China transforma a África

Las inversiones de China en África de cientos de miles de millones de dólares se han  constituido al mismo tiempo  en un gran desafío para  el  sostenimiento de su política de no injerencia
Ramón Morrison - 12 de septiembre de 2017 - 12:07 am - Deja un comentario

Desde hace principalmente 17 años, es decir a partir del año 2000 en el  que tuvo efecto en Pekín la primera conferencia ministerial del Foro para la Cooperación entre China y África,  se ha ampliado e intensificado el proceso de inversiones chinas en ese continente.  Desde la perspectiva e intereses de China, se trata de que su rápido crecimiento económico  (10% del PIB  desde 1980 al 2010 y de más del 6% desde entonces hasta la actualidad)  así como la consiguiente expansión de la clase media,  han impulsado una necesidad sin precedentes de recursos. Por lo que  China  estratégicamente invierte en los sectores africanos de petróleo y minerales; extendiéndolas además  a la agricultura, infraestructura, manufactura, telecomunicaciones, etc.

La agresiva presencia de China en África no ha dejado de generar  conflictos, desde el tema del medio ambiente hasta lo que algunos llaman nuevo colonialismo. Más la mayoría de dirigentes políticos de los distintos países africanos  y particularmente sus pueblos  se identifican  y aprueban  lo que está aconteciendo, puesto de manifiesto  en una encuesta del 2016 aplicada a 36 países por Africabarómetro que  arrojó una aprobación favorable de un 63%.

Las inversiones de China en África de cientos de miles de millones de dólares se han  constituido al mismo tiempo  en un gran desafío para  el  sostenimiento de su política de no injerencia;  pues es sabido que la inversión económica requiere de estabilidad política como una de sus principales  garantías. De ahí que un efecto ineludible y muy positivo sería superar  en África el predominio  de dictaduras negadoras de las formas más elementales de la democracia; aunque es cierto que  China tiene un sistema de partido único, no así de  dirigentes únicos pues no sobrepasan los  10 años, lo cual le quita el carácter personal-familiar del autoritarismo.  La realidad política de África de corruptas  dictaduras unipersonales y familiares difícilmente se pueda  sostener por mucho tiempo  en ese contexto. No es casual que China haya inaugurado  hace apenas algunas semanas (1ro de agosto) su primera base militar en el exterior, precisamente en Djibouti en el Cuerno de África.

Si la presencia de China en África con todo y  su complejidad, contribuye a crear las condiciones para que desde los Estados  se impulsen  los factores asociados al Índice de Desarrollo Humano (IDH) y al Índice Global de Competitividad (IGC) tales como educación, salud, desarrollo institucional, eficiencia de los mercados y el entorno macroeconómico,   África de seguro que  dará  en breve plazo un gran salto en su desarrollo  para beneplácito de esos pueblos que por ser tan dignos como otros, lo merecen.

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