La Policía Nacional, una transformación pendiente

Semejantes prácticas de violencia contra la ciudadanía debían de ser eliminadas para siempre.
Acento.com.do - 7 de agosto de 2017 - 12:00 am - Deja un comentario
Foto: Acento.com.do/Archivo.

El Poder Ejecutivo promulgo el  15 de julio de 2016 la Ley Orgánica de la Policía Nacional No. 590-16.

Esa legislación fue el fruto de años de debates, reuniones, conciliaciones y labor conjunta de diversos organismos del Estado dominicano con los diputados y senadores.

La ley generó muchas esperanzas. La Policía Nacional hace muchos años, decenios, que requiere de una profunda transformación para hacerla funcional, más eficiente, transparente y menos proclive a que sus agentes terminen asociándose con los delincuentes a los que deben de impedirles que cometan fechorías en perjuicio de la ciudadanía.

Es cierto que al momento de informar sobre su aprobación y su posterior promulgación se aclaró que esta nueva ley requería de varios reglamentos para poder llevarla a la práctica.

La legislación requiere de 21 reglamentos. En la redacción de los reglamentos trabaja una comisión creada por el Consejo Superior Policial. En esa entidad trabajan el Procurador General de la República, el Ministro de Interior y Policía, el Director General de la Policía (antiguo “jefe”).

Pronto se cumplirá un año de la promulgación, y apenas se ha notado que alguna cosa ha cambiado en la Policía Nacional

Hace meses que no sabe cómo  marchan los trabajos de redacción de esos reglamentos. Se ignora, además, cuándo estará concluidos.

Pronto se cumplirá un año de la promulgación, y apenas se ha notado que alguna cosa ha cambiado en la Policía Nacional, a no ser por el cambio de los nombres de los cargos de los altos oficiales, que ya no son jefes, sino directores.

Mientras tanto continúan las quejas por los agentes que cometen excesos en sus labores que se suponen de prevención del delito.

Y lo que es peor, los agentes policiales suelen reprimir con saña a personas que ejercen el derecho a la protesta. Dos ejemplos frescos ilustran esta realidad: La muerte de Vladimir Lantigua Baldera, en San Francisco de Macorís, y las golpizas que agentes dieron a los ancianos que reclaman sus pensiones de exobrero de los campos de caña. Semejantes prácticas de violencia contra la ciudadanía debían de ser eliminadas para siempre.

Quienes tienen la responsabilidad de dotar a la nueva ley orgánica de la Policía Nacional dominicana de sus reglamentos deben de pensar que está pendiente la anhelada reforma de la entidad encargada de dar seguridad a la ciudadanía, de prevenir y perseguir los delitos.

Les recordamos que no hace mucho alguien a quienes ustedes deben obediencia y respeto proclamó “¡manos a la obra!”

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