El impacto de la formación docente en la calidad de la educación

Dinorah García Romero - 20 de febrero de 2017 - 12:03 am - Deja un comentario

La formación docente es foco de atención desde hace varios años, pero en los momentos actuales se ha intensificado el interés por la misma. Reconocemos que la formación docente impacta de forma significativa la calidad de la educación; si la calidad de la formación es alta, este impacto puede generar procesos transformadores en la educación. Si es una formación deficiente se produce una involución en las concepciones, en la visión, en los procesos y en la práctica educativa de los docentes. No toda formación docente incide en la calidad de la educación. Para ejercer impacto debe poseer unas características que son específicas y sólidas.

Una de estas características es la Perspectiva de proceso, que pone énfasis en la sistematización y en la investigación, lo cual garantiza una formación científica consistente en los docentes de los ámbitos preuniversitarios y universitarios. Un docente investigador no solo aporta elementos innovadores a la experiencia de aprendizaje, sino que posibilita en los estudiantes la activación del razonamiento, el desarrollo de la curiosidad intelectual y de la capacidad de toma de decisiones. Este docente potencia su capacidad de intervención dentro y fuera del aula. Además, crea entornos educativos que convierten los procesos de aprendizajes en experiencias gratificantes .Son gratificantes en la medida en que despiertan mayor interés y potencian la motivación de los estudiantes. Asimismo, estimulan sus capacidades para descubrir y buscarles nuevas explicaciones a las aportaciones de las ciencias y a distintas situaciones en su vida cotidiana.

Esta formación científica supone un compromiso con la construcción de una cultura investigativa que los ponga, tanto a ellos como a los estudiantes, a pensar de forma continua en los problemas que requieren solución y en la estrategia a seguir para explorar y analizar estos problemas. Este modo de funcionar les aporta herramientas para enfrentar con efectividad las dificultades académicas, sociales y personales. Es una formación científica que prioriza un acercamiento a las ciencias con apertura, rigor y sistematicidad. Las ciencias no se asumen como algo absoluto. Para ello, el docente tiene que contar con espacio y tiempo para el estudio, la lectura, la discusión, la elaboración de propuestas alternativas; también, para el trabajo en equipo y la búsqueda conjunta de la verdad. Es una experiencia educativa que subraya la interdisciplinaridad y una lectura permanente del contexto institucional, local y global.

El trabajo en esta dirección crea comunidades científicas que tienen como foco central el fortalecimiento de la innovación y de la creatividad en las instituciones educativas. Estas comunidades priorizan el trabajo intercultural e intergeneracional. Se constituyen equipos académicos de producción cualificada; abiertos a nuevos aprendizajes y dispuestos a desaprender aquellas prácticas que obstaculizan la transformación de la mentalidad y del aprendizaje.

Otro rasgo relevante de esta formación es el carácter reflexivo que le permite al maestro analizar su práctica, actualizar su visión; y potenciar su capacidad crítica para recrear la realidad institucional, su propia práctica y la realidad social. Este tipo de formación le ayudará a fundamentar y a revalidar sus competencias, especialmente su capacidad para comprender y gestionar el conocimiento, para construir conocimientos con otros; y, sobre todo, para identificar los cambios que se producen en su manera de entender y asumir la educación.

Asimismo, impacta la calidad de la educación la formación docente que se enfoca desde una perspectiva de integralidad. Desde esta clave de integración se establecen nexos entre los aspectos cognitivos, técnicos, culturales, sociales y políticos. La articulación de estos aspectos debería posibilitar aprendizajes enfocados a la mejora del modelo de sociedad que tenemos. Para arribar a esta meta, la formación docente tiene que tomar en serio las problemáticas de la sociedad para que los docentes la estudien y la intervengan proactivamente.

Para avanzar hacia una formación docente que estimule la intervención social corresponsable, se deben promover contextos académicos que incentiven el pensamiento libre y la ruptura con la cultura que consagra lo establecido. Motivar también el compromiso con la solución de las problemáticas de su entorno institucional, comunitario y social. Por ello, es necesario esforzarse para que los docentes cuenten con estructuras de apoyo que les aporte experiencias, herramientas metodológicas y elementos para investigar su quehacer educativo.      

En este marco, una formación docente que pretenda impactar la calidad de la educación deberá aprovechar las aportaciones de la tecnología de la información y comunicación. Utilizarlas con el apoyo de las pedagogías críticas deviene en una formación con sentido humanizador, con efectividad técnica y creativa. Este tipo de formación, además de provocar un cambio de visión y de concepciones, posibilitará un desarrollo mayor de la creatividad. La cultura tecnológica de los docentes es necesaria para acortar la distancia entre los maestros y los estudiantes.      

Impacta una formación cimentada en valores que humanizan y en marcos éticos que ayudan a recuperar la dignidad de las personas, de la sociedad y de la educación. Importa una opción decidida por una gestión del conocimiento y de los aprendizajes, cada vez más honesta y al servicio del bien común. Interesa también una ética de los procesos y de las decisiones de las instituciones de formación docente, para posibilitar un desarrollo humano y social pleno. Redoblar los esfuerzos en este orden beneficia al país, puesto que participamos de una sociedad drenada por la cultura de la corrupción y la falta de transparencia. Esta realidad incide en la formación docente, en las concepciones y en la práctica de los diferentes actores del sector educación. Desde ahí, la necesidad de esfuerzos en la gestión y en el desarrollo de los docentes para fortalecer la calidad de la Educación desde una ética responsable y crítica, que genere transformaciones de carácter integral en la Educación Preuniversitaria y en la Educación Superior. Es tiempo oportuno para repensar la formación docente.

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