Cara la cárcel y cara la libertad

Hay un clamor de justicia que estremece el país a todo lo largo y ancho de su geografía. La gente ha pedido, reclamado y luchado por el adecentamiento de la vida nacional y de la justicia.
Melvin Mañón - 12 de septiembre de 2017 - 12:09 am - Deja un comentario

Haber puesto en libertad a Angel Rondón y a Víctor Díaz Rúa (dos acusados estrella del escándalo ODEBRECHT) fue la medida mas extraordinaria y de mayor alcance y consecuencias imaginable.  Ese hecho adquiere valor y significación propia al margen de la justificación legal empleada e incluso al margen de cual haya sido la intención final del señor Danilo Medina. Con esto y a fin de no perder tiempo en boberías dejo dicho claramente dos cosas: ningún juez iba a variar la medida de coerción sin autorización del señor Medina y la justificación legal empleada para excarcelarlos carece de importancia porque al margen de esta, el señor Medina sabía y sabe perfectamente bien la impopularidad, el repudio y lo indefendible de la decisión.

PREGUNTA: ¿Por que ponen en libertad  esos dos acusados? Danilo Medina no podía hacer otra cosa. Esas dos detenciones y varias de las otras fueron consensuadas y se les dijo que era imperioso hacerlo para guardar las apariencias. Ellos consintieron en ser arrestados, pagar una breve penitencia y luego salir a la calle a esperar, junto con los demás, que todo el caso ODEBRECHT se vaya cayendo en pedazos hasta que no quede mas que el recuerdo apagado, la memoria sepultada por otros acontecimientos. Un huracán, terremoto, accidente aéreo, crimen pasional, incendio catastrófico en el país y nadie se acordaría de esas personas durante un buen tiempo.

Rondón y Díaz Rúa iban a permanecer en la cárcel según lo acordado pero es posible que se impacientaran y exigieran su libertad y ellos saben bien que esa exigencia tenía que ser satisfecha por la sencilla razón de que ESTAN TODOS EN EL MISMO BARCO y la libertad de uno y el poder político del otro es la misma cosa. En otras palabras, el señor Medina no puede encarcelar a estas personas ni un solo día mas allá de lo que ellas mismas estén dispuestas a permitir en aras, repito, de cubrir las apariencias.

Ahora bien, la parte dura, muy, pero muy dura de esta decisión está en las consecuencias terribles que de ahí se derivan en lo inmediato y en el largo plazo.

Hay un clamor de justicia que estremece el país a todo lo largo y ancho de su geografía. La gente ha pedido, reclamado y luchado por el adecentamiento de la vida nacional y de la justicia. Ahora Medina le ha dicho cualquiera de estas dos cosas. Una que no le es posible. Otra que no le da la gana. No importa cual haya sido.

Si una sociedad que ha estado reclamando justicia, marchando verde por ella, firmando libros por ella, tomando riesgos por ella, depositando sus esperanzas en ella, confiando su futuro a ella le demuestran ahora que no hay justicia ni la va a haber ni puede haberla entonces la gente no tiene mas camino que:

a.- Renunciar a toda esperanza, someterse a un destino ingrato, resignarse a una realidad ineluctable y terrible que como Dante consignara en LA DIVINA COMEDIA; a la entrada del infierno se lee esta inscripción: “vosotros que entrais, abandonad toda esperanza.”

b.- Dada la inutilidad demostrada de reclamarle al gobierno que haga justicia, esa misma gente entonces, si no está dispuesta a renunciar al reclamo de justicia, tendrá que estar dispuesta a luchar entonces hasta forzar la renuncia del gobierno o este tendrá que estar dispuesto a producir un baño de sangre.

Nadie sabe si la ciudadanía esta dispuesta a esa escalada del pleito ni tampoco se sabe hasta donde estará dispuesto a llegar el gobierno y sobre todo, hasta donde estarán dispuestos a llegar las instituciones armadas para defender ese gobierno o para, con el mismo pueblo derrocarlo. Julito Hazim puede decir lo que le venga en gana, otras bocinas pueden proclamar lo que quieran, el fantasma de la anarquía pueden levantarlo y azuzarlo, pero al final, todo se reduce a esto. Aquí la oposición no conspira ni ha conspirado, es el gobierno quien provoca, quien incita y hasta ahora con tanta suerte que el pueblo no ha sido capaz de devolverle la moneda.

Todo lo que se diga o haga, cambiando palabras, usando o no subterfugios, afrontando o evadiendo realidades, al final del día, se reduce a este dilema. Si el pueblo realmente quiere justicia y el gobierno se la niega, o renuncian a buscarla o tumban el gobierno.  No hay de otra. Esta sociedad, tarde o temprano terminará entendiendo que no puede seguir pidiéndole justicia a un gobierno que está obligado –por complicidad- a negarla. Dejémonos de pendejadas.

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