápidamente, que se fortalece ante la maquinaria del autoritarismo. Esa soberanía ciudadana colectiva se enfrenta a los entramados de las reglas que quieren imponer los desequilibrados del sistema a través de la propaganda de que «todo está bien». Esa soberanía ciudadana colectiva se hace feroz, alternativa de cambio,  y aniquila a quien quiera someterla, y para detenerla no basta expertos, consultores, técnicos ni gurúes electorales, ni las estrategias de diques de contención  desde el poder político para  instrumentalizar a  esta ciudadanía colectiva, y mucho menos desafiarla o persuadirla para que no se movilice.  La  intelligentsia entonces se preocupa, o finge preocuparse, y sus censuras no podrán contra lo imprevisible.

Zoraida Heredia dirigiéndose a las participantes en un taller de formación docente, 1981

Reorganizando los archivos personales de la maestra Dra. Zoraida Heredia Vda. Suncar (Santo Domingo, 1918-2011), tratando de encontrar allí datos autobiográficos para conocer aspectos de su personalidad, sus preocupaciones intelectuales,  su canon como lectora,  en fin, su labor en el magisterio, tuve la oportunidad de leer textos suyos desconocidos hasta ahora. Bárbara Suncar, su hija,  me permitió aproximarme a su fecunda existencia, desempolvar de manera retrospectiva  muchos años de intensa actividad. Era obvio, cuando empecé a familiarizarme con los «papeles de Doña Zoraida»,  mi curiosidad cada día se iba acrecentando. Zoraida guardó todo, o casi todo, desde documentos que pertenecen al ámbito de lo íntimo, hasta aquellos que son un valiosísimo testimonio de su ejercicio profesional.

En su estudio-biblioteca que amaba, fui detrás de sus nueve décadas de existencia. Cada gaveta de archivo que abría abarcaba un horizonte de ella,  una mirada epocal,  una edad sin tiempo, un recuerdo fértil,  un tributo a su imperecedero legado,  una memoria que se hacía mundo, evocación para consigo misma, y desde luego para mí.

Zoraida Heredia en el Liceo República de Chile, ca. 1980

Zoraida dejó páginas inéditas (manuscritas y mecanografiadas) que continúan reposando en la apariencia del olvido. Vivió toda la etapa de la dictadura de 1930 a 1961, la hegemonía de la élite del Partido Dominicano cuando la política abarcaba todo, y la jefatura del Estado se erigía simbólicamente en un Obelisco macho,  y cuando el adoctrinamiento y la educación  atomizaban a la sociedad hacia la deidad del tirano. Vio caer el imperio del César del Caribe, y entre deslealtades y lealtades  el magnicidio de Trujillo.

Luego estuvo ahí, en la línea del frente, en acción, al lado del aprendizaje que trae la democracia, y las preguntas del porqué hubo sumisión al despotismo, esa catástrofe que trajo consigo incubada a  la guerra de abril del 65, y mostró las diferencias abismales de clases sociales en el país,  y las dicotomías reales del status-contrato  de esa sociedad nuestra, de entonces,  estamental-militar.

Zoraida Heredia en la II Conferencia Mundial de Mitad del Decenio de las Naciones Unidas para la Mujer (Copenhague, 1980). A su derecha Leonor Sánchez Baret

La postguerra, la  vivió Zoraida, desmanejando el pasado reciente, y las evidencias de que los caudillos-mesiánicos son un retroceso para las pueblos, porque distraen la identidad del pueblo, y en  consecuencia, la enseñanza de los roles (gobernados versus gobernantes),  dislocando, además,  el aprendizaje y socialización  (primaria y secundaria)  en las escuelas, puesto que todo se erigía  con una familiaridad congénita y consanguínea con y hacia la autoridad del tirano.

La postguerra pudo traernos una nueva constitucionalidad, e institucionalización del Estado, pero la sociedad estaba débil, y la escuela también. La sutileza psicológica de la dominación la había permeado.  Siendo  a partir de 1978 que  Zoraida tiene el aval y el apoyo  para asumir crear nuevas formas de actitudes y relaciones de los individuos con la autoridad que  proviene desde el Estado. No fue en vano su declaración pública en 1980 de que «Antonio Guzmán es un titán en la lucha por conservar  la democracia y la institucionalidad en el país» [1], refiriéndose a su civilidad, al ambiente de libertad que propició, erigiéndose en el estadista que hizo la real  transición desde la dictadura y post dictadura hasta  la abertura democracia que trajo consigo  el disfrute sin reservas de sus derechos humanos de toda una generación, sin la tutela perversa del autoritarismo ni el presagio  del desencanto, cuando aún la sociedad dominicana estaba dividida, y desembocaba en una prostitución de la dignidad en cada proceso comicial desde el 66 al 78.

Zoraida Heredia en la Secretaría de Educación con técnicos de Educación Primaria, enero de 1981

Zoraida Heredia Vda. Suncar cuando ejerció como funcionaria pública, de 1978 a 1982, sabía que estaba ante una sociedad en estado de vulnerabilidad, y que tenía que hacer emerger una voluntad donde el « yo soy»  fuera sustituido por un colectivo «nosotros», que el diálogo y el intercambio productivo debían predominar en todas las esferas de su accionar en el gobierno. Ligada íntimamente a la educación, conocedora de la ortodoxia de  los patrones culturales heredados, ella intuía que era impostergable impulsar transformaciones. Y así lo hizo. Si leemos en  orden cronológico su trayectoria,  o  como una crónica o un perfil biográfico, descubriríamos una historia de vida donde sobresale la conducta ética y honesta de una mujer irrepetible, única, pródiga de ideas, que se erige como una figura humanista, que lloró por la patria  en 1965 con hondo pesar.

El próximo 18 mayo se cumplirán cien años del nacimiento de  Zoraida  Heredia Vda. Suncar, maestra normal, doctora en Derecho, catedrática universitaria, diplomática, investigadora y estudiosa de las ciencias pedagógicas, escritora, civilista, impulsora de métodos de alfabetización innovadores, ciudadana ejemplar, filántropa notable, que ostentó los cargos de Subsecretaria de Estado de Educación, Bellas Artes y Cultos (1978-1980) y Vicecanciller de la República en el Ministerio de Relaciones Exteriores (1980-1981).

Zoraida Heredia en un Centro Universitario de la UASD, impartiendo docencia

Hoy lunes 30 de abril, último día del mes que se consagra a recordar como una efeméride la «Revolución de Abril de 1965»  como la expresión legítima  del pueblo dominicano de no agotarse nunca en el afán de la conquista de su libertad y de la justicia social, vuelvo a recordar esa frase de Zoraida que hace de epígrafe de esta artículo: «Cuando los pueblos surgen de una crisis, ya fuese  política, económica, social o moral, arremeten con fantástico brío en pos de cosas nuevas que les hacen crecer y transformar el mundo circundante con un nuevo rostro »,  porque creo que este tiempo lo amerita, y para hacer un llamado a erradicar y combatir las actitudes de cinismos de quienes ahondan en este pueblo las desesperanzas,  debilitando, golpeando con violencia subliminal a la democracia que a duras pruebas se continúa construyendo aquí, y para que no se cumpla el presagio de Zoraida al referirse al Padre de la Patria Juan Pablo Duarte, cuando ella categóricamente afirma: «Sobre la urdimbre de las injusticias que acalla la voz de los prohombres, se levanta la inmortalidad de la historia.  Duarte es una de esas figuras, calladas por la ambición de los que quisieron cubrirse de glorias en el momento mismo en que se hacía la patria; es una de esas figuras que dio  carne y espíritu  por el ideal de  libertades; es una de esas figuras puras de corazón y elevada de pensamientos,  que rara vez surgen al mundo  ofreciendo un fardo de ilusiones cargadas de la fe, el amor y la esperanza en el porvenir de la Patria; es una de esas figuras que lo dio todo a cambio de nada. »

Les dejó como testimonio del pensamiento de Zoraida Heredia Vda. Suncar, el contenido de una Carta inédita que encontré en sus archivos, escrita al planificador educativo, profesor de nacionalidad colombiana y funcionario de la Oficina Regional de Educación de la UNESCO para América Latina y el Caribe,  Simón Romero Lozano, el 7 de junio de 1965, que quizás nunca llegó a su destinatario, pero que revela que, cuando a los pueblos se les quiere imponer reglas arbitrarias de convivencia, estalla la rebelión  y, por consiguiente,  la  sublevación armada.

«7 de junio de 1965

 «Mi querido Sr. Romero Lozano:

«No han impedido que escape usted de mi pensamiento, ni el estruendo que en este preciso momento produce la ametralladora, ni el terror que causa la funesta explosión de la bazooka o el mortero.

Zoraida Heredia impartiendo docencia en la Facultad de Humanidades de la UASD

 «En mi pensamiento está usted serio,  formal  y consciente como siempre lo ha sido, y cómo lo fue cuando estuvo entre nosotros. 

«Quizás esta carta no llegue a sus manos, pero la he escrito para usted y por eso se la envío.

 «Por qué luchamos hermanos con hermanos? Por qué el hombre en su plenitud adulta, el maduro, ya anciano, el joven, el adolescente se ha lanzado a tomar las armas 

«Por qué la madre sufre callada y espera… espera el retorno del hijo, o la noticia de su muerte?

«Por qué hemos tenido que llorar ante el cadáver del discípulo de secundaria, del discípulo universitario, del amigo de infancia y también de la doméstica fiel que compartió en el seno familiar las impertinencias de los pequeños y las sinrazones de los mayores, por qué hemos tenido que llorarlos?

«Se me agolpan los pensamientos para dar respuesta a estos porqués.  Empero una sola idea martilla inmisericorde mi cerebro y me respondo: se lucha por ideales, por principios, por la conquista de los derechos perdidos.

«Se lucha para lograr arrancar de las manos de unos pocos el derecho de todos; para situar nuestro destino en la fe que tenemos en nosotros mismos, en nuestras capacidades y no en la voluntad enfermiza de los ambiciosos de gloria y poder, de fuerza y despotismo.

Zoraida Heredia impartiendo un taller en el Centro Nacional de Consultoría y Asesoramiento Psicopedagógico (CENCAP), 1969

«La turbulencia del momento me agota, más no siento pánico. Creo en esa turbulencia y en la masa que la ocasiona porque es un solo motivo que la empuja, que la arrastra: el reclamo de justicia social para un pueblo que nunca la ha disfrutado.

«Los jóvenes nos torturan y destrozan y nos responsabilizan por haber tolerado este estado de cosas. Por eso ellos tomaron las armas, porque su palabra airada en actitud de disgusto, en actitud de protesta no fue oída.

«Por eso luchan, porque los derechos de sus mayores fueron conculcados y con los de sus mayores, los derechos que a ellos les corresponde.

«Los jóvenes luchan y junto a ellos en número igual los  adultos, los ancianos. Quizás ellos, los ancianos no luchan ya, por el respeto a su propia personalidad sino por el respeto a la personalidad del nieto o del hijo que se levanta y el temor de que el ambiente, los grupos estatales o no, que dominan, aplastan y explotan en su condición intrínseca de ser pensante y solo dejen en él la personalidad escuálida que han  pretendido dejar en nosotros los adultos 

«Por eso le dije que esta lucha es de principios, y que no está dominada por el fanatismo simplista que muchos quieren atribuirle.

«Usted ha vivido entre nosotros,  que conoció y conoce nuestros problemas sociales, sabrá comprenderme.

Zoraida Heredia junto a Ligia Amada Melo, su discípula, en un congreso en Caracas, 1976

« ¿Qué justificó esta guerra entre hermanos? No, no la justifico, solo la analizo y concedo razones a la colectividad burlada. A colectividad que lucha por superarse, por vivir con dignidad, mientras sus esfuerzos se estrellan frente a la urdimbre malsana de una mentalidad que teme ser suplantada por el desarrollo de las potencialidades que oprime.

«No sé cómo ha de finalizar esta lucha. Quizás haya sido inútil. Pero es la acción más gloriosa que un pueblo puede realizar para  después exigir una página también gloriosa en el decurso de la historia. 

«No sé tampoco si esta carta llegue a sus manos. Si llegare, no piense que es una carta tonta, vacía, y sin unidad de pensamiento. Diga usted que he recordado al sociólogo y amigo en el momento más decisivo, más inquieto y más importante de la vida de un pueblo que lucha por el respeto a sus derechos y a su personalidad.

«Por eso luchamos, por eso escribo bajo el tronar del cañón y el silbido de balas que no hubiera querido oír nunca.»  [ZORAIDA HEREDIA VDA. SUNCAR].

Esta es la voz de Zoraida, pura y profundamente profética, al igual que la de su maestra Abigail Mejía,  desprovista de ambiciones,  de odios y rencores,  que poseía solo una amplitud de espíritu en equilibrio con la naturaleza, una manera de ser especial, una voluntad inquebrantable, y condiciones excepcionales que no se pueden expresar simplemente, aun escribiendo desde el afecto o desde la admiración sobre su actividad intelectual y magisterial.

Zoraida Heredia junto al Pte. Antonio Guzmán y la Primera Dama, Da. Renée Klang de Guzmán.

Sé que, en todos los puntos geográficos de este territorio que habitamos, hay miles de conciencias incorruptibles, fecundas, que no trafican con la verdad ni la dignidad suya ni de los otros, que se extrañan de los momentos de irracionalidad y de violencia que vivimos como conglomerado social. Sé que el estar aquí nos hace estar expuestos a una maquinaria feroz mediática -de manipulación-  en torno a lo que es o se entiende como «orden», que crea  temores, inseguridades, desencantos, asombros, dejadez, y agotamiento de las fuerzas para definir las cosas del presente. Pero no todo, quizás, es ordinario, de solideces que aturden, de ornamentos ficticios en torno a la jerarquía de los valores, aun cuando las apariencias se han sido desbordando y se  toca fondo por la inacción nuestra de exigir que sea respetada la legitimidad en la conformación de los poderes del Estado, y, por ende, respetada nuestra condición de ciudadanas y ciudadanos.

Sin embargo,  sé que en algunos rincones late, esencialmente, la virtud de la honestidad, y con ella del agradecimiento a quienes desde el saber nos han dado el privilegio de conocer y de compartir su legado imperecedero.

Zoraida Heredia, segunda de der. a izq. en un acto junto a Juan Bosch en la Biblioteca Nacional.

La maestra Zoraida Heredia Vda. Suncar representa ese referente ético que requiere el momento presente, ya que fue una mujer fecunda en ideas, influida por el apostolado de quienes las antecedieron en sembrar  en la consciencia de los que se inician en el arte del aprendizaje de las letras, de la escritura, y de la enseñanza, la libertad para aprender a discernir, siendo esa libertad no superficial ni líquida, sino conquistada desde la palabra.

Zoraida Heredia, primera a la izq. III Conferencia de Eduación de la UNESCO. Río de Janeiro, Brasil, 1954

Maestra de maestras y maestros, y discípula de maestras y maestros, además suman cientos y cientos sus discípulas y discípulos en toda la República, en todas las localidades donde estuvo entregando el más legítimo derecho que le corresponde a una persona: la educación.

Quizás es cierto que la más redentora labor imperecedera de una guía de una Nación sea fabricar espíritus libres, y eso fue lo que hizo nuestra querida Zoraida.

Si ustedes, lectores y lectoras de este artículo,  se suman a  honrar la memora de Zoraida Heredia Vda. Suncar,  les pido, por favor,  si lo desean: compartir esta Carta  de  Zoraida sobre la guerra de abril de 1965,  difundiéndola no como ella advierte a su destinatario como «una carta tonta y vacía», sino como una alerta ante el momento actual político,  haciendo desde las redes una gran  aula virtual, que permita que sus pensamientos viajen por las nubes   hacia la eternidad.

Zoraida Heredia, segunda a la izq., en una reunión del Comité Dominicano de Cooperación de la CIM. Cancillería, abril 1981

NOTAS

[1]  «Vicecanciller califica a Guzmán de Titán Lucha por la Democracia» en  La Noticia (11-IX-1981):22.

La fotografía de Zoraida Heredia junto al Presidente Antonio Guzmán y la Primera Dama, Da. Renée Klang de Guzmán. Palacio Nacional, Salón de Embajadores corresponde a la  Recepción ofrecida  con motivo de la XX Asamblea de la  Comisión Internacional de las Mujeres, el domingo 26 de octubre de 1980.

Zoraida Heredia, octubre de 1981, siendo Subsecretaria de Estado de Eduación
Facsímil de la Carta de Zoraida Heredia a Simón Romero Lozano

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