Matices para la vida

Inocencia hecha presencia, sabiduría y gratitud

INOCENCIA!

La inocencia es un término que describe la carencia de culpabilidad (i– nocentia, en latín)  En contraste con la palabra ignorancia, la inocencia se toma generalmente como un término positivo, denotando una visión dichosamente positiva del mundo. Cuando esta positividad se hace presencia, entonces afloran la sabiduría y la gratitud como aliadas constantes de la inocencia.

Al nacer, gozamos de la inocencia como regalo y don, al pasar el tiempo la vamos perdiendo como “requisito” de madurez, lo mejor sería que nunca la perdiéramos. Pues en nada tiene que ver  madurez con o sin la inocencia.

Hoy día,  gozar de inocencia es una “ofensa” de la que casi nadie quiere que le acusen, sin embargo, una de la mayor garantía de ganar el cielo, es la inocencia. El reino de Dios es para los que son como ellos, dijo Jesús refiriéndose a los niños, (Mt 19, 13- 15). Ese ganar el cielo, no sólo corresponde al cielo futuro, sino también al presente, ese que tiene que ver con la sabiduría, con la profundidad, con el discernimiento y con la sencillez como estilo de vida.

La inocencia trae  consigo grandes riquezas como son,  la sabiduría, la bondad, la creatividad, capacidad de aventura y riesgo, felicidad, alegría de ser, amor pleno, confianza, ánimo activo, sensibilidad, compartir auténtico, en fin, son tantas cosas, que yo no se, si perder la inocencia para combatir a este mundo y sus garras sea lo mejor que nos pueda pasar. Alguien ha visto a un niño que no sea sabio, inventor, creativo, feliz, a no ser que tenga alguna situación de salud? Es muy difícil encontrarlo, ellos gozan de un espíritu limpio, de una sabiduría sin tacha y su mundo conecta con mayor prontitud con la esencia de las cosas, por eso es muy saludable tener un amigos  de 5 años y de 80 años, guardan buena sabiduría ambos.

Tanta información, emociones encontradas, dolores, frustraciones, temores, nos hacen perder muchas veces la sensibilidad, la esencia, la ternura, la confianza, la cercanía   con  el otro como ser único  y compañero de camino.

Es muy  importante  entonces, retomar un poco de inocencia de nuevo, que en nada tiene que ver con ignorancia, más bien sí,  con ausencia de negatividad, de ansiedad desesperada, de apatía, de fobia, o de actitud de perseguido o  perseguidor, retomar la positividad y la sencillez devolverán a  todos nuestros cuerpos: físico, psíquico y espiritual, la grandeza que siempre poseímos, aquella que nos hace precavidos, prudentes, abiertos, confiados, alegres y trascendentes.

Al reactivar la inocencia,  la gratitud y la sabiduría se entrecruzan y se hacen presencia, liberándonos de egoísmos, injusticias, discriminación y todas esas actitudes que empobrecen y hacen miserable al ser humano, la inocencia nos lleva a las profundidades del ser, allí donde nace la grandeza de lo que somos, humanos en construcción, seres espirituales haciendo una experiencia humana. Y que bien se siente cuando nos comunicamos y nos movemos en la vida desde tal grandeza, pues la sencillez abre campos  que  fluyen  hacia  los signos de bienestar, de belleza y de abundancia.

Hace tanta falta hoy día vivir con estas características, para descontaminarnos un poco de tanto toxico, de tanto odio, de tantas corrientes negativas que inhumanizan  frecuentemente, apelamos a ir allí, al origen y volver a creer, a confiar, a ser lo que por naturaleza estamos llamados,  seres espirituales que viven una experiencia humana. De seguro,  que de convertir esto en estilo de vida, el mundo sería más bonito, más seguro y confiado, justo, pleno y se convertiría en un lugar donde todos anheláramos vivir sin miedo y felices.

Hoy, conecto con la inocencia y su grandeza, con todo aquello que me abre y dispone al bien mayor, a la destreza y al orden. Agradezco los rasgos de inocencia y niñez de mi alma, pido sabiduría, espontaneidad, bondad y todas las ganancias que me regala ser inocente y ser como niña o niño.

Recuerdo hoy a todas las personas que activan en mí,  los lazos de amor, inocencia, sabiduría y esperanza, ellas son parte de mi cielo aquí y ahora, gracias, gracias y gracias.

Ojalá  nos animáramos a vivir tal aventura, ser sabios al conectar con la inocencia.

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