Bruno Rosario Candelier, el dueño y señor de la llamada Academia de la Lengua

Hay quienes piensan que esa institución se perdió, que no hay remedios para su rescate, que no deben siquiera discutir el tema, porque Bruno Rosario Candelier es el dueño y señor, y actúa como si los demás fueran parte de una manada obligada a seguirle.
Acento.com.do - 11 de abril de 2017 - 12:03 am - Deja un comentario
Foto: Acento.com.do/Archivo/Casa de las Academias, local que comparte la Academia Dominicana de la Lengua con otras entidades similares.

Este martes, a las 10 de la mañana, los miembros de la llamada Academia Dominicana de la Lengua están convocados a participar en supuesta elección de los directivos de esa institución.

Aparentemente no hay normas, ni planchas, ni comisión electoral.

No hace falta. Bruno Rosario Candelier es el presidente de la supuesta academia y lo seguirá siendo. Total ya lleva 15 años al frente de la llamada Academia. La tiene para publicar sus libros, y para hacer reconocimientos a sus amigos. Ya declaró a Vincho Castillo maestro de la palabra y del derecho dominicano, y realizó un acto público para vanagloriarse de los méritos de este político trujillista. A propósito de este reconocimiento, las siguientes fueron las expresiones de la Academia sobre Vincho Castillo:

Por su “fecunda trayectoria en el ejercicio de la palabra con ejemplar exposición oral y escrita en enjundiosas disertaciones y edificadores artículos; su admirable oratoria y sus ilustradas charlas durante medio siglo en las que evidencia el uso correcto del idioma con riqueza de lenguaje y hondura conceptual”. 

Hay que decir que Bruno Rosario Candelier también es trujillista. Le gusta el poder y lo tiene con el control de la supuesta academia. No quiere elecciones, pero le gusta decir que es electo por la mayoría de los académicos dominicanos de la lengua.

La convocatoria a las elecciones de este martes se hizo el fin de semana. Y como es para este martes santo, dentro de la Semana Santa, la gente no estará interesada en darle seguimiento a los temas de la supuesta Academia. Y como se puede votar por correo electrónico, está claro que únicamente se votará para mantener a Bruno Rosario Candelier como presidente de la llamada Academia Dominicana de la Lengua.

Bruno decidió hacer a Leonel Fernández miembro de la llamada Academia Dominicana de la Lengua. Está pendiente el discurso de ingreso del doctor Fernández. Sería bueno saber qué ha hecho el doctor Fernández a favor de la lengua, sus aportes para el fortalecimiento del español en República Dominicana.

Por cierto los libros académicos publicados desde la llamada Academia han sido esfuerzos intelectuales meritorios, de académicos como Fabio Guzmán Ariza y Roberto Guzmán, pero esfuerzos individuales, que generosamente ha sido entregados a Bruno Rosario Candelier para que los lance al público.

Un ejemplo de una buena administración de una academia intelectual en la República Dominicana lo constituye la Academia Dominicana de la Historia. Nada que ver con el anquilosamiento que arrastra la llamada Academia de la Lengua.

Un académico que no quiere que se diga su nombre nos ha escrito la siguiente nota:

“Acabo de leer en Acento la nota sobre la supuesta elección en la supuesta Academia de la Lengua. Te felicito. Es una vergüenza lo qué pasa ahí dentro. Las historias son de espanto. Y nadie dice nada porque es el feudo de unos cuantos, que no se ocupan ni de conservar las formas. Hay que agradecer que Acento se haya interesado”.

Es una pena que algunos miembros de la llamada Academia tengan temor para hablar públicamente sobre ese tema. Hay quienes piensan que esa institución se perdió, que no hay remedios para su rescate, que no deben siquiera discutir el tema, porque Bruno Rosario Candelier es el dueño y señor, y actúa como si los demás fueran parte de una manada obligada a seguirle.

Una cosa es el idioma, que marcha a su ritmo y que discurre libremente facilitando la comunicación entre los que hablamos el castellano, y otra cosa es la institución que debe regir el uso de la lengua. Pasa lo mismo con la cultura. La lengua va por un lado y la institución que analiza y pretendidamente la norma va por otro.

Como el señor Rosario Candelier es ley, batuta y Constitución en la llamada Academia de la Lengua, los demás, que no le ven utilidad a supuesta Academia, se alejan, y lo dejan todo a voluntad del que premia, decide los ingresos y las publicaciones, y se hace llamar un gurú del lenguaje, publicando como libros hasta las cartas que le envían sobre sus sueños interioristas.

Como dijo el escritor que nos envió el mensaje:

“Es una vergüenza lo qué pasa ahí dentro”

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