Primarias que tienen secundarias

En dirección opuesta, Danilo Medina considera que las primarias simultáneas con padrón cerrado carecerían de sentido.
Antonio Almonte - 12 de septiembre de 2017 - 12:08 am - Deja un comentario

La convención presidencial del PRD en el 2011 se convirtió en el mejor (¿o peor?) ejemplo de los efectos secundarios destructivos de unas primarias abiertas (o semi-abiertas) para elegir el candidato presidencial de un partido político en el país.

El núcleo argumental que originó la enemistad destructiva entre los grupos contendientes fue la “trampa”, el “fraude”, cometido supuestamente por uno de los grupos con la ayuda de un tercero: el PLD y su gobierno. Si las acusaciones tenían sustento o no poco importaba, bastaba con que sirvieran para justificar resentimientos, conflictos y la desmovilización de amplios núcleos de dirigentes que finalmente contribuyeron a la derrota y a la división.

En esas perspectivas, posiblemente el doctor Leonel Fernández considera que en unas primarias abiertas el Gobierno tendría mayores  posibilidades de imponer en el PLD al candidato del 2020.

El padrón general de la Junta incluye millones de votantes que no están inscritos en ningún partido político, pero que – en primarias abiertas – estarían habilitados para votar en la competencia interna de cualquier partido.

Leonel conoce bien los riesgos asociados a esa situación, por algo escribió aquel largo artículo sobre las virtudes del sobrecito amarillo y sus influencias en el comportamiento político electoral de amplias franjas de dominicanos.

En dirección opuesta, Danilo Medina considera que las primarias simultáneas con padrón cerrado carecerían de sentido.

Y tiene razón, porque la simultaneidad de las primarias procura garantizar que ningún votante o simpatizante de un partido participe en la decisión de otro; pero si el padrón es cerrado entonces la posibilidad de ese trasiego quedaría anulada aunque las primarias no sean simultáneas.

Lo que sucede es que la propuesta de elegir candidatos en primarias abiertas y simultaneas, defendidas por Medina, parece lógica y casi de sentido común para algunos observadores; pero el ruedo político  dominicano – ¡el real! – tiene muy poco de ambos atributos. Y el que mejor lo sabe es Danilo Medina, que dijo en el 2007 “me venció el Estado”, y que en el 2015, en una acción de ímpetu castrense, modificó la Constitución de la República con el respaldo de diputados y senadores propios y ajenos para legalizar su re postulación y reelección presidencial.

Ninguna de esas actuaciones guarda relación con “lógica” ni “sentido común”, sino con el ejercicio brutal del poder.

Al PRM y la Oposición las primarias con padrón abierto los convertirían en fácil blanco del gobierno, que intervendría no necesariamente para que gane su “preferido”, sino para sembrar suficientes dudas e inquinas divisionistas entre líderes y compañeros.

Así las cosas, ni al PLD, ni al PRM les convienen unas primarias con padrón abierto.

La Ley de Partidos que conviene a la democracia dominicana real, adicta al dinero y casi huérfana de arbitraje y garantías, es una que contribuya al fortalecimiento de los partidos políticos, no a su división.

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