El PLD debe ser rematado desde la movilización popular y de las ideas

Hace falta quien, una vez muerto el PLD- Gobierno, lo entierre de verdad, y le impida que  siga “desandando”, como difunto, dando tumbos, “saliéndole a la gente”  por aquí, allí y allá
Manuel Salazar - 12 de septiembre de 2017 - 12:08 am - Deja un comentario

La lucha de masas y de ideas son las claves para construir la unidad opositora para el cambio político.

Un influyente periódico del país afirmó semanas atrás que “al PLD le llegó su cuarto de hora”, es decir, su muerte política y la refería a la pérdida de cualidades esenciales que hicieron que ese partido fuera atractivo hasta para gente de izquierda.

No entró el periódico, ni era el propósito, en el tema de si la llegada de su “cuarto de hora” era también  la  muerte de sus posibilidades de seguir siendo gobierno más  allá  del 2020.

Y creo pertinente decir algo sobre esto último en interés de contribuir a que no haya confusión al considerar la conclusión de que “al PLD le llegó su cuarto de hora”.

I.- Cierto, el PLD- Gobierno ha perdido mucho

Además de la pérdida de propiedades que hicieron del PLD un partido atractivo hasta para gente de izquierda, este está siendo afectado por los golpes de  la  Marcha Verde, y uno de los más contundentes propinados a ese partido es, haberlo revelado ante la clase media atravesado por una voluntad corrupta; y haber dado a esta que es su principal referente de proyecto político- social las posibilidades de expresar su descontento. 

Gran parte de la clase media  está impugnando al PLD- Gobierno, en las calles y plazas públicas, en las redes sociales y en los balcones de torres de apartamentos, y este, como se dice a nivel de pueblo es un “golpe de bolsón”,  porque aunque invierte miles de millones para mantener clientelas cautivas en los sectores populares de más abajo mediante programas de caridad pública proselitista, es un hecho de mucha significación que su imagen se haya deteriorado en la que ha sido su plataforma social principal.

La clase media ha sido reconocida siempre como la que quita y pone gobiernos con sus opiniones y votos.

II.- El PLD- Gobierno no está rematado

Ahora  bien , está el PLD- Gobierno rematado?

Golpeado si. La Marcha Verde, principalmente, le ha  dado duro, y puede seguirle dando. Pero  todavía  no  rematado.

Tiene dificultades internas, que todavía no llegan a la crisis, aunque potencialmente tienen significativas posibilidades de producir una grieta en la voluntad de ese partido, no necesariamente orgánica; aunque si en su habitual línea de marchar unánime de manera militante en un solo sentido.

En primer lugar, porque los gobiernos tienen siempre amplias posibilidades de mantenerse “arriba”, dado que disponen de recursos económicos, políticos, de propaganda, policiales y militares; y de uno muy importante cual es el recurso de la inercia que le viene dado por la actitud conservadora de  segmentos influyentes, especialmente los sectores empresariales, que fieles a sus intereses, se preocupan siempre en garantizar su hegemonía social y la estabilidad política que le es tan  necesaria como el oxígeno al ser humano; por lo que suelen ser reticentes a cambiar de gobiernos, a menos que la situación se les presente en extremo aguda y no tengan otra alternativa que optar por el cambio.

Lo sucedido en 1978, para el cambio del gobierno de los 12 años de Balaguer que hartaba a la saciedad, como harta ya el PLD- Gobierno, puede ser una experiencia a considerar.

Para llegar a ese cambio fue necesaria la movilización política  y  social  continua  durante cinco años consecutivos, pasando por la del Acuerdo de Santiago en  1974; con la participación de una fuerza con bases populares como el PRD de Peña Gómez,  y de un sector de la izquierda, beligerante y con vínculos amplios con el pueblo; además de  la voluntad de cambio en la mayoría del pueblo dominicano; y todavía faltaría la presión de varios gobiernos extranjeros, entre ellos el del presidente Carter, nada más y nada menos que de  los  Estados Unidos de Norteamérica.

Y  en  segundo lugar, por una razón principal de suma importancia política: el sepulturero no se avizora, y el muerto es de tales características que la gente no  lo dará  por muerto si no ve claro quién  es el sepulturero.

Hace falta quien, una vez muerto el PLD- Gobierno, lo entierre de verdad, y le impida que  siga “desandando”, como difunto, dando tumbos, “saliéndole a la gente”  por aquí, allí y allá;   muerto pero vivo así  sea encarnado en otro cuerpo;  con cosas pendientes de la vida que fue, y que no le dejarían morir así por así.

Esto, de acuerdo con  la creencia que se tiene de lo que es  un  “difunto” en algunas regiones de la tierra donde impera la fe católica.

El genio de Lenin diría alguna vez “que los gobiernos no caen, si no se les hace caer”.

III.- La unidad sigue siendo necesaria y debe seguir  el curso de la movilización popular y el debate de ideas.

Dicho lo anterior, habría que insistir en una idea socorrida desde mucho antes de la campaña electoral pasada: “nadie le gana solo al PLD”,  y que por no derivar en la unidad, como consecuencia práctica con lo dicho, resultó con la derrota de la oposición dividida frente al actual presidente, Danilo Medina.

No hay que hacer mucho análisis para darse cuenta de que se mantienen intactas las razones que motivaban una alianza amplia opositora para derrotar al PLD en las elecciones pasadas.

Y puestos a la tarea, es preciso advertir que hay que evitar dos vicios presentes en los escasos niveles de unidad que se logró a nivel de lo que se denominó Convergencia, cuales son, de una parte, la ausencia de  movilización  popular;  que es donde la unidad y el propósito de derrotar al gobierno ganan musculatura, ganan al pueblo.

Y por la otra, la ausencia de ideas, propuestas políticas de cambio de verdad, que convenzan a sectores progresistas de que se irá  más  allá del simple “quítate tú  para ponerme yo”.

El Acuerdo de Santo Domingo, que sustentó la candidatura presidencial del Dr. Peña Gómez en 1994- 96,  se forjó en la movilización de masas y en torno a un programa político  (Primero la Gente y Gobierno compartido) que también fue resultado de consultas y discusiones con gran parte de los sectores políticos y sociales progresistas, y  acumuló tanta fuerza que  para ser pírricamente derrotado fue necesaria la alianza entre el PLD, el partido reformista de Balaguer, más los recursos del gobierno de este último,

Dicho en términos propositivos, la unidad amplia opositora que pudiera derrotar al gobierno, tendría que surgir de dos movimientos vinculados entre sí, alimentándose el uno con  otro;  cuales son, las masas populares en calles y plazas públicas, y de las propuestas políticas, que señalen a un cambio de rumbo en el país, que se movería en los formatos adecuados a su carácter de movimiento de ideas.

Ahora mismo hay muchos focos de propuestas políticas, algunas hasta fenomenales; pero  dominan  las  de gente, grupos y sectores sociales que quieren de verdad un rumbo político, social y económico nuevo para el país.

Las  tantas  propuestas, y aún la misma Marcha Verde, deben ser valoradas como la expresión de una sociedad cada vez más diversa; que no es la misma que podía ser pautada por el discurso político de los caudillos Bosch, Balaguer y Peña Gómez, y que requiere un tratamiento político más directo y específico.  El Gran Santo Domingo (la capital y la provincia Santo Domingo con sus diversos municipios), para sólo señalar un caso, integra cuatro o cinco países sociales distintos.

La de hoy, es una sociedad en la que los conflictos, de la índole que sean, deben ser abordados con una diversidad de interlocutores.

Así las cosas, el diálogo, la concertación y movilización continuas, a nivel nacional y municipal, entre los diversos interlocutores relevantes de la sociedad, tienen que ocupar una atención principal en la dirección y actividad políticas, en la búsqueda de un rumbo nuevo para el país.

Por  esta  vía  habría  que cambiar las reglas del juego dominantes, el régimen político, que garantizan la inmovilidad política;  que favorece más, mucho más, al que es gobierno, en tanto le permite apelar a cualquier vía fraudulenta y excluyente para reeditarse en el poder.

En la movilización popular y en el debate político, se debería forjar la unidad para el cambio.  Esta es la urgencia, el ahora.

Poner el énfasis en decidir  a  destiempo  las candidaturas y además con las mismas normativas con las que el PLD ha devenido en Régimen, es darle un aliento al PLD- Gobierno que podría tener repercusiones negativas para los deseos populares  del cambio en el 2020.

Y más, podría dejar a los que entren en ese derrotero “oliendo donde guisan”.

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