Observaciones e ideas

Aproximación a la marcha verde

Respecto a la marcha verde, todas las incógnitas sobre ella deben estar ya respondidas para Danilo Medina, quien, en su calidad de presidente constitucional de la República ya ha debido recibir uno o varios informes detallados, y quizás explicados por la autoridad correspondiente. Y no se trata de paranoia, es lo que ocurre en todo Estado organizado, sea desarrollado o no sea desarrollado; pues cuando irrumpe con poder un nuevo actor en el escenario público, capta inmediatamente la atención de los sectores de poder.

Cuando un grupo, a lo interno de una nación, logra probarse y probarle al gobierno que puede efectivamente mover y conducir a las masas al tiempo que promueve un discurso de insatisfacción con el statu quo, el estudio respecto a ¿quiénes son?  ¿qué quieren?  ¿cómo se financian? ¿dónde se reúnen? ¿qué les motiva? y, hasta donde sea posible, ¿cuáles son sus planes exactos? se convierte en una tarea de seguridad nacional.

En situaciones como estas los cuerpos de seguridad oficial norteamericanos utilizan el término “persona de interés”. Se trata de una fórmula neutra que no define a la persona en cuestión como delincuente, ni como cómplice de un delito, ni tan siquiera como implicado en una mala acción, lo define como una persona en la que el cuerpo de seguridad X, tiene interés en hablar y en indagar.

La asociación pacífica, la reunión de personas, el estudio y difusión de ideas, la protesta pacífica son libertades fundamentales cuya presencia, ausencia, limitación o censura definen a un gobierno.

Básicamente, en eso se ha convertido, o se convirtió en sus primeros inicios la marcha verde. Es comprensible que, obtenidas ya las respuestas a las primeras preguntas sobre quienes son o qué buscan y algunos otros detalles, los cuerpos de inteligencia estén ahora ocupados meramente en el seguimiento del indicado movimiento.

En mi opinión, en estos momentos considero que no hay nada sano, ni bueno en cuanto a la marcha verde. No creo en esa gente. Sin embargo, de entrada, pienso que su pública y libre manifestación en el país le hace un inestimable servicio al gobierno y partido que critican, porque sacan a la luz rasgos auténticamente democráticos del sistema bajo el cual hemos vivido. Ellos pueden, libremente, reunirse, protestar, expresar su malestar con el gobierno, esto en el ejercicio pleno de sus derechos y libertades constitucionales.

¿Qué cosa buena puede decirse de la marcha verde en sí? Se puede decir algo bueno, lo que no está claro es si hacen eso conscientemente o no. La marcha verde, en ausencia de una oposición real y eficaz al gobierno al que adversan–pues, básicamente son antipeledeistas y nada más–y sabiendo que al presente no existe una mayoría clara capaz de, con su voto, desalojar democráticamente al Partido de la Liberación Dominicana del poder, ellos, la marcha verde, repito, conscientemente o no, están en el trabajo de construcción de esa mayoría alternativa, indispensable para todo cambio político en el país.

La creación de pueblo, o la creación de mayorías alternativas, ha sido, indirecta o directamente, tema recurrente de minorías progresistas en contextos democráticos marcados por un dominio constante de gobiernos nacionales y municipales de corte conservador;  llanamente ese el el término que utilizan tanto los teóricos políticos como los organizadores y dirigentes a pié de calle, hablan de “crear o construir pueblo” y debaten cómo “crear mayorías alternativas”.

Finalmente, mi rama profesional es el derecho. Estudiar la ley nos enseña–o debería enseñarnos–que independientemente de dónde vayan nuestras simpatías, las personas y las organizaciones disfrutan, en condiciones de igualdad, de los mismos derechos. La asociación pacífica, la reunión de personas, el estudio y difusión de ideas, la protesta pacífica son libertades fundamentales cuya presencia, ausencia, limitación o censura definen a un gobierno. Afortunadamente, pese a lo francamente detestable de la marcha verde, ellos, hasta ahora, están en democracia y usan los canales democráticos y el gobierno recibe sus discursos, sus protestas en un contexto de respeto a las personas de que protestan y a los derechos legítimos que ejercen. Eso es democracia.

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