Arquitectura y energía

Pobreza energética

Dentro de nuestro recorrido habitual, entre publicaciones especializadas, artículos, libros, etc, nos hemos reencontrado con un término que a su vez fue re-descubierto en los pasados años de la crisis europea. Nos referimos al término conocido como pobreza energética. Este concepto, forma parte del mismo grupo al que pertenecen la eficiencia energética, las energías limpias o renovables, la rehabilitación energética, etcétera,  y que cíclicamente vuelven a salir a la superficie cuando las colectividades profesionales empiezan a buscar alternativas de ocupación laboral para sus respectivos sectores, afectados por la falta de trabajo.

En el caso de España, esto que comentamos, le sucedió a los colectivos de arquitectos e ingenieros,  que se vieron con sus carreras (y sus súper competencias) metidas en un armario, porque se acabó lo que se daba en materia de proyectos. Precisamente, en esas circunstancias surgió la oportunidad de convertir al arquitecto, estacionado en los proyectos de nueva planta, en un rehabilitador energético.

En un estudio dirigido por M. Luxan, que lleva como título “Re-habilitación exprés para hogares vulnerables. Soluciones de bajo coste” (Luxan, M. et al. 2017). Se rescata una definición para pobreza energética, establecida por B. Boardman en 1991: “La pobreza energética es la incapacidad de un hogar de obtener unos servicios energéticos adecuados (en la vivienda) que supongan menos del 10% de su renta”.

Dicho concepto, tal y como queda definido, por Boardman claramente abarca cualquier consumo energético asociado a la vivienda, pero lo cierto es que en países con temporadas de frío relativamente importante, se asocia mucho al tema de la calefacción. En este sentido Luxan y su equipo de trabajo rescatan otra definición o incluso una medida,  más intencionada en esa dirección, establecida, en el 2010, por el Departamento de Energía y Cambio Climático de Reino Unido y que dice: “Un hogar se encuentra en situación de pobreza energética si tiene que gastar más de un 10% de su renta en combustible para mantener un nivel adecuado de calefacción”.

Si realizamos la extrapolación a un contexto caribeño, desde luego que, por un lado,  la calefacción no tiene cabida y por el otro habría que asimilar otros factores…Intentaremos continuar con el tema ampliándolo y/o extrapolándolo. Hasta la próxima.

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