Con estos bueyes hay que arar

¿Salvo Fidel al mundo de un conflagración nuclear?

Quienes disfrutamos al fascinante Caribe o a la bella Florida vivimos de espalda al conflicto nuclear evitado.  El Caribe podría haber desaparecido entre el 16 y el  27 de Octubre, las fechas enmarcando la llamada Crisis de los Cohetes. ¿Y por que no?  Los comandantes, en los frentes bélicos,  tenían el poder para decidir cuando y donde usar las ojivas nucleares tácticas.  Hubo momentos donde los respectivos poderes militares estuvieron a punto de desplazar a los líderes civiles, John E. Kennedy y Nikita Krushchev. El empujón equivocado y PUFF!, la guerra fría se convertía en destrucción radioactiva. Las especulaciones sobre estos intensos días del 62, abundan;  y esa proliferación permite parlotear la mía.

¿Fue Fidel el salvador? Documentos post-debacle soviético muestran un líder soviético sin agenda agresiva y primordialmente interesado en aparentar, sobre todo ante China,  una paridad relativa en el balance nuclear del terror.   Fue el Robín Hood Castro quien preconizo adelantarse a los americanos y lanzar los cohetes primero.   Krushchev y su alto mando militar no podían creer tal irresponsabilidad—un aliado demente y con nucleares en su territorio!  De inmediato, se redefinía el juego nuclear. En la noche del viernes Oct. 26 los soviéticos se comprometían a retirar los cohetes si los Estados Unidos  se abstenían de invadir la isla (memorias de Playa Girón en 1961).

Poco duro esa oferta. Los líderes soviéticos se retractaron al día siguiente reiterando la  demanda de la eliminación de los misiles Júpiter de Turquía. Mas, el mito proclama los sagaces Hnos. Kennedy, se hicieron los desentendidos del segundo «duro» mensaje y solo respondieron a la primera comunicación–y asi crearon el mito Trollope—uno escoge el significado de la nota preferida.  El mito, promovido para reforzar la imagen política de Robert Kennedy, nunca ocurrió. Situación complicadísima.

Opiniones diversas confundían los juicios en el Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional (EXCOMM por sus siglas en Ingles).  Gracias al liderazgo del Presidente Kennedy –político bisoño–este caótico organismo paso la prueba. Una grave preocupación de los Kennedy era la posible lluvia de  cohetes sobre la población americana, especialmente Miami y el Sur de la Florida.  Pesaba también en la ecuación decisional las repercusiones de un total bloqueo soviético a Berlín.

Los Senadores Richard Russell (GA) y  el respetado J. William Fullbright, miembros del Pentágono, como Maxwell  D. Taylor, y el belicoso McNamara preferían una invasión al bloqueo. Mas, el bisoño, escarmentado por la previa debacle de Playa Girón, mantuvo claro su objetivo—evitar un enfrentamiento nuclear en el presente y el futuro—y tomaba sus decisiones, también aprendiendo de Playa Girón, apoyado en datos e informaciones rigurosamente  comprobadas.  Incesante demandas a la inteligencia civil y militar llevaban el ritmo de las decisiones.

La estrategia de los Kennedy, rechazada por miembros de EXCOMM,  incluía darle espacio a Krushchev con sus propios militares para retirar sus cohetes.  Esta  consideración estratégica volcó la decisión a favor del bloqueo y en contra de una invasión.

Al final, Krushchev logró su meta: eliminar los Júpiter de Turquía.   Esa movida de Kennedy, la cual fue la causa real del éxito, evitó un Caribe radioactivo.

De haber ocurrido,  Cuba hubiera desaparecido–500 aviones, con pavorosa capacidad destructiva, serían la punta de lanza de la invasión y fuego cerrado de la flota sobre las zonas de desembarco y cualquier puente, camino, central, depósitos, plantas eléctricas, puertos, capacidad productiva. Los Castro, los Che, y muchos otros  fanáticos fidelistas, consideraban la destrucción de Cuba válida si con ello se hería fulminantemente al Imperio Yanqui. Y los Cuban Kennedy Boys, nosotros, los voluntarios cubanos entrenándose en las heladas serranías de Kentucky,  hubiéramos caído.  La estrategia militar exigía mártires cubanos entre los paracaidistas y en las playas de desembarco

Gracias a intensas oraciones y sagacidad política en todos los frentes, la primera guerra mundial nuclear nunca ocurrió–y seguimos gozando este bello Caribe  y prosperando en la única Florida. 

Cada 27 de Octubre alegrémonos: Feliz Cumpleaños, Caribe; Happy Birthday  Florida.

PS. La información en  esta celebración descansa en dos obras:  The Cuban Missile Crisis in American Memory, by Sheldon M. Stern, Stanford Nuclear Age Series, y  un análisis discutiendo la toma de decisiones bien planteado en Essence of Decision, 2nd. Edition, by Graham Allison and Philip Zelikow.  El primer conato de Guerra Mundial Nuclear ha inspirado múltiples  investigaciones, publicaciones y películas.  Entre estas, Los 13 Días en Octubre ignoró la fidelidad histórica.

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