Después de los desastres naturales

¿Quién podría decir, al leer la prensa de esos últimos días, que hay zonas del país todavía incomunicadas, sin comida, donde los niños tienen hambre?
Elisabeth de Puig - 11 de octubre de 2017 - 12:09 am - Deja un comentario

En la era postmoderna una noticia reemplaza a la otra sin consolidarse en el tiempo; al igual que los fluidos que se derraman, una noticia suplanta a la anterior.  Es lo que se ha llamado “el tiempo de la modernidad líquida”, y que conviene sobremanera a nuestros dirigentes y a sus asesores en comunicación. Van en coche, aún más cuando las informaciones publicadas no favorecen las autoridades de turno.

Irma desplazó a Oderbrecht, que se incrustaba en la palestra, María a su vez relegó a Irma; la ley de partidos y Quirinito hacen que nos olvidemos, como por arte de magia, de Marie y de sus estragos en varias regiones, que supuestamente no conviene que se conozcan a un país turístico.

¿Quién podría decir, al leer la prensa de esos últimos días, que hay zonas del país todavía incomunicadas, sin comida, donde los niños tienen hambre? ¿Quién piensa en las devastaciones en la agricultura que grava el porvenir de las familias campesinas con la destrucción de 40 a 50 % del cacao en ciertas zonas y el 90% de los rubros afectados en otras? ¿Quién calcula realmente la amplitud de los daños del huracán a nivel de las provincias afectadas?

En el Seibo y Miches, según World Vision, 1647 viviendas han sido afectadas y la situación se ha vuelto desesperante para la población, provocando disturbios en Ginandiana, El Matadero, Los Cajuiles, Capotillo y Villa Nene, de los cuales naturalmente no se habla.

A pesar del regreso a una aparente normalidad, y frente al desastre, el Banco Mundial le ha otorgado a la República Dominicana un préstamo de 150 millones de dólares para la reconstrucción. Inquietante préstamo, cuando sabemos que a todo lo largo de la geografía nacional  viven todavía en situaciones precarias damnificados de los ciclones que han azotado nuestro país en los últimos 20 años.

Preocupante, porque parte de este dinero debería servir para hacer evaluaciones serias de las zonas peligrosas, para realizar un levantamiento objetivo de las viviendas más vulnerables, para diseñar un enfoque sostenible del desarrollo de las comunidades afectadas. Estos fondos no se deberían otorgar para realizar muros de contención sin estudios previos y otras obras improvisadas, como lo dispuso de inmediato el presidente de la República.

Me pregunto qué hubiera sido de nosotros como sociedad si Irma o María hubiesen atravesado el país como lo hicieron en Puerto Rico o Dominica. ¿Qué capacidad de reconstrucción y cobertura de necesidades podría exhibir nuestro gobierno si esta media isla hubiera sido devastada? Quizás también asistiríamos horrorizados al lanzamiento grotesco de papel higiénico a nuestra población, o quizás esto ya lleva tiempo ocurriendo y ni si quiera nos damos cuenta.

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