Redes sociales y diálogos reales

¿son las redes sociales causantes de una situación que pone en peligro el futuro desarrollo de sociedades saludables?
Leonardo Díaz - 28 de septiembre de 2017 - 12:09 am - Deja un comentario

El auge de las redes sociales ha generado debates sobre la pérdida de la conversación.

En una entrevista poco antes de morir, Zygmunt Bauman señaló que las habilidades sociales que posibilitan el diálogo y la construcción de comunidades requiere del contacto de la vida cotidiana, de los espacios físicos, donde se producen las interacciones que obligan a conversar, negociar y abrirse al otro.

Desde esta perspectiva, Bauman asume que las redes sociales no posibilitan estos tipos de interacción, porque a diferencia de las comunidades de la vida cotidiana no les pertenecemos, las diseñamos.

Las creamos para escapar de nuestro sentimiento de soledad, no para establecer un diálogo auténtico, lo que implica interactuar con personas diferentes, con puntos de vista muchas veces contrarios a nuestras perspectivas del mundo.

Por el contrario, piensa Bauman -y muchos intelectuales como él- la tendencia en el mundo virtual es a interactuar con aquellos que refuerzan nuestras creencias, ingresando a páginas que confirman nuestros gustos u opiniones políticas, “conversando” con “amigos” que piensan como nosotros.

Pero, ¿son las redes sociales causantes de una situación que pone en peligro el futuro desarrollo de sociedades saludables?, o por el contrario, ¿han explicitado una crisis subyacente al devenir de las interacciones tradicionales de nuestra cultura?  O tal vez, ¿expresan una tendencia natural de los seres humanos a buscar todo lo que refuerza nuestro sentimiento tribal de co-pertenencia?

Pues, no está claro que antes de la existencia de las redes sociales  buscáramos amigos con perspectivas contrarias, espacios hostiles, grupos disímiles a nuestra cosmovisión del mundo. Tal vez, las redes sociales no han creado una situación anómala, sino mostrado con más claridad que nuestro inmenso desarrollo tecnológico no ha eliminado nuestros instintos más tribales.

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