Atalaya del escrutinio

De la congoja y la gloria

Aún no se ha escrito 
la historia de su congoja. 
Su viejo dolor unido al nuestro.”  – Norberto James en Los inmigrantes 

El calvario del inmigrante es un tema insuficientemente comprendido en muchos niveles, y no abundan las expresiones artísticas centradas en esta transformadora experiencia personal, compartida por millones de personas en todo el mundo y que afecta de una manera u otra a millones más.  Aún queda mucho por escribir sobre la brega diaria y la historia de la congoja del inmigrante, en sus diversas facetas y manifestaciones múltiples, como señalara nuestro invaluable Norberto James Rawlings hace casi medio siglo al escribir sobre sus ascendientes, los cocolos. Durante mucho tiempo por venir, la experiencia de la migración y la aculturación transfronterizas habrá de ser una rica cantera  para la creación literaria y artística.

Mientras tanto debemos resaltar que dos de las más exitosas obras de la narrativa larga que tratan este filón universal de la experiencia humana son las novelas primerizas de los estadounidenses de extracción dominicana, Julia Alvarez y Junot Díaz. Ambos escritores llegaron a EE.UU. desde la República Dominicana cuando eran niños, pero en circunstancias muy distintas. La autora de la obra, De cómo las muchachas García perdieron el acento, una de cuatro hijas de un exitoso médico perseguido por Trujillo, nacida en Nueva York durante una estadía profesional de su padre pero criada en la entonces Ciudad Trujillo, retornó con su familia a EE.UU. como inmigrante a los diez años. La escritora nunca vivió en un barrio étnico en Nueva York (de hecho en 1960 había pocos inmigrantes dominicanos), pues la familia residió y las hermanas fueron al colegio parroquial en el vecindario de la familia Trump (Jamaica Estates), estudiando luego el bachillerato en un prestigioso internado de señoritas, antes de seguir a la universidad. Sus tribulaciones de adaptación a las nuevas circunstancias no incluyeron el factor de la estrechez material y la marginación económica y social, pero no por ello resultaron menos impactantes en el alma de la joven y futura escritora. Esto se constata en la profundidad de una obra que individualiza la experiencia migratoria de las cuatro hermanas de la novela, cada una con voz propia relatando sus vivencias en la brega por hacerse estadounidenses y el vaivén entre sus nuevas circunstancias y los recuerdos mágicos de su pasado. En la obra se siente la tensión que fuerzas contradictorias provocan en la joven conciencia, y su lucha por salir triunfante del proceso de aculturación. Desde el inicio, incluso desde el título, anticipamos que al final la transformación será positiva, pues lo que se pierde es el acento y no la esencia (o si queremos ver el vaso medio vacío, entonces solo adquirieron el acento, pero no el carácter y los valores estadounidenses). La transculturación es exitosa: la historia se cuenta en inglés y cronológicamente a la inversa, mirando al pasado desde el presente. Sin querer esconder las tensiones y contradicciones, el resultado es una fructífera simbiosis de las dos culturas, evidenciada por la fuerte influencia de palabras y expresiones idiomáticas criollas enriqueciendo el texto en inglés al igual que las vidas de las cuatro hermanas.

El calvario migratorio de la familia del autor de La maravillosa vida breve de Oscar Wao transcurrió en circunstancias muy diferentes. Su padre dio el salto primero para trabajar como obrero hasta ahorrar suficiente y al cabo de varios años poder trasladar la familia a Nueva Jersey. Estableciéndose los Díaz en un modesto barrio de inmigrantes y obreros, al llegar Junot estudió en escuelas públicas sin saber una palabra de inglés, y sin sus progenitores poder allanarle el camino.  Luego tuvo que trabajar para pagarse sus estudios universitarios en instituciones públicas. Los obstáculos y las zancadillas enfrentados por el escritor para llegar a ser el ganador del prestigioso premio Pullitzer en 2008 fueron de una dimensión distinta a los escollos internos que Julia Alvarez tuvo que superar.

Oscar Wao nos recuerda que no todos los inmigrantes logran superar la congoja de sentirse desubicados. Para algunas personas el pasado y el fucú pesan demasiado para poder superar la experiencia migratoria sin profundas llagas; otros perecen en el intento. Para ellos no es factible aprender el nuevo idioma y perder el acento, ser exitoso en su país adoptado, sin sentir que pierden su esencia, la vida misma. El lastre de su pasado dificulta la transición a la nueva vida: el machismo y la superstición persiguen a Oscar Wao hasta su muerte a destiempo. Así como el título y la estructura narrativa de la novela de Julia Alvarez presagian que las hermanas inmigrantes contarán la historia de su triunfo, el título de la obra de Junot Díaz nos anuncia la “breve” vida de su protagonista, destinado a una muerte trágica. Contrasta con la gloria de su autor, escritor premiado y profesor en la prestigiosa MIT cuando apenas tenía 40 años, verdadero exponente del “sueño americano”. Su triunfo en la odisea migratoria no impide- más bien nutre- el impulso del autor para contar la historia de las tribulaciones de Oscar. De las mismas cenizas de su congoja, se levanta la gloria de la auténtica creación literaria.

La migración transfronteriza de dominicanos nos ha dado ya dos obras literarias de gran relieve, abordando la congoja y la gloria del inmigrante desde dos perspectivas que se complementan. Vanessa Coleman resume su estudio comparado de las dos obras destacando que:

“Estas dos maneras de narrar, interna y externa,  son exitosos, si bien dolorosos, esfuerzos, de estos reconocidos autores para dar voz a la experiencia dominico-americana. En el primer caso la voz transmitida es voz de la asimilación, mirando al pasado; la otra voz, la de Díaz, es de resistencia a la opresión del pasado. La pertinencia de estas historias para la multitud, inmigrante o no, es notoria. Sentimientos de sentirse forastero pueden ser sufridos a cualquier edad, por personas de no importa que raza. Por tanto, no sorprende que estas novelas hayan sido aclamadas por la crítica, además  de recibir  importantes reconocimientos.”*

Ciertamente en Julia Alvarez y Junot Díaz tenemos dos voces universales que simbolizan la calidad del aporte de los inmigrantes a la verdadera grandeza de su nueva patria, contribuyendo con su arte glorioso a ilustrar diferentes facetas de la congoja esbozada en nuestra literatura por Norberto James en su poema, Los inmigrantes.

*Traducción libre del texto en inglés. Ver en:  “JULIA ALVAREZ AND JUNOT DIAZ: THE FORMATION OF BOUNDARIES IN CREATING A NEW DOMINICAN-AMERICAN IDENTITY”

https://rucore.libraries.rutgers.edu/rutgers-lib/51115/

by V Coleman – ‎2016

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