Nacionalismo débil

El nacionalismo fuerte era propio del “Estado nación”, de sociedades donde todavía se pensaba que era posible fundamentar metafísicamente una colectividad.
Leonardo Díaz - 12 de octubre de 2017 - 12:09 am - Deja un comentario

España se encuentra hoy en el epicentro de la atención mundial por las tensiones entre su gobierno central y el movimiento nacionalista catalán.

El nacionalismo “fuerte” es una de las ideologías más primitivas y violentas. Se basa en una lógica tribal de apego a la tierra y a la tradición, así como en la exclusión del otro, a quien considera siempre como una amenaza a su identidad. El problema es que concibe dicha identidad como una entidad metafísica, esto es, pura, ahistórica, e incambiante.

Por ello, no es casualidad que los movimientos nacionalistas fuertes busquen su reafirmación rechazando todo lo ajeno o extraño a esa concepción metafísica de la historia.

Como tampoco es casual que los movimientos nacionalistas fuertes construyan, dentro de esa concepción, una historiografía victimista, un relato que distorsiona el devenir de los acontecimientos y su relación con los no integrantes de la tribu.

Desde el nacionalismo fuerte se hace difícil entender la noción moderna de la ciudadanía que caracteriza a las sociedades occidentales modernas. Como ha señalado el filósofo Fernando Savater, en estas sociedades, la carta de ciudadanía no viene dada por el árbol genealógico, la tierra de nacimiento o el color de la piel, sino por la participación dentro de un proyecto de libertad regulado por leyes comunes.

Aceptar esto implica la asunción de un concepto “débil” de identidad donde los ciudadanos se sienten copartícipes de un proyecto colectivo en función de una ética de mínimos y un conjunto de experiencias compartidas, no en función del apego a unas raíces supuestamente robadas o destruidas por el “enemigo de la patria”.

El nacionalismo fuerte era propio del “Estado nación”, de sociedades donde todavía se pensaba que era posible fundamentar metafísicamente una colectividad. Las sociedades actuales transitan hacia una fundamentación no metafísica, hacia un concepto débil de la identidad y de la copertenencia. Los nacionalistas tradicionales no  se sienten cómodos con este nuevo tipo de nacionalismo. Pero es el único que puede propiciar un futuro dialógico y no violento para las sociedades del siglo XXI.

No aceptamos comentarios ofensivos ni denigrantes.
Estamos interesados en el debate de las ideas, no auspiciamos ninguna ofensa contra nadie. Los comentarios que contengan mensajes denigrantes, ofensivos, difamatorios, injuriosos, por razones de raza, de política, de religión o de cualquier otra índole serán eliminados y sus autores excluidos de continuar comentando.